DIA 2. HAMBRE Y FIESTA (21/11/2014)

Los dos pusimos el despertador a las ocho de la mañana y no sonó ninguno, creo que el frío estaba afectando a nuestros teléfonos móviles, porque frío hacía un rato.

No pasamos frío durmiendo porque somos unos maquinotes, pero al levantarnos y quitarnos las mantas de encima… ¡Me cago en la mar! Mi pantalón estaba petrificado y con escarcha. La caravana hacía efecto frigorífico. Y de una caja frigorífica a otra caja, pero ésta más bien era una especie de sauna asquerosa que, con los vapores impregnaba el ambiente. Se trataba de los típicos baños para obreros, esas cajas que ponen en la calle al lado de una obra ¡Pues qué asco! Si mirabas por el agujero del retrete veías todo el agua del tanque marroncita… No me atreví a oler.

Pues nada, debíamos apresurarnos e ir casi corriendo al lugar donde nos proporcionarían el coche y, para ello tomamos el autobús que nos dejaba cerca del lugar. Esta vez no nos perdimos.

El sitio era el garaje de un hotel de calidad y todos nos miraban por encima del hombro al vernos con nuestros macutos descosidos.
La puerta de la oficina estaba cerrada y en ella había un cartel que ponía algo en húngaro que no podíamos comprender, y cuando ya íbamos a llamar a Balazs apareció un tío de dos metros, rapado y con cara de loco. Empezó a hablarnos en su idioma de forma agitada y haciendo gestos por todas partes (y cuando digo “por todas partes”, lo digo todo).
Después me cogió el brazo y me escribió una dirección en él. Acto seguido le sonreímos y empezamos a caminar lentamente hacia atrás hasta desaparecer de su vista.

Estaba comenzando a estar harto de tanto movimiento, pero a mi compañero no parecía importarle, es más, se le veía disfrutar, silbaba y cantaba todo el rato.
Resulta que tal dirección se encontraba a pocos kilómetros del aeropuerto (otra vez para allá) y al bus le costaría llegar, pues un accidente de tráfico justo en el tramo de nuestro destino generó un atasco más grande que los que forma Santa Claus cada vez que va al baño. Tuvimos que salir del autobús y realizar los últimos dos mil metros andando y, es que parecía que alguien no quería que avanzásemos en nuestra empresa.

Resulta que el sitio era un alquiler de coches normal y corriente. Entramos en la oficina y sentado en la silla nos esperaba un hombretón (en este país todos son gigantones) con ganas de darnos las llaves.
El carro molaba un pegote, un Nissan, pero tenía dos fallos que pronto descubrimos. El primero, cada vez que cerrábamos o abríamos empezaba a sonar la alarma. Y el segundo fallo era que no se podía abrir la guantera… Era totalmente imposible, pues lo intentamos de todas las maneras.

DSCN5387
Dos culos muy parecidos, el de Yisus y el del Nissan.

Ya teníamos coche y este llevaba GPS incorporado. Viena nos esperaba y ya llegábamos tarde, pero como a Yisus le encanta conducir y acelerar mientras tanto, pues no había problema.

Las carreteras de los post-magiares son buenas, lo malo es que hay muchos tramos en obras y eso retrasaba aún más nuestra llegada a la capital austriaca y, no solo eso, no sé por qué nos entraban ganas de orinar cada pocos minutos y cada pocos minutos teníamos que ir parando, creemos que fue el agua de manantial que nos dieron en Budapest.

A un poco más de cien kilómetros hicimos una parada larga en la ciudad de Györ, un bonito lugar al noroeste del país donde abundaban las galletas y las jugadoras de balonmano. Y también había niños con cabeza flotante… No sé, es algo que nos llamó bastante la atención.
Paramos para comer, pero no encontrábamos los florines que nos habían sobrado del día anterior, así que no pudimos hacerlo y, el hambre aumentaba. He de decir que a Yisus, cuando le entra “jambre” se convierte en un hombre lobo y eso es lo que ocurrió. Me agarró y me arrastró hasta el coche, abrazó el volante y aceleró.

Györ–¡Quiero comer! –Repetía.

–Bueno, en Viena se paga en Euros. –le dije para tranquilizarle.

–¡Quiero comer!

–Bueno, en Viena….

Estuvimos largo tiempo así, hasta que surgió otro problema ¡Carretera cortada por obras! Y Yisus comenzó a golpearse la cabeza con el volante haciendo sonar el claxon de forma intermitente. Pegó un volantazo y se metió por otra carretera, la M15, que nos llevaba a Bratislava.
Pensé que lo que pretendía era evitar las obras rodeándolas por otras autopistas, pero en realidad su objetivo era llegar a Eslovaquia, a veinte minutos de donde nos encontrábamos, pues allí también manda la moneda europea más famosa.

Entrando en la ciudad nos dimos cuenta de que la gente aparcaba el coche en las aceras y Yisus, hambriento y deseoso de aparcar, no fue menos, Dejó el coche mal puesto en una acera, salió temblando y comenzó a correr por las calles buscando algo para comer.

Yo le seguí, para evitar que mordiera a alguien y aunque le perdí en algún momento le encontré comprando empanadas en una feria muy rara. Era en pleno Centro, había muchos puestos vendiendo comida y bebida, un escenario con eslovacos bailando música tradicional y mazo de gente de todas las nacionalidades bailando y cantando.
Cuando le encontré ya había vuelto a la normalidad y tenía en su mano varios vasos de algo que podría ser té (pero poco a poco fuimos descubriendo que no), tengo vagos recuerdos de lo que pasó a continuación. Bailamos y bailamos con los nativos e incluso me recuerdo en algún momento moviéndome alocadamente desnudo sobre el escenario. Hay fotos del momento con gente del lugar, como con un trabajador del alcantarillado o con el señor de los sombreros.

estatuasPuedo recordar que subimos al castillo de Bratislava e hicimos muchas tonterías allí arriba que sin duda es mejor no contar porque cambiaría la forma que tienes de ver el universo.

Todo fue una verdadera locura. Despertamos en una plaza del pleno centro rodeado de botellas de cerveza. También había dos mendigos durmiendo y un policía muy gordo tirado en el suelo sobre un charco de sangre, posiblemente muerto… Nos desentendimos y nos fuimos yendo al coche, que nos costó encontrar, aunque antes compramos algo para cenar, porque aunque no era pronto tampoco era tarde (serían las diez de la noche) y los kebabs estaban abiertos.

BratislavaCon la resaca que llevábamos creo que acertamos en no conducir hasta Viena en lo que quedaba de día. Decidimos dormir esa noche en el coche y mañana por la mañana temprano llegar a Austria.
No queríamos sobar en plena ciudad, así que llevamos el coche a las afueras de la ciudad, cerca de una urbanización y ahí, ya metidos en los sacos de dormir intentamos dormir… Bueno, yo lo intentaba, mi amigo lo conseguía, pues era poner la cabeza en la almohada y empezaba a roncar a lo “moto sierra”.
Al final el silencio del lugar y el de mi mente se enfrentaron y ganaron al jaleo de mi resaca y al de los ronquidos de mi compañero. Conseguí dormir.

Lo único que puedo decir de Eslovaquia es que, en Bratislava, cuando se acerca la Navidad se montan unas fiestacas para ganarle la partida al frío que te cagas… Vaya la que nos liaron.

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