DIA 4. TÉCNICA ALEXANDER (23/11/2014)

Horrible noche, con dolores de espalda me levanté. A las ocho de la mañana era imposible dormir más y parecía que Yisus tampoco lo conseguía. Luisito despertó al oírnos vestir, estaba modorro y no quería levantarse, así que nos dijo que apuntásemos una dirección, pues ya estábamos preparados para dar el paso y Ajnia de Transilvania nos recibiría encantada. Vamos, que se la sudaba.

Se trataba de una dirección en Praga y debíamos preguntar por Viktor. Luisito se levantó para darnos un abrazo y luego se echó a dormir de nuevo mientras nosotros, entusiasmados por la aventura que estábamos viviendo bajábamos hacia el coche.

Praga se encontraba a unos 300 kilómetros de Viena, así que el trayecto sería largo y tenebroso, más que nada porque las nubes estaban a ras del suelo y podría aparecer un vampiro en cualquier momento.
Nos extrañaba muchísimo no encontrarnos peajes por ninguna parte, ni en las fronteras ni en ningún lado, pero íbamos contentos por ello, pues tampoco teníamos muchos dineros como para derrocharlos en las carreteras europeas.

Como dije antes el camino era largo y pronto le afectó a Yisus (el conductor por naturaleza), que se le iban cerrando los párpados. Le di un chopazo y decidimos cambiar los roles. Yo manejaría mientras él practicaba la siesta del pastor, aunque en realidad yo nunca me dormí de copiloto. Yisus puso la banda sonora mientras yo conducía… con sus ronquidos.

A mitad de trayecto se me ocurrió una cosa que tenía que soltar sí o sí a mi compañero en ese mismo momento, entonces grité como un energúmeno para despertarle y él casi se da con el techo del vehículo.
¡Yisus! Tenemos que hacer una cosa. En este viaje deberemos abofetearnos una vez cada uno”. Le dije, y él no parecía muy por la labor… pero seguí explicando: “Una bofetada con la fuerza y la manera que sea. Una cada uno, pero si se falla el bofetón se pierde la oportunidad”. Ahí pareció más convencido en el asunto. “Solo una cosa, dicho tortazo debe ser grabado en video, si pegas el bofetón y no lo has grabado serás castigado con un collejón. Y también recibirás collejón si al final del viaje no has proporcionado o intentado proporcionar el bofetón”. Pareció conforme. Escribimos en un papel la actividad, las normas y las penalizaciones y firmamos los dos. Lógicamente quien diese primero tenía las de perder, porque el segundo tendría toda la libertad de vengarse y aumentar la fuerza de bofeteo.
Habrá un desenlace para este absurdo trato… lo leeréis (y lo veréis).

Llegamos a Praga, a la dirección que nos dio Luisito. Justo al lado del estadio de fútbol del Sparta Praha (el equipo más importante en República Checa), que se asemeja a cualquier estadio de segunda división en España.

P1110877En el portal nos recibió un hombre bastante bajito que hablaba español, pero este no era Viktor, si no Marko. No sabemos por qué, pero nos dijo que llegábamos tarde. Nos subió a su casa y allí encontramos a su esposa Klara, que también hablaba nuestro idioma, y a un niño de cinco años que jugaba con los LEGO.
Resultó ser que era este niño el tal Viktor por el que debíamos preguntar… Extraño ¿No? La familia checa tenían la comida preparada también para nosotros y encantados nos pusimos a devorar los alimentos: una sopa de cebolla picante y un plato de arroz con maíz y tofu. Estaba todo riquísimo.

–¿Qué hacemos aquí? –Pregunté– ¿Si se puede saber?

–Bueno –empezó a decir Marko–, Luisito nos ha informado de que estáis buscando a la gran Ajnia de Transilvania ¿No es así?

–Sí –asintió Yisus.

–Nosotros dos –dijo refiriéndose a Klara y a él– somos expertos en la Técnica Alexander, una técnica que ayuda a usar el cuerpo correctamente solo con la mente para evitar estrés, dolores y otros problemas surgidos por el mal uso del cuerpo.

Mientras nos explicaba esto empecé a sentirme raro, como muy relajado. El dolor de espalda que me surgió por culpa del tatami estaba desapareciendo y no sé cómo acabamos haciendo ejercicios de respiración y movimientos lentos en las articulaciones. Podía sentir que levitaba, aunque en realidad estaba bien anclado al suelo.
Después de un par de horas haciendo esto me sentía como nuevo y para añadir más libertad a mi cuerpo me fui a duchar, que hacía tres días que no me duchaba y olía a chanchito andino. Yisus hizo lo mismo.

Una vez alimentados, relajados y limpios, Klara nos dijo que debíamos hacer dicha actividad todos los días si queríamos progresar con nuestra misión de la inmortalidad. Era primordial ordenar los músculos de nuestro cuerpo. Después Marko nos obligó a visitar la ciudad, entregándonos un mapa de Praga y mostrándonos lugares interesantes para visitar, incluyendo una cervecería típica y un bar donde quedaríamos con él sobre las ocho de la tarde para ver un concierto.

Perfecto. Salimos contentos y medio flotando hacia el casco antiguo de la ciudad. Primero pasamos por un cerro grandecito llamado Letenské Sady, que llevaba a un mirador, donde encontramos un gigantesco metrónomo y unas vistas bonitas de la ciudad. Bajamos la colina y cruzamos el puente cercano. Ya estábamos en el Centro de la ciudad y siguiendo un poco la calle llegamos a la plaza de la ciudad vieja (Staromestske Namesti) y en ella encontramos a los del Free Tour, que se dedican a hacer tours supuestamente gratuitos en muchas ciudades europeas, pero luego te piden propina y ganan mucho más de lo que cobrarían en un tour con precios fijos… Está bien pensado. En esta plaza también se concentraban unas treinta o cuarenta personas para protestar por la horrible situación en Ucrania. Y además de los manifestantes y los del Free Tour, podíamos ver la iglesia de Tyn, el Reloj de Praga, un monumento a Juan Hus y no me acuerdo qué más.

PragaLa moneda checa en 2014 es el Forinto, así que había que cambiar para poder visitar las tabernas de Praga, porque los dos queríamos probar las cervezas de la ciudad y Yisus quería comer goulash… Estaba pesaete con eso.
Bueno, como tontunos que somos nos metimos en el primer establecimiento de intercambio de moneda que vimos y como tontunos más tontos aún que fuimos no leímos el cartel que decía como estaba el cambio. Entre los dos cambiamos veinte euros y nos dieron unas 330 coronas. Nos quedamos un poco rayaos e hicimos la conversión con una aplicación del móvil y descubrimos que nos timaron, pues en el cambio nos habían quitado unos ocho euros. Volvimos para reclamar nuestro dinero pero el tío señalaba la firma (porque había firmado el cambio, como gilipollas que soy) y no nos lo iba a dar. Yisus se puso como un rottweiler y comenzó a ladrar insultos hispanos al trabajador… Como comprenderéis le tuve que sacar y nos tuvimos que joder por la pérdida de los ocho euros.

Intentamos dejar de pensar en ello y fuimos a ver más cosas de la ciudad, como el Puente de Carlos, quizás lo más famoso de Praga, que cruza el río Moldava (Vltava para los checos) y une la ciudad vieja con el lado oeste, donde está el castillo. La torre gótica situada al principio, en el lado de la ciudad vieja es impresionante, sobre todo si lo planea un drone con cámara, pues eso es lo que vimos y era espectacular.

Cruzar el puente es entretenido, pues además de tener que ir apartando turistas de la jeta (siempre desde el punto de vista de otro turista), también se puede disfrutar de las vistas, de las esculturas, de los músicos, pintores, artesanos o cualquier tipo de artista. En fin, mola el Puente de Carlos.

Puente CarlosVimos alguna cosilla más y sin pensarlo nos metimos en el bar típico que nos recomendó la familia. Se llamaba U. Rudolfina y ahí nos empezamos a hinchar a jarras de cerveza para olvidar los euros que nos habían robado unas pocas horas antes, lo que no tiene mucho sentido, porque para olvidar que nos han quitado dinero nos gastamos más dinero.
No importa, porque la cerveza estaba muy buena, y digo yo que será por eso que los checos son el pueblo que más cerveza consume al año por habitante.

20141123_163411Después de varias jarras salimos y ya era de noche, pero no penséis mal, no estuvimos tanto tiempo dentro, es que en estos países y en esta época el cielo se pone oscuro a las cuatro y media de la tarde. Es algo muy triste que, no tiene solución.
Y visitamos el viejo cementerio judío para ver si veíamos al fantasma de Kafka con forma de cucaracha, pero no hubo suerte (en realidad no está enterrado en el viejo cementerio judío).

Empezamos a caminar en zigzag hacia el distrito tercero, pues queríamos ver el Monumento Nacional de Vítkov, un parque en una colina con museo y una enorme escultura de Jan Zizka a lomos de su caballo (la escultura del caballo más grande de Europa), donde se podía ver gran parte de Praga. Hermoso lugar. Hacía frío, pero me habría quedado allí, junto al estratega checo toda la noche, pero era imposible, pues llegaba la hora de asistir a un concierto junto a Marko.

CaballoEn el sótano del bar (llamado Saturnin) era el concierto y allí estaba Marko. Se acercó y muy bajito nos dijo: “Recordad muchachos, la mente controla el cuerpo. Debéis ver el concierto de pie y conseguir no cansaros ni un cacho”. Pues bueno, a mí me la suda, muchas veces para ir a trabajar paso más de una hora de pie en el metro, estoy acostumbrado. Pero el listo del Marko nos dijo eso y luego se sentó ¡Qué cabroncete! Él si puede, pero nosotros nos tenemos que joder ¿No?

El concierto era raro, música tántrica, insufrible, eso era peor que estar dos horas de pie, pero había gente que lo vivía y se lo pasaba cojonudamente… No puedo decir lo mismo de mí y de mi compañero, pero aguantamos.

Al finalizar el concierto Marko, en bajito y con pocas palabras como siempre, nos dijo “vámonos a casa españolitos”, y nosotros obedecimos.

P1110962Tomamos el tranvía que nos llevaba directo y los veinte minutos de trayecto los pasamos en completo silencio, porque nosotros estábamos agotaos y él no era de hablar mucho. Solo nos dijo que en cuanto llegásemos a su casa debíamos acostarnos y mañana despertar a las siete de la mañana.
No preguntamos el “por qué”, pero le hicimos caso en todo, en cuanto llegamos nos tiramos en un colchón que nos habían preparado para nosotros y todo lo demás se volvió oscuro y caluroso, como tu ojete.

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