2. Reventados, pero mamados

Rudolf parecía un monstruo del infierno cuando llegamos a la capital Alemana, con los ojos ultra rojos, el pelo despeinado, la boca desencajada, el pito fuera… en definitiva, estaba jodido, y posiblemente mi aspecto fuese muy parecido, pues esas tres horas durmiendo malamente en el avión habían acentuado nuestro cansancio.

Sin ni siquiera hablar entre nosotros llegamos a la estación de S-Bahn (similar al Cercanías hispano, trenes para largas distancias y periferia). Nuestra intención era comprar los billetes del tren, de verdad, os lo juro… de verdad, pero es que el tren estaba ahí y se iba a ir sin nosotros, no podíamos entretenernos para discutir con la maquinita de los tickets. De verdad, de verdad de la buena.

Una hora de recorrido hasta el barrio de Lena (la chica “Couch”), en la parada del U-Bahn (Metro) llamada Bismarck, como ese tío tan majo que empezó a juntar cachitos de Europa Central hasta convertirlo todo en un país próspero y problemático a la vez.
Una hora de recorrido con los timbales en la garganta, pues esa fama que rodea a los alemanes sobre la seriedad en cuanto a la convivencia formal y capitalista se refiere sobrevolaba nuestras chavetas… no nos apetecía mucho que nos pillasen los revisores del metro… tuvimos suerte, no ocurrió, a pesar de que TÚ, mientras lees esto, deseabas que ocurriese, pero espera y leerás, tal vez te lleves una grata sorpresa más adelante.

No nos perdimos en el metro, no nos perdimos en la calle buscando la casa de Lena, pero sí nos perdimos dentro del edificio. El bloque daba a un patio interior que contenía varias puertas de portal y solo una era la correcta, las demás contenían leones hambrientos y por ello estuvimos dando vueltas al dichoso patio interior hasta que Lena se asomó por su ventana y nos indicó desde arriba, mientras se partía la caja.
Una vez encontrados y ya dentro del apartamento junto a nuestra anfitriona salvadora nos presentamos y dejamos los macutos. Ella, como un ángel caído del espacio, nos había preparado un abundante desayuno que agradecimos de todas las formas posibles, menos de una… ¡Ah, no! De todas, al final de todas.

¿Cómo describir a Lena sin que se ofenda? Pues de cualquier forma, pues solo tengo buenas palabras para ella… lo haré en alemán, que mola más. Lena ist eine erstaunliche Mädchen. Sie ist Impatica, nachdenklich, intelligent, schön, lustig, humorvoll, großzügig… und wahrscheinlich noch mehr.
A primera vista ya radiaba confianza plena con su camiseta hortera y eso nos ayudó mucho para comportarnos como realmente somos, unos cafres divertidos, aunque en ese momento, cansados, muy cansados.

SEISLo primero que hicimos fue ir al Súper los tres para comprar víveres, que al día siguiente era domingo y por muy alemanes que sean el domingo es el día del Señor (en latín Domini = Señor/Dios), al igual que en inglés es “Sunday” y en alemán “Sonntag”, y significa día del Sol (Sol = Dios, en multitud de culturas)… vamos, que el domingo es el día de tocarse los cocobongos. ¡Gracias Dios! ¡Gracias por existir!
Compramos pasta, fruta, chocolate malo, papas y unas cervezas recomendadas por nuestra anfitriona, pues ella no era de Berlín, sino de Núremberg, en Baviera, y su cuerpo solo aceptaba “bier” de su región. En realidad hizo un buen trabajo recomendándonos la birra, aunque cualquiera nos hubiese molado si las comparamos con las que tenemos en Espanya.

Bueno, la comida era para el domingo que no abrían nada, pero este sábado estábamos demasiado cansados para cocinar, así que Rudolf y yo salimos a comernos un “Döner Kebab”, que todo el mundo sabe que estos establecimientos invadieron las ciudades de Alemania o, debería decir ¡TURKIMANIA! Bueno, sea lo que sea esta opción de comida rápida ha triunfado entre los alemanes y en gran parte de Europa (por no decir en toda… ¡Ops! He dicho “por-no”).
El Kebab muy rico, yo de falafel y mi amigo de sangre, como a él le mola, más un refresco de cola para bajar el alimento… agua no que allí te la dan con gas y eso es una mierda (lo siento alemanes y otros pueblos que tomáis agua con gas, pero eso es una mierda).

Después de comer compramos desayuno para el día siguiente: unas bolas dulces muy ricas que su sabor nos recordaba al típico churro que mojas en el chocolate caliente; cruasanes y otros bollos chocolateados. También había lacitos salados alemanes (pretzels), pero ya nos lo había dado Lena para probar y a Rudolf no le gustaban mucho.
Luego mi amigo se metió en una vinoteca italiana, quería un vinito para por la noche, pero fue ver los precios y salió escopetado al supermercado a comprar una botellita de vino blanco más asequible a nuestro bolsillo.

Ya en la casa dimos a conocer a nuestra anfitriona nuestro pésimo estado de energía, si no sobábamos no íbamos a rendir durante el resto del día, así que acrecentamos el tópico (o la realidad) de la siesta española.
Yo dormí una hora y me levanté más zombi. Nunca duermo siesta, pero cuando la hago me revienta la vida. Rudolf sobó dos horitas y según dice le sentó de maravilla.

¡Qué día más raro! no sé qué hora sería (creo que las 18:00) cuando decidimos marchar a turistear por vez primera. Lena nos acompañaría y a lo primero que nos llevó fue a la East-Side Gallery.
Esta vez pagamos el metro, un sencillo que costaba dos euros con sesenta céntimos (creo recordar), así fuimos más tranquilos y Lena no nos miraría mal. La parada de U-Bahn y S-Banh para visitar este trozo de Muro es Warschauer Straße y a pocos metros tenemos la Galería de arte de casi un kilómetro y medio de longitud, a lo largo del río Spree, donde puedes encontrar algún bar-restaurante y tiendas de suvenires (en estas tiendas venden piedras pintadas como si fueran trocitos del muro… ¿Me lo trago? Pues va a ser que no). El muro está dividido en más de un centenar de murales de diferentes artistas, aquí algunas imágenes:

TRESDespués de ver todos los grafitis que tapaban cada mural y de asustar a algún turista que otro con nuestras caras deformadas decidimos volver por donde habíamos venido, pues cerca de la estación de Warschauer hay un espacio con bastante ambiente juvenil y alternativo, tranquilizador y melodramático a la vez, un buen sitio para cervecear por primera vez.
Compramos varios tercios de distintas cervezas, siempre asesorados por nuestra nueva amiga Lena, y nos bebimos las birras en este lugar, que no puedo daros el nombre porque no me lo sé, a pesar de que lo he buscado. Había varios bares y garitos, todos la mar de raros y encantadores, nos revisaron la mochila para entrar en ellos. Un rocódromo gigante y también había una exposición de fotografía, pero tenías que estar apuntado en la lista para entrar, así que “nanai”. Los baños eran muy peculiares, no había baldosa libre de pintadas o frases originales, aquí algún ejemplo… y también una pegata que muestra el calvario que sufre el/la español/a cuando decide dejar su tierra por una vida “mejor” en la Alemania próspera.

CUATROSe nos hizo de noche en esta plaza tan guay y nos entró el hambre enseguida. Nos dimos un garbeo por los diferentes puestos que rodeaban el lugar para elegir a nuestra presa… Rudolf optó por un cubo de cartón que contenía patatas fritas, y carne (creo que salchichas), Lena y yo nos compramos unas samosas hermosas muy calentitas y picantes. Para bajar esto a la despensa de nuestro cuerpo tomamos más cervezas, y al final ya os podéis imaginar como de contenta podía estar la azotea de nuestro cuerpo.

Ya estábamos saliendo de este lugar cuando ¡Akmnch! Sí amigos y amigas, es lo que imagináis, empezó a llover sin parar, aunque de forma suave, suave como el ojete de Falete.
Decidimos irnos ya para el apartamento de nuestra amiga, aunque Rudolf tenía ganas de discotekeo. Se ve que esa hora de siesta de más le rejuveneció enterito, porque a mí se me caían los parpados.
De camino a casa Lena nos metió en una máquina de fotografía pública, más conocida como fotomatón (al menos en mi ciudad), porque quería hacer unas fotos de recuerdo algo peculiares… aquí la prueba:

CINCOUna vez en la casa nos tiramos los tres en el sofá-cama y con un ligero sonido de fondo (música muy, muy, muy bajita, pues los alemanes son muy silenciosos… hasta que se cabrean) nos pusimos a ver vídeos de Wolfgang Maier (si no sabéis quien es pinchar en el nombre) para caldear el ambiente. Mientras tanto nos acompañaban unos tercios de más cerveza y ese vino blanco del que os hablé antes… ¿Reventados? Sí, pero mamados.
Lo que sigue es mejor que no lo escriba, porque entran cosas muy turbias que pueden destruir el ingenuo cerebro de cualquier hijo de Dios. Solo diré que me fui a la cama a eso de las cuatro de la madrugada, y Rudolf más tarde. Ahí lo dejo… Badabadumbabum!!!

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