1. SOFOCANTE PREPARACIÓN

El agobio, la angustia, la preocupación, la fatiga, la desesperación…, el sofoco del viaje a la India empieza antes del viaje. Muchas cosas son las que hay que tener en cuenta para hacer bien las cuentas, no es como un viaje a Portugal, que con un poco de información preliminar vale. No, tu viaje a la India puede ser impedido por muchos factores de los cuales no eres consciente hasta que te pones a preparar el viaje a este país… En ocasiones dan hasta ganas de echarse atrás ¿Qué factores malditos son esos que no hacen más que tocar los corazones? Bueno, los nombro y luego los explico:

El visado, las vacunas, el “qué llevar”, el clima, los dineros, la comida y el agua, la mierda pura, las vacas, la pobreza, el miedo a lo diferente… Son muchos factores, pero ahora solo hablaré de los tres primeros, a ver si te pueden ayudar en tu preparación.

EL VISADO. Sin esto, ni siquiera podrás embarcarte en el avión… -¡Chaval!-, te dirá la que te factura las maletas. -¿Dónde está tu visado?-. Entonces tú dirás -¿Qué mierdas me dices? ¿Qué visado?- Y ella se reirá de ti sin disimulo alguno, y te verá llorar mientras te das media vuelta con tu maleta.
En esta página te puedes informar y conseguir la hoja que debes rellenar para que te concedan el visado: http://www.indiavisados.com/index2.php?lang=1&pag=inicio pero te adelantaré alguna cosilla.

• Hay varios tipos de visado, elige el que más te mole.
• El pasaporte tiene que tener al menos tres meses de validez desde que solicitas el visado, si vas como turista.
• La creación del visado turista te va a costar unos 60 euros, ya los puedes ir restando a tu presupuesto.
• Si una vez en la India te apetece visitar algún país cercano y luego volver… Amigo mío, necesitarás un visado especial que seguramente te costará más dinerito.
• Da igual lo guapo que salgas en la foto que entregues para tu visado, saldrás feo, como en todos los carnets existentes en este planeta.
• El visado es algo que miran en todas partes, en el aeropuerto, en los hoteles, hostales, camping, cobertizos, o donde leches te vayas a dejar caer, y también en algunas visitas a lugares guays… Sin visado no eres nadie en la India.
• Que lleves bigote, sombrero y un traje elegante a entregar los papeles no te garantiza que te vayan a dar el permiso así por la cara.

LAS VACUNAS. No te obligan, pero te recomiendan seis o siete, nosotros escogimos dos porque no somos avariciosos, la de la hepatitis (A o B, no me acuerdo muy bien… Me ha dejado idiota), y la de la fiebre tifoidea. Las otras recomendadas son la del tétanos, la rabia, la malaria, la fiebre amarilla y la polio.
Como estas vacunas hay que metérselas para el cuerpo con antelación al viaje y nosotros somos unos dejaos, pues no nos dio tiempo a ir a nuestro médico para pedir cita, así que nos compramos las dos vacunas (hepatitis A (o B) y el tifus) en la farmacia (60 euros más que restar al presupuesto). La primera, por vía intravenosa, nos la puso una enfermera clandestina de forma gratuita, como consecuencia se me durmió el brazo durante tres días, pero mereció la pena. La tifoidea es vía oral, tres pastillas con margen de dos días cada una… Esta es jodida, yo me sentí débil y estúpido durante una semana, y a otros dos les visitaron las náuseas y los vómitos.

La India es un país de enfermos y lisiados, no quieras acabar como ellos. Las precauciones son pocas, pero yo entiendo que haya gente que le guste el riesgo, y aunque no sea así, es casi imposible ser cien por cien precavido… Échate espray anti mosquitos en todo momento, duerme con mosquitera, ni mires el agua de allí, que no te muerdan los monos, los perros, los murciélagos, los indios, las ratas, no te hagas una herida, no te comas eso, no toques nada… Como ves es imposible estar a salvo, así que disfruta del viaje (si eres un paranoico hipocondriaco no viajes a la India, o mejor, no salgas de tu casa).

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¿QUÉ LLEVAR? Bien explicado y por partes. Maleta, macuto, mochila, bolsa… yo y mis compañeros elegimos el macuto, más que nada por el tipo de viaje que queríamos realizar, así que este objeto será el primero de la lista. El macuto, algunos dicen que pequeño mejor, otras los prefieren grandes, pues yo llevé uno de 70 litros, muy grande ¿Y eso es necesario? No tiene por qué. Yo llevé uno muy grande porque es el que tenía, mis otros tres compañeros llevaron unos macutos de 50, 45 y 20, claro está que los muy cerdos aprovecharon mi capacidad sobrante para meter sus compras y sus antojos.
Si te vas a mover mucho con el macuto será mejor que lleves uno pequeño, porque lo que tienes que llevar desde tu país no va a ocupar gran cantidad, y al final del viaje lo agradecerás. Eso sí, no te líes a hacer compras, porque entonces tendrás que facturar una maleta más a la vuelta.

Después del macuto hay que pensar en la ropa, por lo menos yo, no me mola enseñar el culo, no quiero que vean mis manchas de nacimiento
¿Qué ropa y cuánta? Bueno, no empieces a meter ropa para todos los días porque mueres (a no ser que vayas solo cinco días). Unas sandalias (obligatorio), unas deportivas (opcional), echa tres camisetas, dos pantalones (uno largo, por favor), un bañador, tres calzoncillitos/braguitas/tanguitas o un mix de cada, calcetines… Si quieres echa un par de pares, aunque luego irás con sandalias a todas partes, una toalla (que no se te olvide), una gorra/pañuelo, una sudadera (pequeña y fina, sobre todo si vas en los meses calurosos), un chubasquero (imprescindible en la época del monzón) y riñonera/bolso, del tipo que más te guste, pero yo no la llevé y lo pasé mal.
Y todo esto lo tendrás que ir lavando cada vez que tengas oportunidad. Ten en cuenta que habrá días que no te duches, como cuando pases dos días encerrado en un tren, o como cuando te dé más asco ducharte que no hacerlo, porque a veces, en la India, da asco ducharse. También puedes comprarte más ropa allí si necesitas algo más, es barata y tienen cosas que son molonas.

Bien colega, ahora hablaré del botiquín ¿Qué llevamos nosotros? Tiritas, betadine, ibuprofeno, paracetamol, espidifen, after bite, aftersun, vendas, suero, esparadrapo… Seguro que algo más, pero no me acuerdo.

Cosas muy importantes:

Cuerda. Para tender la ropa o para atar cualquier mierda que te esté dando problemas.
Tapones para los oídos. La India es ruido y suciedad, no querrás que las cucarachas gigantes encuentren un nuevo hogar en tu cerebro ¿Verdad?
Linterna. A veces te invadirá la oscuridad… Y si tu aparato luminoso es de pilas llévatelas.
Candado. Para cerrar tu macuto/maleta o los cajones, armarios y puertas que quieran proteger tus cosas a lo largo del camino.
Fotos de carnet ¿Para qué? A veces te lo piden. Si tienes pensado hacer un vuelo interno, si quieres dárselo a algún nativo que te guste o por ejemplo, por si quieres comprar una tarjeta para tu teléfono y así contactar con tu familia, para esto último lo usé yo.
Corta-uñas. No quieras convertirte en Manostijeras, ni siquiera allí está de moda.
Repele-mosquitos. Son grandes y malvados, irán directos a los tobillos.
Gafas de sol. Sí amigo, allí pega el sol y hace calor.
Imperdibles. Pueden solucionarte una rotura de cremallera. Los indios se fijan absolutamente en todo, si tienes la bragueta abierta por culpa de una rotura se enterarán… No querrás ser el hazmerreír de toda la India ¿Verdad?
Papel para el pandero. Allí no lo usan, ellos prefieren el chorro de agua y la mano izquierda, pero aun así lo venden, aunque no en todos los sitios.
Carnets y pasaporte. El pasaporte lo usarás cada día. Si te da por alquilar algún vehículo (Dios no lo quiera), necesitarás el carnet de conducir. El papel de tu seguro de viajes, si es que te has comprado uno.
Móvil. Aunque sea del año de Cleopatra.

Cosas importantes, sin más:

Pinzas de la ropa. Que el viento no haga volar tu ropa por las calles de Delhi, pues no la recuperarás.
Cepillo de dientes. A no ser que seas un asqueroso mellado.
Pasta de dientes. A no ser que seas un asqueroso mellado.
Cubiertos. Puede que los necesites en algún momento, o puede que no.
Navaja. En realidad no es importante para la India, la gente no es hostil, y apenas existe la carne, pero este objeto siempre mola llevarlo.
Mechero. El fuego mola, nadie puede negar esto.
Almohada. Ya sea para el avión o para los asquerosos hostales que crucen tus noches.
Una sábana. Nosotros llevamos una especie de sábana-saco que no ocupaba nada en la que nos metíamos para no tocar nada a nuestro alrededor.

Otras cosas:

Batería portable para móvil. Los enchufes no siempre funcionan o no siempre hay.
Alargador. Como ya he dicho, los enchufes escasean, si tienes muchas cosas que cargar o sois varios… Este aparato os alargará la alegría.
Crema solar. Esto lo tendría que haber puesto en importante, pero ahora no me apetece cambiarlo.
Desodorante. Aunque a los tres días te importará poco oler a rayos.
Toallitas. Sí amigo, las toallitas a veces sustituirán a la ducha.
Jabón. Con jabón lagarto podrás lavarte tú y lavar tu ropa.
Mochilita. Viene muy bien, sobre todo si cabe en ella una botella de agua.
Mosquitera. Nosotros llevamos, pero nunca la utilizamos porque no había donde colgarla… Tú elijes.
Cámara de fotos. Querrás fotografiar todo.
Cuaderno y boli. Es algo que te puedes comprar allí fácilmente. El boli puede ser hasta necesario.
Algo de entretenimiento. Como pueden ser unas cartas, un libro, un balón de futbol, una bicicleta… Creo que me estoy yendo de madre.

No creo que tengas todo esto en casa, muchas cosas tendrás que comprarlas y entonces, tu presupuesto seguirá bajando ¡Jua ja ja!
Espero que te haya gustado mi lista, la he hecho para ti, porque me caes bien y porque sé que puede llegar a ser un problema si se viaja mañana y aún no se tiene hecha la maleta.
Si se te ocurre algo más que poner me lo cuentas. Otra cosa es que te haga caso…


A. EL DESPEGUE ES OPCIONAL, EL ATERRIZAJE OBLIGATORIO

El día 4 de Agosto de 2015 nos movimos hasta el aeropuerto para tomar un avión hacia Dusseldorf ¿Pero no era a la India? Te preguntarás ¡Qué sí! Déjame terminar.
No existen vuelos directos desde España hasta India, al menos no para los turistillas, y a nosotros, ya sea por el precio del billete o por la cara de idioteros que tenemos nos tocó comernos dos escalas, o lo que es lo mismo, tres vuelos hasta llegar a nuestro destino. Estas escalas fueron en Dusseldorf (Alemania) y Abu Dabi (Emiratos Árabes Unidos).

El primer vuelo duró dos horas y media en un avión pequeñajo típico de los vuelos cortos y sin nada especial, bueno, a medio trayecto te daban unas papas y un zumito, y en una tele común te ponían un capítulo de Big Bang Theory que podías elegir si verlo en inglés o en alemán… Yo preferí escuchar la radio.
Total, que a las cuatro de la tarde llegamos a la ciudad germana y como teníamos cuatro horas de espera hasta el siguiente vuelo decidimos salir y comernos un asqueroso kebab de falafel picante, para ir preparando el cuerpo de esta especia incendiaria. No solo nos pusimos gordos, también realizamos una visita exprés al casco viejuno de la ciudad. No tiene mucho que ver, un par de plazas bonitas, el río Rin, un canal en obras y una torre de televisión más bien fea.
Pues nada tron, enseguida estábamos en el autobús de vuelta, para embarcarnos en el siguiente vuelo, el más lago de los tres, pero antes había que pasar duras medidas de seguridad basadas en la foto de tu pasaporte, en el origen de tus apellidos, en el peso de tus ovarios y en el número de dientes rotos… Conseguimos pasar todas las eliminatorias llegando a la gran final.

Segundo vuelo, duro y maduro, nueve horas locas en ese avión, eso sí, como medio de transporte no tiene nada que envidiar, era un señor avión de viajes largos, ya sabéis de lo que hablo: ordenador personal con pelis, series, juegos, música, porno… Y más espacio para nuestras piernas, aunque no la suficiente, nunca es la suficiente.
Al final se hacen horribles esos viajes, porque duermes lo mínimo y muy malamente, además hace un frío que te cagas en las bragas, y la manta que te dan no puede combatir con ese frío del firmamento (esa manta del avión nos la quedamos y luego nos vino muy bien).

Llegamos a los Emiratos Árabes a las seis y media de la mañana y estuvimos más de media hora para salir, menudo rollo. Luego cambiamos dinerillo en el aeropuerto y nos pasamos diez pueblos… Cambiamos veinte euros cada uno porque nos decían que tomar un taxi hasta el centro de la ciudad y volver nos iba a costar eso ¡Mentira todo! Es más, hay un autobús en la puerta que no cuesta casi na.
Espantoso calor, inimaginable, a no ser que te encierres en el infierno. No he sentido ese calor en mi vida, lo juro. Eran las siete de la mañana y la temperatura cocía los cuarenta grados, y nos decían que por la tarde superaba los cincuenta ¿Cómo puede sobrevivir allí la vida? ¿Cómo puede alguien llevar encima un chador afgano? ¿Cómo pueden no arder las palmeras? No hay explicación. A mí, que me gustan todos los sitios a donde voy, que siempre me quedo con lo bueno… En ese crematorio no encontré nada bueno: El cielo rojo era rascado por feos y brillantes monstruos, cada uno de una forma diferente y en una gran cantidad de estos se podían ver varios esclavos colgando, obreros de Bangladesh, por ejemplo. Los centros comerciales te asaltaban en cada esquina y su única persuasión era el aire acondicionado, irresistible magia en ese lugar. Carteles digitales por todos lados que anunciaban resorts, campos de golf, atracciones acuáticas, espectáculos de la F1… Todo lo que parecía imposible en aquel lugar.

Nosotros, lo único que pudimos hacer cuando el autobús nos tiró en medio del desierto edificado fue meternos en un centro comercial para tomarnos un cafelito y luego visitar la “playa” atravesando a grandes zancadas una autopista. Fue dolorosa aquella aventura. Después tomamos un taxi (mucho más barato de lo que nos habían dicho) que nos llevaría al aeropuerto, aunque con una parada entre medias, para ver la gran mezquita Sheikh Zayed, impresionante obra de arte, lo mejor, pero casi no teníamos tiempo ni para tomar una foto, así que nada, cinco horas en Abu Dabi y de nuevo en el aeropuerto, y otro tremendo control anti-personas (en la foto, las dos de arriba Dusseldorf, las dos de abajo Abu Dhabi).

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El tercer y último vuelo fue igual de horrible que el anterior, por culpa del cansancio. Eran unas cuatro o cinco horas, el avión era bueno y las azafatas también, una de ellas, española, enamoró a Anderson con sus regalitos, porque nos hicieron regalitos: agua, tiritas, bombones y papel higiénico. Ellas más que nadie sabían lo mal que lo íbamos a pasar en India en algunos aspectos. Gracias a estas chicas el vuelo fue más agradable.

Por fin, más de veinticuatro horas después de despegar los pies del suelo en Madrid llegamos a nuestro destino final ¡Buenas tardes Delhi! Eso es, las siete de la tarde y una hora más que tuvimos que dedicar a esperar el equipaje y recolocar macutos. Empezaba la fiesta.

Los dírhams de los Emiratos que nos sobraron los recambiamos a rupias indias, y esa cantidad nos tenía que dar para el transporte, la cena y el hotel por lo menos. El Metro parecía la mejor opción, por precio y seguridad, sobre todo porque, muy a pesar nuestro, en la entrada del metro te vuelven a cachear y a pasar por un arco, a ti y a tu maleta (estábamos muy hasta la soya de las medidas de seguridad… Yo estaba cabreado).
Delhi es el ‘Territorio Capital Nacional’ de la India, y Nueva Delhi es una mega ciudad de más de veinticinco millones de habitantes, la quinta del mundo y la primera del país (en 2015. Este ranking cambia contantemente). Extensa la ciudad, extensa la red de metro. Desde el aeropuerto fuimos a parar a la estación New Delhi, allí pillaríamos nuestro primer tuk-tuk, un vehículo típico de la India que hace el trabajo barato de los taxis. Son triciclos motorizados, la parte de delante de una moto enganchando un carro de dos ruedas con tejadillo.

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Mientras negociábamos el precio de la carrera pudimos presenciar una pequeña disputa entre indios, resolviendo sus conflictos mediante tortazos limpios… Bonito recibimiento, no sabíamos que pensar, pero cierto es que esa fue la primera y la última pelea/bronca que vimos en el país.

Bueno, en un tuk-tuk de cuatro personas íbamos cinco con grandes macutos, yo tuve que ir junto al conductor, para catar mejor sus alerones y ver las locuras del hombre al volante, que se empezó a meter por los entresijos del Main Bazar, unos zocos locos en medio de todo el tinglao de la ciudad, con muchos hoteluchos y restaurantes.
El conductor nos llevó a uno de estos hoteles de mala muerte y el precio se podría decir que era elevado (el conductor se llevaba comisión, ya sabéis), así que nos metimos en otro que estaba a cinco metros. No me acuerdo del precio, pero aceptamos rápido, estábamos cansados y aún no sabíamos los precios estándar, pero lo que está claro es que salimos perdiendo. La pocilga (lo llamaré así, no puedo llamarlo hotel) era la mayor mierda que puede caber en vuestra imaginación. Macro-asco, pero estábamos cansados y no fluían bien nuestras cabezas, así que aceptamos.

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Ya nos había timao el del tuk-tuk y el de la pocilga, faltaba una tercera meada en la cara para irnos calentitos a la cama, que era lo que más deseábamos en esos momentos. Pues eso, en la cena también nos clavaron el aguijón de bienvenida ¡This is India!
Ya está, nos metimos con la cabeza agachada en la pocilga e hicimos el ritual que se repetiría casi todos los días por aquel territorio. Envolver la almohada y parte del colchón con la manta del avión, poner el ventilador y/o aire acondicionado, embadurnarse con un espray anti-mosquitos, lavarnos los dientes con agua embotellada, intentar cagar con diferentes resultados, ver si algún enchufe funciona y si es así disputárselo entre los cuatro, y por fin meternos en nuestra sábana-saco e intentar no moverte en toda la noche para no tocar el exterior. “Buenas noches” nos dijimos algo asustados.

Dormimos bien y profundamente, no quedaba otra. Salimos pronto de la pocilga y dejando los macutos ahí nos fuimos a cambiar nuestros eurazos por rupias, cada uno cambiamos 400 euros ¡Error! Pero somos unos ilusos y estamos orgullosos de ello.
Después comenzó nuestro paseo por el bazar, mirando tiendas de todas las cosas que existen en el mundo en estos momentos. Pamela se compró una pashmina, Andersen un test de embarazo y yo un gorrocóptero… de Doraemon, porque a los indios les encanta Doraemon, tienen todos los artículos con el dibujo de este personaje estampado.
En nuestro paseo flipábamos en colores, los colores de la India. Ya habíamos visto nuestra primera vaca, nuestros primeros niños en la miseria, nuestra primera imagen de Shiva, y como no, nuestro primer amigo. Se trataba de Pilota, un ser muy particular que hablaba bastante bien el español, enseguida se ganó nuestra confianza y cuando le dijimos que nuestro destino era la estación de tren (pues queríamos comprar los billetes a Bikaner para esa misma noche) él nos dijo que íbamos a caminar en vano, pues en la estación de tren no se compran los billetes, y la única manera sería por internet ¡Pero nosotros no teníamos de eso! Así que nos llevó a una agencia de turismo donde nos los sacarían al momento (o eso creíamos).
Lo que debería haber sido algo de diez minutos tirando pa’ lo largo, se convirtió en una encerrona de más de una hora, pues ya sabéis, el pájaro Pilota trabajaba en dicha agencia captando turistas agilipollados como nosotros.
La reunión se centraba en ¿Cuál es vuestro presupuesto para el itinerario que queréis hacer para ver si podemos añadiros un coche con chófer? Fuimos barajando varios precios y valorando si salía más o menos rentable y al final elegimos un itinerario híbrido, mitad del viaje en carro, mitad en tren, creemos que de esta forma ganábamos en comodidad a un precio similar al que gastaríamos por nuestra cuenta (o no, nunca lo sabremos). Lo que sí es cierto es que tuvimos que aumentar nuestro presupuesto, porque si no nos íbamos a quedar pelaos con nuestros 400 euros de mierda.

Ahora os presentaré a un personajo que nos acompañó en la primera parte del viaje, nuestro chófer. Kamal es su nombre, con bigote, moreno, delgaducho y bajito (como casi todos los indios, pero este aún más bajito), de unos 40 años, casado y con dos hijos, hindú, vegetariano, cabezota (no físicamente), con un inglés aceptable, aunque algo inteligible y aparte era poco hablador. Su trabajo era sencillo, llevarnos a las ciudades del itinerario y en cada una realizar un tour por las zonas más emblemáticas. Debía estar totalmente a nuestra disposición y si por ejemplo, nosotros decidíamos quedarnos un día más en alguna ciudad él debía acatar la decisión… ¡Cómo un maldito esclavo! Pero aceptando sus consejos de nativo, por supuesto.

Ni siquiera nos dio tiempo a hablar sobre lo que acabábamos de comprar porque Kamal nos hizo una señal de ¡Venga coño, qué es gerundio! Y eso hicimos, nos metimos en el coche (un turismo pasado varias veces de rosca, allí es lo que se lleva, les chifla lo retro) y recogimos nuestros macutos de la pocilga, pues abandonábamos Delhi pocas horas después de nuestra llegada. Destino Bikaner, a 450 km, los cuatro sabíamos que iba a ser un camino largo, pero más largo fue. Salimos sobre las once de la mañana y llegamos a las once de la noche ¿Por qué? Bueno, ya hablaremos de las carreteras de la India, de las obras, de las lluvias torrenciales y de los animales que se cruzan. También paramos en un par de ocasiones, una de ellas en un extraño pueblo donde la gente nos miraba como si nunca hubieran visto al Moños. Allí compramos unas patatas de bolsa (lo único que había envasado) en uno de los miles de puestos alimenticios que hay en la India por kilómetro cuadrado. Estas patatuelas picaban y nos pareció curioso, ¡Je! ¡Qué ilusos éramos!

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La siguiente parada solo fue para estirar las piernas y para mear, pues a Don Kamal no le salía de la manguera parar para comer algo más consistente, empezaba pronto a desobedecer nuestras órdenes.

Cuando llegamos, de noche ya desde hace tiempo, recorrimos parte de la ciudad buscando un hotel acorde a los precios que nos habían dicho en la agencia, pero ninguno se ajustaba y finalmente escogimos el más feo, o mejor dicho, el más barato. Guarro casi como el primero (algo menos), una cama grande donde apretujados dormiríamos los cuatro, pero antes fuimos a cenar, que nos estábamos comiendo las manos del hambre que nos había obligado a tener Kamal. El único restaurante abierto que vimos, marronero marronero, con un camarero al que le gustaba mucho la especia sobaquera, con ella aromaba todo el suroeste de Bikaner.
Pedimos un par de platos combinados de comida india a lo que allí llaman “thali”, pero la comida, al igual que las carreteras y el clima, merecen episodios aparte, así que no os preocupéis que si seguís leyendo os entrará más hambre (o más ganas de esparcir vuestras vomitonas).
Después de devorar esto volvimos al “antrhotel” para dormirnos otra vez, pues nuestra sensación era esa, un día perdido, pero bueno, llegarían tiempos mejores, eso es algo que sabíamos todos, hasta la vaca que nos observaba mientras cagaba.

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