Día 3. PETROGRADO (01/05/2016)

Al igual que en el anterior capítulo, en este también dejaré una pequeña guía de San Petersburgo con algunos de los “mayores” atractivos de esta ciudad, además del resumen que viene a continuación.

Antes de empezar con el resumen tengo que explicar el siguiente juego que teníamos preparado para esa bonita ciudad. Fácil y sencillo: el primero de nosotros que soltase un taco o una palabra malsonante, fuese cual fuese el contexto, si el compañero se pispaba de la palabrota debía collejear al palabrotero, y este último, el castigado, tendría que sujetar la cámara de vídeo enfocándole a él mientras recibía la colleja. Ya está, una misión complicada, pues por desgracia, tanto yo como mi compañero somos unos putos mal hablados de la hostia.

Bueno, ya aclarado esto me lío con el resumen diario…. El tren esta guay, tiene mucho encanto y todo lo que tú quieras, pero para dormir junto con cincuenta pasajeros más pues como que no es del todo confortable, qué le vamos a hacer, lo siento mucho por los mecafilios.

Podéis deducir de esto que la noche en el tren fue una caca de vaca ¿Por qué? Bueno, además de la gente que deambula por el pasillo y se va chocando con los pies de los que intentan dormir, y también a parte del ruido y movimiento del tren, que es soportable; los ronquidos de mi colega y de otros rusos con bigote, la luz que a las cuatro y media de la mañana ya está a tope para tocarte los cacahuetes, el madrugueo de la mayoría de los pasajeros y en general el poco tiempo que teníamos para dormir. Yo a las cinco o así ya estaba levantado, sin embargo Yisus apuró al máximo, no sé cómo podía sobar en aquellas condiciones, incluso la cama era incómoda. Uff, apuró tanto que casi se queda en el tren… Le tuvo que echar el revisor.

A las seis y poco ya estábamos fuera buscando algún sitio para desayunar. Hacía fresquete y una niebla muy espesa, incluso el suelo estaba mojado de haber llovido toda o parte de la noche ¡Qué miedo nos dio! Pero atentos, que después de una visita a la estación de autobuses para comprobar una cosilla y un par de viajes en metro el cielo se despejó por arte de “magic”.

Desayunamos en una cafetería cercana al Centro y nos dio la sensación de que en esta ciudad llevaban peor lo del inglés, pero bueno, como yo tampoco lo controlo pues me la pela.

Lo primero que fuimos a ver fue la impresionante catedral de San Isaac, muy hermosa ella y más aún al lado nuestra, haciéndonos fotitos con ella. Y después tiramos hacia el río Neva porque queríamos ver al Jinete de Bronce, una estatua de Pedro el Grande (otra vez) haciendo el caballito con su caballo en una roca que dicen los locos  que la arrastraron unos seis kilómetros solamente con fuerza humana (la roca no es pequeña).

Pues de camino a este lugar me acordé del juego que tenía con el Yisus, después de soltar mil palabrotas por nuestras bocazas, pero ninguno se había pispado, así que empecé a callarme y a escuchar las palabras de mi compañero, y como tardaba mucho en sacar su repertorio de insultos pues le provoqué un poco hasta que por fin lo hizo… Sí, gané el juego, y la colleja no se hizo esperar, junto a la estatua de Pedro le metí un collejón mientras él se auto grababa en vídeo. Como podrás entender todo este tipo de hostiones que nos fuimos dando a lo largo del viaje los podrás ver en la sección de “vídeos”.

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 Andamos un poquito por la orilla del río junto a una hilera de militares muy sexis que pasaban por ahí y así llegamos a la bonita Plaza del Palacio donde podemos visualizar el inmenso Museo Hermitage, muy grande, muy chulo y muy popular entre los museos del mundo, pues son seis edificios súper chulos que fueron palacios de los zares y esas cosas, y en su interior muchas pinturas viejas y antigüedades variadas… que si un sacacorchos griego, que si un pelapatatas romano… ya tú sabes, hermano.

Muy bonito, sí señor, pero teníamos que seguir nuestro camino, no podíamos quedarnos allí para siempre, había que continuar, así que cruzamos un primer puente muy simplón que nos llevaba al distrito Vasileostrovsky, una isla con edificios muy “Oh la lá” y bonitos paisajes en Strelka Vasilievskiy (Flecha). En este lugar los recién casados se pasan y rompen copas de cava para celebrar su casamiento y para que los hippies que andan descalzos se lleven un recuerdo a su casa, si es que tienen.

Seguimos la marcha, pero no duraría mucho porque con el macuto en la espalda estábamos obligados a parar en cada parque que encontrábamos. Cruzamos otro puente para salir de la isla e introducirnos en otra, en el distrito de Petrogradsky, que contiene la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, la antigua ciudadela de la ciudad, en ese lugar nació San Petersburgo. Está amurallado y dentro se encuentra una catedral con una torre que llega al cielo y en su interior están enterrados varios zares como Pedro el Grande, por supuesto.

Justo fuera de la muralla, a orillas del río hay una playita donde mucha gente se sienta a divisar el gran paisaje de la otra orilla donde puedes ver el Hermitage y nosotros no íbamos a ser menos. Y relajados estábamos cuando a las 12 de la mañana metieron un cañonazo desde arriba de la muralla que nos desencajó el alma a todos los que no nos lo esperábamos… de verdad, creo que perdí la dentadura del susto. Esto creo que fue por lo del aniversario ese del final de la II Guerra Mundial.

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 Después de ver la bonita fortaleza y todo el rollo ese decidimos que teníamos hambre y que queríamos comer, por lo tanto atravesamos un parque que no sé cómo mierdas se llama y que se encuentra en la estación de metro Gorkovskaya. También nos cruzamos con la Mezquita de San Petersburgo y nos perdimos por las calles hasta encontrar un restaurante kebab que saciaba mi dieta vegetariana.

Finalizado el festín cruzamos el puente Troitskiy para buscar la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada. Una iglesia muy peculiar, a lo ruso, con las cebollas de colores arriba… muy bonita ella, todo hay que decirlo.

Esta hermosura estaba rodeada de parques, así que nos fuimos a uno de ellos (Al Marsovo Pole) y nos tumbamos a descansar, pues ya os dije que estábamos para el arrastre. Yo llegué a dormirme incluso, ya que hacía calorcete y la tranquilidad del lugar invitaba a ello.

No sé cuánto tiempo estuvimos ahí, el caso es que debíamos seguir nuestro camino, así que nos pusimos en marcha de nuevo. Hicimos una visita exprés al Summer Garden y haciéndonos un lío con los canales que recorrían toda la ciudad conseguimos salir sanos y salvos a la kilométrica calle Chaykovskogo, que no tiene nada de especial, pero fue la calle que elegimos para llegar a nuestro próximo destino, el Tauride Gardens, un enorme parque con lago incluido.

También queríamos visitar el Medical Center prostático, pues mi amigo quería que le mirasen la minga por una verruga que le había salido y aparte queríamos observar el pene de Rasputín, que lo tienen ahí en una sala cual serpiente disecada, pero parece ser que ya no está abierto al público vicioso, así que no pudimos verlo, pero bueno, el parque que dije anteriormente estaba al lado.

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 Varias horas estuvimos en aquel parque sentados en unas gradas mirando al lago junto con varios rusos. Llegamos a ver como un niño cabrón hurgaba en la mochila de un pescador hasta robarle un paquete de tabaco, y cuando el señor fue a encenderse un piti se quedó muy loco buscando el vicio.

El caso es que ya se acercaba la hora de marchar a la estación de autobús, así que compramos suministros en un supermercado que, vaya con los supermercados, venden casi todo, pero productos y marcas totalmente desconocidas para nosotros, ahí se nota que son muy selectivos y ariscos con el mercado internacional. Pero bueno, en vez de encontrarte galletas de chocolate de la marca “Princesa”, te encontrabas con galletas de nuez y cacao de la marca “Zar”… no pasa nah.

Después nos metimos en un bar-restaurante italiano y comenzamos a beber y posteriormente a cenar pizzas que resultaban ser bastante baratas, por lo tanto acabamos bastante contentos (en todos los sentidos) de San Petersburgo a pesar del cansancio extremo al que estábamos siendo sometidos.

El caso es que pillamos el metro y nos fuimos directos a la estación de autobús. Aún quedaba una hora y media o así para que saliese nuestro bus, pero así estábamos tranquilos.

La seguridad en Rusia es exagerada, pues para meterte en cualquier lado (como un Centro Comercial, por ejemplo) tienes que pasar por un arco y hay una persona de seguridad que te mira atentamente, y en las estaciones de tren y de autobuses se triplica la seguridad, tanto es así que a nosotros nos pasaron un perro para que nos olisqueara los macutos y las partes bajas, aunque creo que eso último lo hizo por voluntad propia.

Por fin llegó nuestro bus de la compañía Lux Express y flipamos con la calidad del vehículo: te daban una almohada, agua, tenía máquina de café, wifi, pantalla propia para ver pelis en ruso, etc. Y en este lugar pasaríamos varias horas, así que a dormir la mona que mañana será otro país.


¿Qué ver en San Petersburgo?… ¡Yo qué sé, tronco! Cómprate una guía…. Bueeeno, te pongo algo por aquí, para que no te enfades:

  1. Museo Hermitage y la Plaza del Palacio

Claro, tengo que empezar por lo más representativo. Lo forman seis edificios muy tochos que son palacios y daban cobijo a los antiguos zares. Dentro hay muchos cuadros antiguos y otros cachivaches bastante viejunos como armas, joyas y estatuas.

La Plaza del Palacio es muy grandota e relevante. En aquel lugar sucedieron importantes acontecimientos como la Revolución de Octubre. En el centro de la plaza tendremos que mirar para arriba para poder ver la Columna de Alejandro, con un ángel y una cruz en lo más alto.

  1. Fortaleza de San Pedro y San Pablo

Entre el río Neva y un pequeño canal el señor Pedro el Glande mandó construir esta ciudadela y así surgió la gran San Petersburgo. En la fortaleza encontraremos varios museos e inmejorables vistas, además de la catedral que tiene el mismo nombre que la fortaleza. Fue la primera catedral de la ciudad y en ella están enterrados los zares.

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  1. Catedral de San Isaac

Más catedrales, por supuesto, y esta es la cuarta más grande de Europa. Es del siglo XIX, con muchas columnas y una gran cúpula y su pezón. Se puede subir a la columnata para disfrutar de las mejores vistas de la ciudad.

  1. Iglesia del Salvador Sobre la Sangre Derramada

Construida a principios del siglo XX, se llama así porque en el mismo lugar donde está construida fue asesinado el emperador Alejandro II por un anarquista ruso y damos gracias a ello, pues la iglesia es hermosa, así que podemos decir que mereció la pena su muerte.

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  1. El Caballero de Bronce

Ya lo dije en el resumen, esta estatua de Pedro I el Grande en su caballo sobre una roca gigante en la plaza del Senado tiene una historia algo flipada, ya que cuenta que dicha roca fue movida por la fuerza del ser humano unos seis kilometrazos, sin máquinas, ni animales, ni extraterrestres, todo una azaña, la verdad… y parece que es verídico.

  1. Strelka (Flecha)

En la isla Vasílievski, donde se une el Neva grande y el pequeño se encuentra este lugar. Una punta de flecha que señala a una fantástica ciudad entre las dos columnas rosadas que guardan una inmensidad inigualable. Es uno de los atractivos turísticos de la ciudad y si te lo pierdes te pierdes el mejor paisaje de San Petersburgo.

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  1. Otros lugares de interés

Pues será por sitios, pero bueno, yo no soy de los más indicados para decirte. Los puentes, canales y sobre todo parques son muy interesantes. El parque Marsovo Pole, el laberíntico Jardín de Verano, el parque Mikhailovsky o los jardines Tauride. En todos ellos encontrarás cosas interesantes.

La Catedral de Kazan de principios del siglo XIX y sus locuras de columnatas sorprenden en plena calle. Así, de sopetón, te lo encuentras y te deja la boca abierta, así que disfrútalo, cabrón.

Muchas cosas, sí, y muchas cosas más que aún me faltarían por poner, pero lo verdaderamente interesante en esta ciudad es lo que vas a descubrir tú solo, no lo que te dicen que tienes que descubrir. Disfruta San Petersburgo.

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