2. KARTOFFEL (Absalon)

Nueve de la mañana y para arriba, como lo militares… a hacer flexiones y sentadillas, que nos estábamos volviendo gordacos y había que abandonar las chichas de una vez por todas….

Nada más lejos de la realidad. A las nueve nos despertó el sonidito del móvil y a regañadientes fuimos levantándonos. Entre bostezo y bostezo nos duchamos y luego bajamos a la cafetería del host para que estos se pegasen un desayuno de ricos, pero de pobres a la vez. El objetivo de mis amigos era petarse el estómago para librarse de almorzar, y mi objetivo era pellizcar comida gratis del bufet, y creo que los tres conseguimos nuestra mierda de objetivo.

Ahora marchábamos todos felices hacia la Plaza del Ayuntamiento porque habíamos quedado con el señor del Free Tour, que nos enseñaría la ciudad como Dios manda y no a lo loco como estábamos acostumbrados a visitarla.

El señor este del tour era un argentino que se creía gracioso y hacía bromas bastante estúpidas, morrocotudas y sexistas, pero su trabajo como guía turístico era bueno y había que aguantarle. Los españacas y latinos que conformábamos el grupo eran muy variopintos y aunque podríamos decir que la mayoría era “normal”, también había cada colgada que hicieron merecido el paseo, como una vieja vasca que escupía cuando se comía un bocata de calamares ¿Dónde lo había sacado? Pues no lo sé. O tres divinas de la muerte, mexicanas creo, que daban la nota en cualquier sitio y en cualquier momento, da igual, tú las mirabas y siempre te sorprendían con alguna canción, algún comentario inapropiado o algún vómito inoportuno.

La visita turística fue fantástica, porque cuando algo mola también lo digo, no me lo callo, a ver que te ibas a pensar. Como digo, empezamos en la Plaza del Ayuntamiento y nos habló del edificio este, de la Fuente del Dragón, de la estatua de C. Andersen, del Tívoli, del termómetro gigante y de algunos edificios históricos que habían probado las llamas en unas 50 ocasiones, porque según lo que nos decía, parecía que la ciudad era más inflamable que la gasolina, pero bueno, no vivas en Copenhague y listo.

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Nos adentramos en el casco viejo hasta la Plaza Nueva (Nytorv) donde casi nos comía el Palacio de Justicia y a su vera unas oficinas de la policía con rejas en las ventanas, pues les gusta ponerse en la piel de aquellos a los que han detenido. En aquella plaza, hace siglos, ejecutaban a los villanos más perversos, y sé que es algo normal a la vez que horrible, y sé que en todas las ciudades existen plazas ensangrentadas, pero es algo que mola comentar, pues aunque me digas que soy un sádico de mierda sé que ahora eres un poquito más feliz al saber este dato.

La siguiente parada fue en el Palacio Real de Christiansborg. Una enorme cuadra con caballos nos separaba de ella mientras el argentino este nos explicaba que en este edificio no vivían ya los reyes y que su interior albergaba las sedes de los tres poderes gubernamentales (político, legislativo y judicial) y que estos poderes estén tan juntitos en un mismo edificio solo ocurre en este país, por eso pensé que era algo digno de mención.

Es un palacio grandote y bonito, y el hecho de que los reyes ya no vivan en este lugar se debe a que está maldito, pues se ha tenido que reconstruir ya tres veces porque se incendia con mucha facilidad… bueno, la ciudad entera.

Algo que te va a interesar de este edificio es que se puede subir a su altísima torre de manera gratuita y en ascensor, una oportunidad que no puedes dejar escapar, aunque nosotros no subimos… por el momento, porque teníamos que seguir con el tour.

Terminamos la primera parte del recorrido en una plaza ya visitada por nosotros donde se encontraba la sorprendente estatua de Absalon, un religioso guerrero del siglo XII del que hablaré al final del capítulo, pues el guía nos contó una historia muy chula sobre este hombre.

Después del descanso nos llevó a ver la Iglesia de San Nicolás, que tiene una de las torres más erectas de la ciudad, y dos grandes curiosidades la rodean. Una es que, de esta iglesia solo es del siglo XVI la torre, porque lo demás fue reconstruido después de… ¡Oh, no! ¡Otro incendio! ¿Cómo puede ser? Pues ya ves, en aquellas latitudes la gente tiene frío y prende fuego a la ciudad para calentarse. Y la otra casualidad que he de nombrar es que esta iglesia ya no es iglesia, sino una galería de arte moderno y una cafetería, así que si estabas pensando en pasarte a rezar, mejor tómate un café, que te la van a clavar bien.

10 En la estación de metro Kongens Nytorv vimos un poco de Teatro Real, hotel de lujo, centro comercial y nada más que merezca la pena, al menos para nosotros. Y después nos llevó al Puerto Nuevo, algo que nosotros ya conocíamos, pero explicado por un buen guía todo mola más.

Las demás visitas ya las conocíamos, fueron la Iglesia de Mármol y el Palacio Amalienborg, donde terminó la ruta turística, así que ahora nos tomamos todos una foto con las mejores poses y había que apoquinar la propina al argentino, acción de la que yo intentaba por todos los medios librarme desapareciendo cinco minutos antes de la finalización, pero me convencieron mis colegas señalándome la carita de pena del guía turístico, así que diez euros más o menos se llevó de cada uno.

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Era la hora del kartoffel, y si no sabes lo que es esto ve a algún traductor y tradúcelo del alemán, porque yo no pienso decírtelo, aunque por el contesto puede que lo saques.

Resulta que yo tenía hambre, pues no me había cebado desayunando como estos dos compis míos, así que tenía que almorzar algo para no desfallecer. Por lo tanto nos acercamos a un supermercado cercano y me pillé una baguete y una tortilla de kartoffel, pues había que averiguar si sabía o no a cartón. Me lo jalé en un banco sentado mientras mis amigos me miraban y seguramente algún danés también se quedó anonadado viendo mi singular dieta, pues bocatas de tortilla era raro verlo en tan fríos países.

Con mucha calma me acabé el kartoffel y nos encaminamos a realizar dos misiones que teníamos pendientes, una de mi colega Rudolf y otra mía. La de mi amigo era comprarse un abrigo en el H&M para, según él, no morir congelado (yo decidí arriesgarme) y mi misión era mandar una postal a la patria, así que guay, primero fuimos a la tienda de ropa.

Don Rudolf Poyano es una persona altamente indecisa al que le cuesta tomar una decisión en un corto periodo de tiempo, por eso ir al supermercado y dejar que él elija la dieta conjunta puede llevarle muchos minutos de más, cuando a cualquier otra persona solo le basta dar una o como mucho dos vueltas al súper para escoger lo necesario… esto es algo que Doña Tenacitas y yo sufrimos en varias ocasiones, y no iba a ser menos la elección de su nuevo abrigo, aunque también es verdad que fue divertido verle probarse “bombers” hasta que las deshecho y se pilló una más normalita. Misión cumplida.

Antes de ir a cumplir mi misión entramos a la tienda de LEGO porque la verdad es que habían figuras construidas bastante chulescas que merecían ser fotografiadas. Y ya de paso nos creamos a nosotros mismos cogiendo cabezas por un lado y cuerpos por otro… así quedó:

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Me tocaba a mí. Fuimos a la Oficina de Correos y aquello fue otras risas, porque además del sello me compré un paquete de unos 20 sobres, pues no los vendían sueltos, y resultó que eran más pequeños que la postal, así que decidí cortar los bordes de esta para que me entrase en el sobre. Todo esto bajo la mirada atenta de la funcionaria que nos había prestado las tijeras. Misión cumplida.

A continuación volvimos al hostal porque mis amiguetes tenían el hambre que el kartoffel les había proporcionado con su buen aroma y en dicho lugar ponían una cena a partir de las seis que era bastante barata, pero yo a esas horas no tenía hambre y, además era arroz con carne, por lo tanto no hubiese podido de ninguna manera. Cuando terminaron el papeo volvimos a visitar aquel lugar llamado Christiania y nada, otro paseo nocturno por la comuna hipidroguis, conociéndola más afondo.

Cansados de andar todo el día nos acabamos sentando en un banquito y yo cené ahí las sobras del kartoffel del almuerzo para finalmente volver al host, bebernos unas birras, hacer un “cagui” y arroparnos en nuestras respectivas camas, creo.

ABSALON

Aquí tenemos a un tío muy religioso que le daba a la espada de igual manera que al crucifijo, obispo y estratega que se lio a tortas con los piratas y los wendos para engrandecer y enorgullecer a la próspera Copenhague de la época, finales del siglo XII.

Este hombre nacido en Selandia había salido de una familia de mucho dinerico, por eso tuvo esa gran oportunidad de estudiar, ni más ni menos que en París, teología, por supuesto. Cuando volvió a Dinamarca vivió sinfines de aventuras junto con su amigo Valdemar, que aspiraba al trono del país, pero su primo y rival Sweyn se lo ponía difícil, pues quiso matar a Valdemar en una cena de la paz… ¡Qué cabrón! Pero Absalon y Valdemar consiguieron huir y más tarde derrotarle y matarle en una batalla, así que el gran amiguete de Absalon, Valdemar, subió al trono.

Unos meses más tarde, el Rey agradeció y recompensó a Absalon por el apoyo recibido ayudándole a ser elegido obispo de Roskilde, cosa que consiguió. No solo eso, también era el principal asesor del Valdemar I… vamos, que era un tío importante en Dinamarca. Lo malo es que Dinamarca ya no molaba tanto porque, aprovechando la Guerra Civil, los piratas habían saqueado y despoblado un tercio del país. Ahora había que recuperarlo y nuestro prota quería ocuparse de ello.

Absalon consiguió una buena flota gracias al rey Valdemar I y salió en busca de venganza contra los piratones y los wendos, que son tribus y pueblos varios establecidos en territorio germano, herejes a ojos de Absalon, y este es el otro gran motivo de su partida, o sea, que la venganza se convirtió en cruzadas… cruzadas durante veinte años.

En 1168, Arkona fue conquistada por Absalon, y en este lugar se encontraba el santuario del dios Svantevit, y según nos dijo el guía del Free Tour (pues no he encontrado nada en Internet que me lo asegure), los habitantes de Arkona esperaron que un rayo cayese en la cabeza de Absalon al haber destruido el templo (pues es lo que dictaba esta religión), pero como ningún rayo cayó, los wendos aceptaron la religión cristiana a la vez que la soberanía danesa.

Después conquistó Charenza y Garz de la misma manera hasta hacerse con la isla de Rügen entera, cristianizándola y anexionándola. No bastándole con eso se dirigió unos años más tarde a la isla de Wolin y destruyó la fortaleza pirata de Dziwnów. Algunas hostias más dio, hasta que en 1184 dio por finalizadas sus hazañas militares.

Además de sus cruzadas, Absalon construyó un castillo y una defensa en lo que hoy es Copenhague, engrandeciéndola y expandiendo la ciudad y convirtiendo su puerto en uno de los más importantes de Escandinavia, y por eso este hombre ya cadáver es tan querido en su país y también en su capital.

Nada más. Nos vemos en el próximo episodio.

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