7. Clima, paisaje y fauna

País grande, climas varios, paisajes a montones y fauna muy variopinta. Al ser un país tropical, tan cercano al ecuador, las horas de sol varían poco, de once a trece horas (sin embargo en España oscila entre nueve y quince horas). En febrero, más o menos, amanece a las 05:30h  y una hora después se asoma el sol, y la puesta es sobre las 18:00h, aunque no anochece por completo hasta una hora después. Como digo, este cálculo sería en febrero, pero tampoco varía mucho durante el resto del año.

Para entender el clima en el país hay que tener en cuenta muchos aspectos geográficos, pues es un enorme fallo pensar que en Colombia hace calor porque está al sur de España (para los latinoamericanos esto les parecerá estúpido, pero así creen muchos europeos), pues no todos los países al sur de la Península Ibérica tienen un clima tropical, pero esta no es la conclusión, pues la altura, las lluvias, la vegetación, los vientos… Todo esto y más afecta a las temperaturas, y Colombia es un país con zonas muy elevadas y altas precipitaciones, tiene selvas y desiertos, montañas de 5.000 metros y playas e islas.

Vamos a encontrar un clima cálido hasta los 1.000 metros sobre el nivel del mar, en gran parte del país… Las playas caribeñas y la costa del pacífico, los archipiélagos, llanuras del Orinoco y el Departamento Amazonas. Las temperaturas siempre son superiores a los 24ºC y los mosquitos quieren tu sangre.

Entre los 1.000 y 2.000 metros de altura estaremos en un clima medio que varía entre 17 y 24 grados centígrados. Las zonas bajas de las montañas, a lo largo de algunos ríos… En total un 10% del país.

Lo llaman clima frío al que oscila entre 12 y 17ºC, entre 2.000 y 3.000 metros sobre el nivel del mar. Aquí encerramos a Bogotá, por ejemplo, una de las ciudades más altas del mundo, aunque para un europeo no es para nada una ciudad fría, sino fresquita, con una sudadera te quedas perfecto.

En el páramo llueve menos que las anteriores, pero nieva más. Entre 6 y 12 graditos y en zonas altas de montaña. Aun así, los inviernos madrileños son más fríos, pero sí, hay que ponerse el abrigo ya, aunque en estas alturas (3.000 y 4.000) no hay mucho que hacer más que excursiones relámpago.

Superando los cuatro mil metros de altura vamos a encontrarnos glaciales y temperaturas bajo cero. Desiertos, selvas tropicales, estepas… puedes adivinar en cuales llueve más y en cuales menos.

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Este país también tiene todos los paisajes. Los urbanos son siempre más feos, pero están mezclados con la naturaleza. Una ciudad es siempre más bonita si está rodeada de gigantescas montañas verdes como es el caso de Bogotá y Medellín. Es esto lo que perdona el caos de todas las ciudades, el verde de su estratosfera. Además, algo asombroso de la capital colombiana que no se ve apenas en otras es la decoración artística de las fachadas de los edificios medios del Centro, dejando asombrosos dibujos a los ojos del curioso. Cierto es que saliendo de la zona céntrica te encuentras más centros comerciales que parques, más gris y negro que verde y azul, pero hay que ser muy ingenuo para pensar que en una ciudad tan grande pueda ser todo hermoso.

Te recomiendo que hagas uno o varios viajes en bus entre ciudades del interior y por el día. Ya sé que por la noche aprovechas para dormir y sale más rentable, pero si lo haces por el día vas a descubrir esa locura de paisajes montañosos que impresionan tanto de vértigo como de belleza. El zigzag de las carreteras puede jugarnos malas pasadas y hacernos devolver las arepas, pero si eres de los que aguanta estos meneos tienes que disfrutar por la gente que no se atreve.

Las playas y sus salidas y puestas de sol, la inmensidad de los desiertos, ríos en los que si caes ya no te vas a encontrar ni tú, la tormenta sobre la montaña selvática que te hace imaginar a los perezosos buscando a toda lentitud una hoja grande con la que taparse.

¿Cómo voy a hablar de la fauna colombiana? Si es uno de los cuatro países con mayor diversidad… primero en variedad de mariposas, primero en anfibios y primero en aves, tercero en reptiles y cuarto en mamíferos. Te das cuenta en cuanto llegas, porque los animalejos están en todas partes, y un paisaje con animales es alegría garantizada, a no ser que te encuentres tú solo perdido en el páramo junto a un puma con ganas de desayunar.

ANFIBIOS: Es agradable ir paseando por los caminos tropicales del Tayrona y encontrarte un par de ranitas, pero es una locura el encontrarte ranas a cada paso y de manera amenazante cuando ves que son de esas de colores con manchas y seguramente venenosas, con las que aquellas tribus embadurnaban sus puntas de flechas. Entre ranas, sapos, salamandras de cualquier color y cecílidos hay unas 813 especies de anfibios escurridizos por todo el país.

REPTILES: Los más viejunos de la Tierra. 588 especies que incluyen lagartos, tortugas, serpientes y cocodrilos. Yo pude toparme con uno de estos últimos, yo diría que el caimán de anteojos, así que ten cuidado viajero, que están sueltos y corren más de lo que te piensas.

PECES: Ahora que lo pienso, no vi ningún pez en el viaje, y si lo hice no lo recuerdo… Bueno, sí vi una morena en el aeropuerto de Ámsterdam, pues poseía una pecera enorme, pero no en Colombia, solo peces muertos en mercados. Cuando estuve en Tayrona me pensé seriamente si hacer submarinismo, pero como no sabía si me llegaría la plata para esa parte del viaje, pues desistí. Colombia cuenta con aproximadamente 1600 especies de río y 1200 especies del mar, incluyendo tiburones varios, aunque ninguno tan feo como tú.

AVES: Colombia, el país que cuenta con más especies de aves en su territorio. El más emblemático es el cóndor de los Andes, que lo podemos ver en su escudo de armas, al igual que en la bandera ecuatoriana y en el escudo de Bolivia. Tipos de loros, pericos y guacamayos para aburrir, cuclillos, garrapateros, la pava hedionda en la zona amazónica, búhos, lechuzas, chotacabras, vencejos, los fascinantes y abundantes tipos de colibrís, trogones, martines pescadores, coloridos momotos, jacamarás, monjillas, tucanes, pelícanos, pájaros carpinteros, picoguadañas, tororoís, churrines, saltarines, urracas, alondras, golondrinas, mirlos, reinitas, caciques, trompeteros, halcones, milanos, gavilanes, águilas, cigüeñas, garzas, pavos, patos… Bueno, yo creo que ya nos vamos haciendo una idea de lo que es la fauna plumosa en esta región.

MAMÍFEROS: No quiero parecer un especista cabrón, pero por parentesco y cercanía a nosotros suelen ser los más molones y bonitos. Prácticamente hay perro o gato en cada casa, de ocho casas ajenas que pisé, seis tenían uno o varios perros/gatos pululando. Caballos y burros para transporte y turismo, vacas, cerdos, ovejas… Fuerte industria ganadera. Pero animales salvajes es lo que importa ¿No? Pues muchos surcan las orillas para avistar ballenas, marsopas y delfines, y algún género de este último (el rosado) también aparece en el río Amazonas. Otros mamíferos del mar podrían ser aquellos que los antiguos marineros confundían con sirenas, los manatíes, tanto en el río Amazonas como en el mar Caribe. Por el aire revolotean casi 200 especies de murciélagos chupasangres que irán directamente a tu cuello, y en los árboles los monos más graciosos… Titís, tamarinos, capuchinos, micos, monos ardillas, arañas y lanudos, uacarís calvos y marimondas. Y además de primates, también hay perezosos y osos hormigueros trepa ramas. Ya a ras del suelo encontraremos al señor armadillo, al puercoespín, al cuy (manjar andino), al carpincho (roedor más grandote del mundo), al guatín (vi varios de estos), a la paca, ardillas, ratas, ratones y roedores varios. Más grandes son el tapir, el pecarí, la corzuela y otros venados come-hierbas. Y los carnívoros que se agazapan en las sombras serían el ocelote, el margay, el gran puma y el aún más grande, rey de los felinos americanos, el jaguar. En la lista de los carnívoros caninos están los muchos tipos de zorros, perros, el oso de anteojos, mapaches, coatís, mofetas, comadrejas y nutrias.

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Hazte una lista de todos estos animalejos y ve tachando cuando los veas, porque muchos se aparecen ante tus ojos. Ahorita voy con mi diario, pero en el próximo episodio trataremos la grandiosa gastronomía vegetariana colombiana ¡No te lo puedes perder!

VII. Conciertos paisas

¡Ay, qué noche más espantosa! No, hombre, con el cansancio que me aplastaba dormí como un árbol a pesar del concierto reguetonero que se extendió durante la primera mitad de las horas nocturnas. Quien no sobó muy bien fue el Moños, que según nos dijo estuvo a punto de insertarse en la fiesta para destrozar los aparatos que lanzaban ruido.

Aquella casa donde nos alojaban pertenecía a Doña Lila, una madre de “quién sabe cuántos hijos”, con mucha sonrisa y que dicen las malas lenguas que en sus tiempos mozos fue heavy, pero ahora era una jefa de familia. Conocimos algunos hijos de Doña Lila, pero no sabemos si tendría más por algún lugar de Colombia (o de la casa). Tres fueron los que nos encontrábamos por la casa, y los llamaremos Pelado (percusionista de punk y parranda), Canuto (dueño de las plantas de la selva de marihuana que se abría en el horizonte del patio) y Don Silencio (este no nos dirigió la palabra en nuestras cinco noches en aquella casa de locos). La casa era de dos pisos, abajo la vivienda y arriba un local de ensayo, donde sobábamos, y el patio de marihuana. La casa conectaba en algún lugar con la casa de los vecinos y por ello de vez en cuando aparecía algún vecino para comer, cagar o charlar… Una de estas vecinas era Marula, una niña de nueve años que acabó pasando las tardes con nosotros.

Pues aclarada nuestra situación ya puedo proceder a la descripción de los primeros días en Medellín. Nuestro desayuno de bienvenida a la ciudad fue una sopa de legumbres y una tacita de chocolate para digerir… Nos lo comimos por evidente respeto a Doña Lila, pero rogamos que nunca más, que nosotros nos gestionábamos el desayuno a partir de ahora.

Después de este encuentro alimenticio con lo desconocido y de una ducha fresquita salimos a conocer el único Metro de Colombia, bastante moderno y eficaz. Nuestro destino fue el Centro, porque habíamos quedado allí en el Teatro Matacandelas, lugar donde mi hermano realizaría su primer concierto en este país. No tardamos en encontrar el teatro y sorprendernos con el lugar.

Allí estuvimos toda la mañana inspeccionando el teatro hasta que nos sentamos a comer, pues nos invitaban. Nada más finiquitar el almuerzo cambiamos de teatro porque otro regalo más nos habían preparado: unas entradas a una obra de teatro, y aunque era infantil y navideña no dejó de tener puntos divertidos. Iba sobre los Reyes Magos y unos diablillos que querían joder la Navidad a los niños, muy típico, pero entretenida. Al final pude hacerme una foto con estos angelitos.

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Ahora sí, de vuelta al Matacandelas que empezaba el concierto. Se habían vendido todas las entradas y el Moños decidió repetir el conci al día siguiente, pues muchos se habían quedado sin entrada. Pamela y yo nos ocupamos de vender discos y comenzó la gran locura… ¿Quién nos iba a decir la cantidad de fans que podía tener este chico en un país remoto? Aparecieron como locos, preguntando por el cantautor y la corta espera se hizo larga, pero al fin se les hizo el sueño realidad. Cantaron todas las canciones, lanzaron sujetadores y calzoncillos, se subieron al escenario, invocaron a Satán… De todo.

Terminó el concierto, pero no la euforia. Mientras Pamela y yo nos agobiábamos vendiendo sus discos él se hacía fotos y firmaba autógrafos en pechos peludos. Unos fans tocaban todas las canciones que no había podido cantar en el escenario y le lanzaban besos. Finalmente, sobre las doce de la noche decidimos escapar del teatro con la excusa de que perdíamos el último tren de regreso a la casa de Doña Lila. Una vez allí nos acostamos aún con la boca abierta de lo que había sucedido en aquel teatro paisa.

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A la mañana siguiente nos despertaron unos tipos desconocidos con tatuajes y con perforaciones por todo el cuerpo (lo sé porque estaban desnudos) porque querían ensayar y, como buenos extranjeros acobardados nos fuimos sin chistar. Mientras estos rudos colombianos creaban ruido en la parte de arriba de la casa nosotros lavábamos nuestras ropas podridas y otros quehaceres necesarios, después, una vez intuimos que el ensayo había acabado por el silencio repentino, decidimos subir para tocarnos unas canciones con sus instrumentos con el riesgo de que llegasen y nos partiesen la rabadilla a todos.

Por estos entretenimientos de la mañana perdimos casi medio día y solo nos dio tiempo antes de comer a pasar por un mercadillo permanente en el Centro donde me compré una camiseta, que ya no tenía ninguna sin excrementos de muerto. Luego comimos un arrocito con accesorios ricos, menos el espárrago blanco… Asco me da.

El concierto de hoy fue mucho más temprano y le tocaría guitarrear con el estómago a rebosar, pero por suerte fue mucho más tranquilo que el del día anterior. No se llenó la sala, pero aun así quedaron pocos huecos. Cantaron con más calma y vergüenza y pidieron fotos y autógrafos de manera muy educada. Sin duda era un público muy diferente y se agradeció el descanso.

Dairo fue el contacto de mi hermano para conseguir alojamiento en Medellín y este nos había sugerido la casa de Doña Lila. Trabajaba de malabarista en los semáforos de la ciudad y ese día había ido al concierto, así que se juntó a nosotros durante toda la tarde.

Los cuatro tomamos un taxi hasta la casa, dejamos mochilas, comimos algo en casa de Dairo y comenzamos un largo recorrido andando hasta una zona bastante alumbrada y decorada por Navidad cercana al Centro. No se me quedó mucha información de este momento, y tampoco fotográfico, solo recuerdo que nos cansamos mucho, así que cuando ya estaba la luna más alumbrada que las casas de alrededor y unas cervezas habían recorrido nuestras gargantas decidimos volvernos. En casa de Doña Lila ya solo nos quedaba dormir.

Terminados los dos conciertos en tierras paisas quisimos dedicar el tercer día en Medellín a disfrutar de la cultura del lugar, que ya era hora, por lo tanto después del rutinario chocolate caliente, el juguito natural del puesto del hombre serio y de un par de almojábanas gorditas como desayuno, volvimos al Centro para visualizar de cerca las anchas esculturas de Botero que se encuentran en la plaza con el nombre del artista. Recorrimos las calles de la ciudad inundados de caminantes y comerciantes hasta llegar al Parque Bolívar y de vuelta al Metro, pues habían vuelto a invitar al Moños a un almuerzo, y por defecto a los acompañantes también. Esta vez en un restaurante vegano en un barrio pijete un poco alejado de las turbias calles que algunos decían que eran peligrosas.

La comida estuvo rica, como no, y luego se quisieron hacer unas fotos con el cantante, y por defecto también con los acompañantes (las ventajas de tener un hermano famoso en Colombia, aunque el tema fotos no es muy ventajoso).

La tarde la pasamos entre un Centro Comercial donde nos tentó ver una peli en el cine y el Cerro Nutibara, una montañita muy verde donde encontrarás una recreación de un pueblo paisa y bonitos miradores. Lugar donde vimos al sol despedirse por ese día.

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En bus llegamos a un barrio llamado Aranjuez, cerca de donde nos hospedamos, y en Aranjuez estuvimos tomándonos unas birras en un bar heavy hasta que llegó la hambruna y cenamos en un restaurante cercano. Tras la cena llegó la vuelta a casa por el laberinto de aquellas calles, aunque al final sobrevivimos. Final feliz tocando música en la terracita con el Pelado y unos amigos suyos. Cansancio y a dormir.

2 comentarios en “7. Clima, paisaje y fauna

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