9. Seguridad y conflictos

La fama que se trae este país es complicada de olvidad. Tiene un pasado muy cercano empapado de sangre y por supuesto aún quedan destellos de lo que ya es historia, pero nada que ver con lo que se vio. Es por eso que se escucha la palabra “Colombia” en España y uno piensa en guerrillas, mafias, cocaína, armas, secuestros, violencia, inseguridad… Es inevitable pensar en esto a pesar de que las cosas han cambiado infinitamente desde hace tan solo diez años, pero mis padres, por ejemplo, siguen creyendo que Colombia es el infierno, que voy a escuchar tiros por las calles, que me van a intentar secuestrar y que si vuelvo va a ser porque me he ofrecido a traer coca en el interior de mi ojete. Pues no, Colombia ahora no es esto (y no creo que fuese de tal manera antes).

Es normal que el tema de las FARC siga palpitando con fuerza, pues se acaba de asomar la “paz”, pero hubo otras y aún siguen existiendo otros grupos armados y en conflicto con políticas e ideologías distintas que han dejado y dejan mucho odio entre la población. La gente habla de esto y es un problema vivo, aunque repito que no tiene nada que ver con el pasado.

Sigue habiendo drogas, mafia y narcotráfico, pero ha disminuido muy considerablemente y nada tiene que ver con aquella época de Pablo Escobar, aunque muy presente se le tiene a este personaje, pues a pesar del dolor que causó y el odio que alguno le tiene se venden suvenires con su imagen, y a mí esto me pareció un poco turbio, comparable a la venta de suvenires de Francisco Franco en España, no sé, pienso que no es muy adecuado. El caso es que las mafias de la droga siguen estando presentes, pero la fuerza cada vez es menor y poco a poco se van reduciendo, aunque en algunos barrios siguen teniendo el control.

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En cuanto a la violencia callejera, robos con amenaza mayormente, mucho miedo nos transmitieron y tal vez con razón, pero nunca tuvimos ni yo ni mis compas problemas con ello. A veces es de sentido común no pasar por determinadas calles o barrios, a ciertas horas, no “dar papaya”, como dicen ellos, que quiere decir “no exponerse al robo” llevando la cámara de fotos fuera, por ejemplo. Hay pobreza visible en este país y a veces el hambre no agudiza el ingenio. Pues eso, parcero, que te cuides mirando por donde vas y no des papaya y seguramente no tendrás ningún problema.

Los robos sin violencia también deben de ser comunes, así que guarda tus bolsillos en otros bolsillos, la riñonera esa que va por dentro de la ropa, los dineros en los calcetines y… Bueno, tampoco es para tanto, pero cuidadín en el transporte público que se petan los buses y ahí existen manos muy largas y experimentadas. Si te roban es una jodienda, pero piensa que seguramente esa plata ha ido a parar a alguien que lo necesitaba más que tú (o no) o para la droga, que es un bien común.

Por desgracia en esta vida las desigualdades existen, sociales, económicas, de clases… de sexo. Colombia ha mejorado mucho en cuanto al derecho de la mujer, pero no es suficiente, nunca es suficiente, y sigue siendo un país bastante machista (digo bastante para diferenciarlo de otros, porque todos son machistas). En una ocasión me preguntó una mujer si era verdad que en España éramos muy machistas, pues según ella esa es la fama que teníamos, y puede que sea cierto, pero no es comparable con la situación de la mujer en Colombia, un mero objeto en muchas cabezas, incluso femeninas. Pero como digo, esto se va reduciendo pasito a pasito y cada vez se escucha más alto la voz de la mujer, más alto que en los países vecinos.

El caso es que las mujeres pueden viajar solas por estas tierras, pero por desgracia van a tener que aguantar comentarios y palabras indeseadas de mucha escoria, van a tener que sacar más ojos que un ser masculino y más precauciones a la hora de adentrarse en calles y es aconsejable evitar horas oscuras… Es una tragedia y una injusticia, pero por favor, que no apacigüen las ganas de viajar a este fantástico país, no es arriesgado, lo difícil es que te pase algo, así que ¡En marcha! ¡Colombia te espera con los brazos abiertos! Además, yo creo que la mejor manera de combatir a esas mentes despreciables es normalizando la situación: si ven a una blanquita rubia cada tres meses se vuelven cerdos, si cada día pasan cuatro rubias por los ojos del cerdo, este se comportara de manera más educada, y si pasan diez rubias y le meten una paliza al cerdo, pues mucho mejor (quiero dejar claro que no tengo nada en contra de los cerdos, de hecho, me encantan estos animales).

Para terminar este tema de los conflictos quiero hablar de ese tan presente entre ellos, pero que esconden cuando hablan contigo: “españolito canalla de abuelos asesinos torturadores y ladrones, hijoeputa malparío”. Todos fueron muy amables y educados conmigo en todo momento, pero cuando había más confianza o, sobre todo cuando se embriagaban, poco a poco se empezaba a notar un cierto resquemor con el español que tenían enfrente. Pude hablar sobre este tema con un chico considerablemente tolerante, con notable inteligencia, y aun así me dijo que sentía algo de rabia cuando conocía a un español. Según me dijo, él era consciente de que ese sentimiento era estúpido e inadecuado, pero no podía evitarlo. Yo le pregunté que si podía ser por la educación que allí tenían, pero me dijo que no, que la educación no era antiespañola.

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Es ridículo pensar que algún español hoy existente pudiera haber participado o tenido algo que ver con aquel genocidio que comenzó hace cinco siglos, ni siquiera es probable que la sangre de aquellos conquistadores, buscadores de oro, aventureros asesinos, curas y nobles se encuentre ahora circulando por nuestras venas, pues mucho ha trotado por la península desde entonces. Además, Colón llegó a América al mando de la Corona Española, pero si hubiesen sido los ingleses, portugueses, holandeses, franceses… hubieran hecho lo mismo o quien sabe, tal vez hubiese sido peor, pues la Guayana Francesa sigue bajo dominio galo.

Por último, muchos no se dan cuenta que son ellos los que tienen más genes heredados de aquellos “conquistadores” que un español cualquiera ¿No? Fueron sus tátara…abuelos los primeros europeos que pisaron América, y no los míos, por lo tanto es un resquemor ilógico, pero puedo comprender que exista por la educación inculcada y el odio hacia Estados con una economía más sostenible, en la actualidad a lo largo de la historia, al igual que USA es odiado por gran parte del mundo, también sin un motivo razonable.

En definitiva, no tengas miedo en viajar a Colombia, como bien dicen las campañas publicitarias de turismo: “EL RIESGO ES QUE TE QUIERAS QUEDAR”.

Pues nada, ahorita el Diario y en el siguiente episodio (ya el último) tendremos que decir algo sobre las ventajas y las desventajas de viajar solo ¿No? Que puede ser necesario saberlas ¡Hasta la próxima!

IX. La maldición del Botánico

Mira que nos levantamos pronto ¿Eh? Pero nada, estamos gafados con las puntualidades, pero bueno, en Colombia los minutos siempre son aproximados, nunca justos. El tema es que fuimos rápidos y todo en desayunar y tomar el transporte público, pero no hay manera, el Transmilenio es impredecible y así ocurrió esta vez, que habíamos calculado llegar a la casa del Verde (¿Os acordáis?) a las once, pero nos retrasamos una maldita hora y a las doce ya es la hora de comer. Menos mal que nuestro amigo Verde es un hamburguesero vegano que te lleva sus productos a domicilio en bici, pero como nosotros estábamos en su domicilio… Nos preparó un par de hamburguesas a cada uno.

Teníamos muchas ganas de salir a comernos Bogotá, sobre todo yo, que me quedaban menos de cuatro días de viaje y me faltaban cosas por ver en la ciudad. Una de las cosillas que tenía muchas ganas de conocer era el jardín Botánico, porque me encantan estos parques, así que lo metí en mis planes y por consiguiente también estuvo en los planes de mis compis, pero comenzó a llover y a llover y no paraba de llover. Ya sabemos que Pamela se había puesto enferma y, aunque estaba mejor, no quería arriesgarse a una recaída, así que los planes de recorrernos la ciudad a pie se fue al garete.

Pamela decidió echarse una siesta y mientras tanto el Moños y yo salimos a empaparnos un rato visitando comercios para realizar alguna compra obligatoria de Navidad, además de mandar algunas postales y tonterías varias. Esto nos demoró algo más de una hora y fue tiempo suficiente para que Pamela descansara. Había dejado de llover, pero el Botánico ya estaba cerrado (todo cierra muy pronto), así que lo aplazamos para el día siguiente.

Mientras tanto salimos a visitar el Museo Nacional, que nos pillaba cerca, y aunque estuvimos casi dos horas dentro recorriéndonos todos los pasillos y analizando cada objeto en su vitrina, no nos entusiasmó demasiado… Fue como aburrido.

Otra vez la lluvia nos esperaba al salir, pero no quisimos que no aguara la tarde y caminamos por la Séptima en dirección al Centro. Al final nos aguó la tarde, sobre todo a mí, que tenía un chubasquero que calaba ¡A saber dónde lo compré! Fuimos de cafetería en cafetería preguntando si tenían WIFI, pero no, no sé qué pasaba que Dios no nos quería complacer… Algo habríamos hecho mal. El tema es que queríamos conexión porque una chica que conocí en Couchsurfing quería quedar con nosotros y para eso había que comunicarse, digo yo.

Bogotá se hizo nocturno en un abrir y cerrar de ojos. Entramos en un Centro Comercial, donde conseguí contactar con Lara, la chica que os digo. Nos dio una dirección de una cervecería-cine y para allá fuimos, aunque antes hicimos una compra, pues Verde nos había encargado unas verduras para la cena.

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La cervecería estaba bien, aunque algo caro para estar en aquella zona geográfica. Esta tal Lara resultó ser una chica muy sociable, habladora, estudiante de medicina… Nos contó gran parte de su vida y nosotros solo podíamos intentar evitar nuestra cara de cansancio, pero el Moños y Pamela acabaron sucumbiendo y con la excusa de que tenían que ir a hacer la cena se despidieron y me quedé yo un rato más con Lara.

Dos cervezas más significaron chispilla, pero la responsabilidad pudo esta vez con mi cuerpo y aunque ella insistía en otra cerveza, bailar y disco, yo fui firme y marché a la casa de Verde, donde me cené lo sobrante (los mamones de mis colegas no me esperaron) y poco tiempo después ya estábamos todos durmiendo la mona.

Esta vez fueron los rayos del sol los que me despertaron, como el otro día que dormí en casa de Verde, que tiene un ventanal gigantesco donde nace el sol detrás de las montañas que a su vez nacen detrás de los edificios. Era muy pronto y claramente iba a estar solo un largo tiempo hasta que mis compis se despertaran, por lo tanto decidí marcharme y visitar Monserrate, un templo cristiano en una de las cimas de los cerros orientales.

Apunté el número de teléfono del Verde, para contactar con ellos después, y recorrí parte de la séptima y después creo que la diecinueve hasta llegar a la estación de funicular, donde tuve que esperar un par de colas malditas para el ticket y para entrar, y en tales filas quien podía se colaba, porque como ya comenté, los colombianos de edad avanzada, sobre todo, no conocen los turnos y por lo tanto no los respetan.

La subida a Monserrate era curiosa, se veía un bonito paisaje y alguno parecía tener vértigo, pero tampoco es algo espectacular. Una vez arriba te encontrarás un par de caminos que llegan los dos a la iglesia y en sus alrededores hay fantásticos miradores. Cuando yo subí hacía buen tiempo y pude disfrutar tanto del sol como de las vistas, intentando encontrar lugares que ya conocía.

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Enseguida bajé, porque no podía demorarme mucho. Tenía que ir a casa de Verde antes de que todos partieran hacia el Botánico, así que en cuanto estuve abajo llamé en un “Minutos” a Verde para confirmarle que ya estaba llegando y que me esperaran. Les encontré justo en una cafetería al pie de la vivienda, desayunando, y me uní a ellos.

En Transmilenio fuimos (Verde, el Moños, Pamela y yo) al Parque Simón Bolívar, gran complejo de jardines y laguna para descansar y pasear, donde también se realizan eventos como conciertos. Recorrimos gran parte del parque saliendo por otra de sus puertas que llevaba a una biblioteca que Verde nos quería enseñar, pero resultó estar cerrada y solo pudimos divisar su arquitectura exterior. Y al fin llegaba el turno del Jardín Botánico, tantas ganas que tenía… ¡A la mierda! Por ser 24 de Diciembre, cerraban antes de tiempo y cuando llegamos ya estaban las puertas chapadas. Ya no tendría oportunidad de conocerlo, pues el 25 no abrían y el 26 me iba.

Con mi desilusión me arrastraron a una calle perdida donde compramos algunos alimentos y una botella de wiski para afrontar la noche navideña que nos esperaba. El Verde nos había invitado a pasar la Navidad con su familia en una casa que tenían en el campo, a unos treinta kilómetros. En seguida nos vimos esperando un bus que nos llevaría a este lugar.

En el camino dormimos los cuatro y yo al menos no me enteré del tiempo transcurrido en la carretera, pero para mí fue un abrir y cerrar de ojos. La casa era grandota y en seguida adivinamos que la familia de Verde tenía los bolsillos bastante llenos. Desde el primer momento nos trataron muy bien y nos sentimos como en casa si no fuera por dos perros asesinos, uno atado y el otro suelto para matar. El miedo se palpaba en los tres, mientras que Verde y su hermano jugaban con ellos y nos decían que no pasaba nada, pero cuando estos no estaban se volvían agresivos y nos amenazaban con la mirada.

En la casa comimos muchos tamales veganos que nos preparaban con amor, bebimos, bailamos y jugamos al parchís, descubriendo que el juego es diferente en Colombia respecto a España, así que jugamos a las dos versiones… y así pasamos la tarde y llegamos a la maravillosa hora de los regalos navideños, donde nos sentimos un poco extraños contemplando la felicidad de una familia dándose regalos, aunque algo nos tocó a nosotros (unas galletas de parte de la madre de Verde, a la que llamaremos MamaVerde).

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Poco más ocurrió en la noche, muchos besos y abrazos, muchas felicitaciones navideñas y en seguida nos metimos en nuestras camas, la mía estaba en una habitación tenebrosa y oscura, pero me encontraba tan cansado que caí desmayado y no recuerdo nada más.

2 comentarios en “9. Seguridad y conflictos

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