3. Curiosidades de Rumanía II

Sigamos con las curiosidades rumanas, que estaba muy interesante y no me quiero perder ni una:

  • Hoy en día, Budapest, capital de Hungría, es conocida como la París del Este, apodo que arrebató a Bucarest, capital de Rumanía ¿Por qué dejó de serlo? Pues te lo puedes imaginar… Antes de la Segunda Guerra Mundial esta ciudad poseía grandes avenidas con enormes edificios, bellos y emblemáticos, un orgullo de ciudad en aquella época, pero llegó la guerra y con ella las bombas, la sangre y el dolor, y luego un gran terremoto por si te había parecido poco. Algunos edificios religiosos resistieron los ataques y el temblor, pero el posterior gobierno soviético no era muy amigo de las iglesias y catedrales, así que hubo santas demoliciones. Desde entonces se la recordará como la Antigua París del Este.

Y ya que he mencionado a Budapest… Como curiosidad graciosa os diré que ha habido muchos casos de equivocación entre las dos ciudades, Budapest y Bucarest. El caso más famoso es el de Michael Jackson, que en paz descanse, cuando en un concierto en la ciudad rumana gritó a sus fans rumanos “¡Viva Budapest!”, un error que también tuvieron los grupos de Metallica o Iron Maiden. No ocurrió lo mismo con los 400 aficionados del Athletic de Bilbao, pues fue un bulo aquella noticia que decía que una masa de aficionados vascos había ido a ver la final de la UEFA a la capital húngara por error… Eso nunca ocurrió a pesar de haber salido la noticia en todos los informativos ¡BULO!

  • Ceaushima es el término que utilizaron los rumanos para describir la locura urbanística y faraónica del dictador Ceaucescu, pues mezclando este nombre con Hiroshima obtenemos este resultado. Quería borrar todo aquello que le recordaba a un pasado burgués y aristócrata en esa ciudad apodada la París del Este, así que ideó un plan maldito después del terremoto, pues debía terminar lo empezado por la catástrofe. Tenía que limpiar ocho kilómetros cuadrados en plena ciudad, y eso es mucho, más que Gibraltar, para que te hagas una idea ¡Cataplum! Veinte iglesias, tres sinagogas, tres hospitales, tres monasterios, dos teatros y un estadio se fueron al garete, y no solo eso, mogollón de viviendas… 30.000 personas fueron trasladadas al extrarradio, para llenar los bloques soviéticos. Salvaron ocho iglesias colocando raíles y transportándolas, así Ceaucescu pudo alardear también de la tecnología de última generación que el comunismo “podía permitirse”. Un dineral que sumado a la millonada del palacio que construyó en este lugar, a pesar de la hambruna del pueblo, acabó colmando el vaso, cosa que se reflejó bien en la Revolución de 1989, donde acabaron ejecutando al dictador. Hoy en día el Palacio es el Parlamento Rumano, el edificio más caro y pesado de la historia de la humanidad, y el segundo más grande del mundo después del Pentágono estadounidense.

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  • Existieron rumanos malos, como Ceaucescu y rumanos que se recordarán por mejores labores. Entre este sector encontramos a Ana Aslan, una científica del siglo XX que descubrió que la procaina (un anestésico) contiene propiedades terapéuticas. Creó un producto que reparaba y renovaba las células dañadas o envejecidas. Una pionera en toda regla.

Johnny Weissmuller es tal vez la celebridad rumana más recordada por interpretar al gran Tarzán en Hollywood, realizando mogollón de películas sobre este personaje. No solo fue actor, empezó siendo nadador y waterpolista, ganando numerosas medallas para el equipo estadounidense, pues emigró con su familia a este país cuando solo tenía siete meses.

Herta Müller, aún vivita y coleando, escritora galardonada con el premio Novel de Literatura en 2009 por sus obras dedicadas a la miseria y malas condiciones de vida en la dictadura de nuestro buen amigo Ceaucescu.

Deportistas que han dejado huella son Gheorghe Muresan, una huella muy grande, pues se trata de la persona más alta que ha jugado en la NBA de todos los tiempos, 2,31 m. Y Nadia Comaneci, ex gimnasta, primera en conseguir la puntuación perfecta en unas Olimpiadas, además posee nueve medallas (cinco de oro).

  • España se regodea del “chupachups”, pero ¿Qué es eso comparado con la pluma estilográfica? Pues de Rumanía sale este invento tan práctico en su época. En 1827 Petrache Poenaru le colocó un cartucho a una pluma y así no tenían que estar mojándola todo el rato en tinta. Este hombre también diseñó la bandera nacional del país.

La cibernética generalizada tiene como creador a Stefan Odobleja, pero como encuentro muy pocas referencias sobre este hombre en castellano tampoco puedo incidir mucho en el científico.

El béisbol viene de la oina, y la oina es un deporte ancestral rumano. Desde 1364 se tiene constancia de este juego deportivo que realizaban los pastores en el territorio que hoy en día conocemos como Rumanía y Moldavia. Es muy similar al béisbol, pero tiene algunas variantes.

Henry Coanda fue un inventor conocido por sus investigaciones en la aerodinámica y la creación del primer avión propulsado por motor a reacción. También descubrió el efecto coanda.

  • La ciudad de Brasov, en medio de los Cárpatos, alberga en sus alrededores todo un ejército de osos que ya no encuentran comida en los bosques, por lo tanto no les queda más remedio que adentrarse en la peligrosa jungla de hormigón, donde contactan con su mayor enemigo, el ser humano. Son frecuentes los encuentros con osos que rebuscan en los contenedores e incluso ha habido casos de allanamientos… Imagínate que te levantas por la noche a beber agua y te encuentras con un oso rebuscando en tu despensa, pues en ciertas ciudades montañosas de Rumanía ocurre, porque este país alberga a la mayor cantidad de osos de la Unión Europea. La mucha comida que se tira y la curiosidad del turista aumenta los encuentros con este animal, que no siempre acaban bien, pues se cobra varias vidas humanas al año, pero más de osos, porque cazarlos es un deporte muy popular en Rumanía, por desgracia.

Y al fin doy por terminada esta lista de curiosidades rumanas que espero que te sirvan para hacerte el listo con tu familia y/o ligar con tus “amigxs”, porque si no para qué. En la próxima entrada hablaremos del señor Vlad Tepes, conocido en occidente como Drácula.


Domingo 19, el viento nos mueve.

A pesar del poco tiempo que nos quedaba en Bucarest no tuvimos la suficiente fuerza de voluntad para levantarnos a una hora aceptable en nuestra situación, lo que retrasó el aseo, la hora del té y la recogida de macutos. Miron nos quería acompañar en nuestra última vuelta, así que nos trasladamos de nuevo a la zona céntrica en su coche, porque como no había parquímetros en toda la ciudad, pues no había problema para dejar el carro.

Atravesando el río artificial Dambovita llegamos al Palacio del Parlamento, el segundo edificio gubernamental más grande del mundo. Es tocho, sí, y en su interior también podrás encontrar el Museo de Arte Contemporáneo. Nosotros dimos un agradable paseo por el Parque Izvor, que se encuentra en un lateral de esta gigantesca edificación… A Fosforito le ponía nerviosa no poder hacer fotos en las que saliese el Parlamento entero, pero claro, ella siempre realiza fotos en vertical, así que es entendible su frustración.

Caminando y caminando llegamos a la iglesia de San Eleuterio (Biserica Sfantul Elefterie), cerca del Parlamento, pero antes de descubrir su interior nos metimos a una cafetería para saciar los vicios de Fosforito, y los míos también, que me pimplé un postre de mermelada (por error, yo lo quería de chocolate). Aquí también nos encontramos a dos parejas de jóvenes andaluces que estaban de aventura por Rumanía y Bulgaria, pero andaban un poco perdidos, la verdad, así que nuestro rumano favorito, Miron, les aconsejó algunos lugares chulis.

Al salir entramos (paradoja) en la iglesia antes citada. Los templos ortodoxos son una maravilla tanto vista desde fuera como por dentro. Sin duda son mis favoritas en cuanto a la secta cristiana, y en Bucarest llaman mucho la atención porque hay una gran cantidad y porque dan un contraste notable con el resto de edificaciones. A menos de doscientos metros nos topamos con otra mucho más pequeña y con el mismo nombre, aunque con el apodo de “vieja”.

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Paseábamos por un barrio de mansiones y así llegamos a la estación de Metro Eroilor. De aquí nos fuimos otra vez a la zona más céntrica porque a Doña Fosforito se le había antojado una librería y quería pillar libros en rumano para hacer como que leía y así parecer más interesante. Luego volvimos al Metro porque aún debíamos descubrir el Arco del Triunfo, pero no el parisino, sino el bucaristino, que es muy similar. A su vera se encuentra el gran Parque Herastrau, el más grande de la ciudad, un dato interesante sabiendo que Bucarest posee muchísimos parques, solo hay que mirarlo en Google Maps. Gran parte del parque está ocupado por un bonito lago en el que se puede remar en verano y patinar sobre hielo en invierno. Nosotros no teníamos tiempo para llegar hasta el lago, pero sí para visitar el Museo de los Pueblos Rumanos, también en el interior del parque. La entrada era barata, y con el carnet de estudiantes aún más (cuela el carnet joven). El museo muestra las diferentes arquitecturas de los pueblos del país.

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A la salida del parque se encontraba la parada del autobús que nos llevaría al aeropuerto, y fue aquí donde nos despedimos de nuestro gran amigo y anfitrión Miron. En el aeropuerto fue un poco caos, porque nos equivocamos y nos metimos en el control de migración, o sea, en vuelos internacionales, así que para salir fue complicado… Fosforito quiso salir sin avisar y a toda velocidad y un policía casi le mete un tiro en la sien, pero cuando enseñamos nuestros billetes se tranquilizó la cosa y nos dejaron salir a la zona de vuelos nacionales. Lo demás pasó muy rápido, esperamos la cola, mi compañera se ponía farruca con la gente porque intentaban colarse y al rato ya estábamos sentados en el avión. Una hora de viaje hasta Timisoara.

Esta ciudad rumana es la cuarta en número de habitantes, famosa por la revolución de 1989 que acabó con la dictadura de Nicolae  Ceausescu, sublevación que comenzó en Timisoara. Fue la primera ciudad europea en utilizar alumbrado eléctrico para la población. Y como última curiosidad… Aquí nació Johnny Weissmüler (el antiguo actor de Tarzán).

Teníamos la dirección de un host, pero no sabíamos si algún autobús nos llevaría allí, así que pillamos un taxi que nos dejó en la misma puerta. Para nuestra sorpresa descubrimos que aquello no era un host, sino un hostal, aunque no nos importó mucho, la verdad. Duramos el tiempo que se tarda en subir, desprenderte de las maletas y salir, porque enseguida nos encontrábamos esperando al tranvía para aprovechar las últimas dos horas del día, aunque ya de noche.

Fosforito nunca había montado en un tranvía y eso le ponía bien cachonda, aunque resultaba ser una red con coches bastante modernos y no tenía mucho encanto, pero bueno, mi compi se lo pasaba teta.

Resultó ser un paseo agradable aquel comienzo de noche. Recorriendo la Plaza de la Victoria pasas por la Fuente del Pescado y la estatua de La Loba Capitolina antes de llegar a la famosa Catedral Metropolitana, y aquí fue donde nos empezó a llover un poco y con la cena entre las manos, así que nos refugiamos en el local de comida rápida (casi el único abierto a las 22:00h).

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La lluvia nos intimidó y decidimos volvernos en el autobús, pues la parada la teníamos cerca, aunque estaba custodiada por una manada de perros callejeros que no te dejaban pasar si no les lanzabas una pelota, y así hicimos varias veces hasta que llegó nuestro bus y marchamos al hostal. Cuando llegamos ya era hora de dormir la mona, que al día siguiente sí era obligatorio madrugar, pues solo teníamos medio día para conocer aquella ciudad antes de volver a la patria. Menos mal que Timisoara no era muy grande.

Un comentario en “3. Curiosidades de Rumanía II

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