3. ¿Qué ver? II

IX. Plaza Venezia

La pieza que domina esta plaza es sin duda el monumento dedicado a Víctor Manuel II de Saboya. Se lo conoce como “Il Vitoriano”. Verás al señor Víctor Manuel II representado en un caballo y tras él, a los guardias, armas en mano, custodiando el lugar, y la llama, que no se debe apagar. Más cosas en la Plaza… El Palacio Venezia, del siglo XV. Aquí, Missolini hizo su cuartel general, y en el balcón que da a la plaza es donde el dictador daba sus pacíficos discursos.

X. Panteón

El Emperador Adriano construyó este bicho en el siglo II remplazando otro templo. Es el edificio de las remodelaciones: En el siglo XVII le colocaron dos orejas de burro (así lo llamaba la gente), que en realidad eran dos torres a los lados, pero como no gustaba a nadie las volvieron a quitar. El tejado antes era de bronce, pero parece que algún tío importante lo arrancó todo para adornar otras zonas lejanas. La cúpula es más grande que la de la Basílica de San Pedro, y en el centro de la cúpula hay una ventanita circular por donde entran los rayos de Dios. Aquí está enterrado el pintor Rafael Sancio, junto a otros pocos ilustres.

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XI. Plaza Navona

Aquí había antes un estadio de atletismo, por eso, esta hermosa plaza es alargada, ideal para los artistas callejeros en invierno y para los puestos navideños en verano… O al revés. En el centro de la plaza verás la Fuente de los Cuatro Ríos de Bernini, representados por cuatro gigantes. Estos ríos son el Ganges, el Nilo, el Río de la Plata y el Danubio, pues eran los más grandes conocidos hasta el momento. Otras fuentes en la plaza son la del Moro y la de Neptuno. Con el agua de estas fuentes se llenaba la plaza todos los veranos anteriores al siglo XIX para fascinar al pueblo con batallas navales.

XII. Fontana de Trevi

Tal vez sea la fuente más famosa del mundo. Un Neptuno enorme es el corazón de esta ciudad, rodeado de tritones y caballitos sirenas. Calma y tempestad, abundancia y salud, esto y más está representado en la escultura. Y tanta fama ¿A qué se debe? No le quitemos valor artístico, el monumento es impresionante, pero tal vez, que haya salido en varias películas triunfadoras como “La Dolce Vita”, haya tenido algo que ver.

XIII. Plaza de España

Difícil caminar por aquí con tanto turista ¿Y qué hay aquí? Pues lo mejor es la escalinata que sube hacia una iglesia, aunque el verdadero premio por subir los peldaños es sin duda las buenas vistas. Al pie de la escalera hay una fuente (otra más en Roma, que se vea que les sobra el agua), obra del padre de Bernini.

XIV. Plaza y Puerta del Popolo

Gran plaza presidida de un alto monolito egipcio (que no es el único en la ciudad). Entrando por la Vía del Corso, verás en la desembocadura a la plaza dos iglesias, una a cada lado, muy parecidas entre ellas, pero no idénticas, pues tienen una gran diferencia en la cúpula. Varias fuentes y cafés decoran la plaza y al frente (mirando desde la Vía del Corso) estará la Puerta del Popolo, creada en el siglo XVI. Verás un par de figuras de San Pedro y San Pablo estampadas en la puerta y un escudo de los Medici en la parte superior, centrado. En este lugar se celebraban las ejecuciones públicas allá por los siglos XVIII y XIX, y aún huele a sangre.

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XV. Villa Borghese

Un parque tocho, bonito y céntrico, aunque dentro creerás estar aislado de la contaminación de la urbe. Fue creado en el siglo XVII por el Cardenal Scipione Borghese. Aquí dentro podrás andar, correr, montar en bicicleta y si tienes alas, hasta podrás volar. Dentro hay árboles, fuentes, un zoo, un lago y un anfiteatro, entre otras cosas locas. Tal vez lo más famoso del parque sea el Museo Borghese, galería de arte. Dentro verás mogollón de esculturas y pinturas de altos valores, como la escultura de Apolo y Dafne.

XVI. Trastevere

Popular y animado barrio de Roma. Aceras empedradas y fachadas medievales. Bonitos paseos te darás por esta zona, donde también comerás y/o cenarás de maravilla con la amplia gama de restaurantes, además de galerías de arte y tiendecitas artesanales. Aquí eligieron asentarse los primeros cristianos de la ciudad, y por ello encontrarás tantos templos de esta religión.

XVII. Castillo de Sant’Angelo

Otro emblema de la capital italiana. Se trata de un castillo del año 139, así que no es nada moderno. Se construyó como mausoleo imperial, pero más tarde se convirtió en la fortificación que es, con sus murallas y foso. También fue una prisión y la residencia del Papa. Junto al Castillo está el puente más bonito de Roma, con sus diez ángeles ornamentales diseñados por Bernini.


III

¡Otro día de cuento les esperaba! Esa mañana querían adentrarse en el gran Coliseo de Roma, el sucesor de los circos y plazas de toros de hoy en día, una catástrofe que la tortura y la condena a muerte siga siendo un espectáculo a día de hoy, a pesar de que la humanidad se considera más civilizada.

Los ojos de los madrileños se hicieron grandes al contemplar por dentro aquella plaza que tantas muertes había acogido. También era sorprendente la masificación, un lugar donde caben más personas que habitantes tiene Mónaco, San Marino, Liechtenstein, Gibraltar y, por supuesto, el Vaticano. Por un instante se sintieron como Pulgarcito en una gran ciudad, sorteando obstáculos móviles por cualquier lado. Subieron, bajaron, se hicieron selfies con la varita, bailaron un vals y sobre todo admiraron a una de las siete Maravillas del Mundo.

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La verdad es que la visita a aquel circo les llevó un tiempo considerable, y al salir ya se encontraron enredados por el hambre ¡Maldito hambre! Pero no les importó colocarse en una pequeña colina a comer unos sándwiches mientras divisaban a las guardianas del Coliseo… Esas gaviotas malditas que son capaces de acechar incluso a la mismísima Diana, diosa que les dio vida.

Se asustaron de los pájaros malditos y se tuvieron que marchar a esperar una enorme fila semi-humana para entrar al Monte Palatino. En este lugar pasaron largas horas conociendo su historia y leyenda. Se dice que Rómulo fundó la ciudad en esta colina y que a partir de ahí (esto ya fuera de la leyenda), fue la residencia oficial del resto de emperadores. En este alto lugar pudieron ver todas las piedras que hace mucho tiempo formaron los palacios. Y desde tan arriba consiguieron una vista de pájaro para contemplar mejor el Coliseo, el Foro, el Circo Máximo y otras bellezas hechas polvo.

Solo el Coliseo, el Palatino y el Foro ocupan un día de luz, así que lo que les quedaba ahora a los sedientos viajeros era conocer otras zonas, pero con menos luz. Caminaron por las callejuelas parándose de vez en cuando en los pequeños comercios de postales, gelaterías, la carpintería de Geppetto, puestos ambulantes, etcétera. Y así fue la cosa hasta que llegaron al Obelisco de la Plaza Minerva, conocido más como el Obelisco del Elefante, pues un Dumbo sostiene el obelisco. Fue entonces cuando los viejóvenes viajeros se percataron de que había muchos obeliscos en Roma, y una gran cantidad de ellos tenían grabados egipcios ¿Por qué? Tal vez en la sección de curiosidades se resuelva esta extraña cuestión.

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Muy cerquita se encontraba el gigantesco Panteón, pero estaba cerrado e imposible de abrir. Ni siquiera les dejaron pasar mostrando la patita de Fosforito por debajo de la puerta, para que viesen que no eran unos malos ¡Qué remedio! Se dijeron apenados.

Otro paseo en la oscuridad para aparecerse frente a ellos (o frente a ellas, pues el orden de los factores no altera el producto) la plaza Largo di la Torre Argentina, que no tiene nada que ver con el país americano, pues en realidad viene del antiguo nombre de Estrasburgo (ciudad francesa), pues poseía el nombre de Argentoratum. Se trata de una plaza ruinosa donde se puede distinguir malamente y gracias a unas reconstrucciones gráficas, cuatro templos y parte del Teatro de Pompeyo, lugar donde asesinaron a Julio César.

Algo más al sur fueron a encontrarse con la Fuente de las Tortugas, donde estos animales de piedra descansan y cogen fuerza tras las carreras contra sus eternas enemigas, las liebres. Esta fuente se encontraba justo en el lugar donde querían estar, el barrio judío de Roma. Aquí les entró hambre y no dudaron en cenar timos, pues al igual que Blancanieves pensó que la manzana no tendría consecuencias; David no observó que el plato de pasta con verduras que el chef había elegido para él, fue el plato más caro que jamás comió. Nuestros españoles se rieron y lloraron a la vez.

Mientras huían de la zona, pudieron ver por fuera la Sinagoga, el Pórtico de Octavia, el Templo de Apolo Sosiano y el Teatro Marcelo. Ahora sí que sí, un autobús los dejó en la puerta del hostal para terminar un feliz día.

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