4. Dioses Romanos

Todas sabemos que la mitología griega ha influido enormemente en la romana, de hecho, como ya hemos visto anteriormente, los antepasados de Rómulo (fundador de Roma) vienen de Troya y, por lo tanto, mitología griega. Digamos que los romanos no fueron muy originales a la hora de crear una potente mitología, porque, aunque nacen nuevos mitos, la deidad es idéntica y únicamente los diferenciamos por los nombres: Zeus/Júpiter, Atenea/Minerva o Poseidón/Neptuno. Sí existen pequeñas diferencias como por ejemplo las ideas que algunos dioses representan: Marte es el Dios romano de la guerra, la fertilidad y la agricultura, sin embargo, Ares (equivalente griego) es el Dios de la guerra, únicamente.

A mí el tema este de la mitología siempre me ha llamado mucho la atención. Ya escribí algo de mitología hindú hace unos años y es algo que disfruto haciendo, así que aquí va una presentación de algunos Dioses y Diosas romanas, con el equivalente griego entre paréntesis:

  • Júpiter (Zeus). Es obligatorio comenzar por el dios de los dioses. Representa el poder, el cielo y el aire. El cetro, el águila y el rayo son sus atributos. Sobrevivió a los banquetes de su padre Saturno, pues este tenía un pacto con su hermano mayor Titán. Saturno gobernaría si no obtenía descendencia, por lo tanto, devoraba a todos sus hijos e hijas (de ahí el macabro cuadro de Goya). Júpiter escapó de sus fauces cuando era un bebé gracias a su madre (junto con sus hermanos Neptuno y Plutón), y cuando este creció se enfrentó a su tío Titán primero y a su padre después, obteniendo ambas victorias que le convertiría en el padre de todos los dioses y mortales.
  • Juno (Hera). Diosa del matrimonio y representante de la maternidad. Reina de los dioses junto con su hermano y esposo Júpiter. Con este engendran dos hijos llamados Vulcano y Marte.
  • Minerva (Atenea). Esta es una de mis favoritas. Diosa de la sabiduría. Su madre Metis fue la primera esposa de Júpiter y, según los vaticinios de Gea, el hijo que naciera de aquella unión podría destronar a su padre, por lo tanto Júpiter quiso solucionar este problema de una manera un poco drástica… Metis podía metamorfosearse en cualquier cosa, así que cuando esta estaba embarazada de Minerva, Júpiter (se podría decir que jugando) la retó para ver si podría convertirse en gota de agua, y cuando Metis fue a demostrarlo tomando forma de gota, Júpiter abrió la boca y se la tragó. Esto provocó en el Dios supremo un dolor intenso en la cabeza, por lo que pidió a su hijo Vulcano que le abriese la cabeza con un hacha (hablamos de seres inmortales) y, cuando esto ocurrió salió Minerva, completamente protegida por su armadura. Minerva, Juno y Júpiter forman la Triada Capitolina.

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  • Neptuno (Poseidón). Dios de los mares (agua en general) y del caballo. Hijo superviviente de Saturno y hermano de Júpiter. Con Salacia, diosa del mar tranquilo y una de sus esposas, engendraron a los tritones (el Dios Tritón entre ellos). Su atributo inseparable es el tridente, con el que agita y calma las olas, los tornados y las nubes.
  • Plutón (Hades). El Dios del inframundo, el que te espera después de la vida, rey de los muertos. Todo ser mortal acaba en su oscuro reino. Su perro Cerbero, de tres cabezas, espera tu llegada. Es hermano de Júpiter y Neptuno. Proserpina, hija de Júpiter y Ceres (por lo tanto, sobrina de Plutón), fue su esposa provocado por un flechazo de Apolo, derivando en el rapto de la chica y conducida al inframundo. Tras un pacto con Júpiter, Proserpina sale del reino de los muertos durante seis meses, dando lugar a la primavera y al verano, y vuelve durante los seis meses restantes, secando todas las hojas y dejando pasar el frío del otoño y el invierno.
  • Marte (Ares). Dios de la guerra y la fertilidad. Uno de los más temidos por lo que conlleva. Se le considera el padre de Rómulo y Remo. Cuando Minerva salió de la cabeza de Júpiter, Juno huyó celosa, yendo a parar a los campos de Oleno, indicada por Flora (diosa de las flores). Allí vio la flor más hermosa jamás vista, al cogerla y abrazarla resultó ser el propio Júpiter. No sé cómo, porque no estuve allí, pero en ese momento surgió Marte, siendo hijo de estos dos dioses. Belona (Diosa de la guerra) fue su esposa y su hermana (lo del incesto era una costumbre divina).
  • Vulcano (Hefesto). Dios del fuego y herrero de las armas de su enorme familia. Cuando Júpiter vio lo horrendo que era el nuevo bebé que había engendrado lo lanzó a tomar vientos, hiriendo a su hijo en una pierna, y desde entonces sería cojo además de feo. Se casó con su hermanita Venus, pero como esta era muy superficial no estaba muy contenta, así que le engañaba de vez en cuando con Marte… Todo un típico.
  • Venus (Afrodita). Esta Diosa representaba, según los cánones de belleza establecidos por la sociedad romana de la época, justamente eso, la belleza y lo hermoso en el cuerpo animal y en el resto de cosas. También Diosa del amor y de la fertilidad. Representada con la manzana del pecad… ¡Ah no! Eso es otra religión.
  • Febo (Apolo). Un tío rebelde que solo su padre Júpiter y su madre Latona sabían pararle los pies. Dios de muchas cosas: belleza, perfección, muerte, curación, música, armonía… Muy completo el chico. Iba con su arco y con su lira a todas partes haciendo travesuras cuando se le antojaba.
  • Diana (Artemisa). Hermanita melliza de Febo y Diosa de la caza y la naturaleza. También se paseaba por los bosques con su arco cual amazonas, aunque no era tan traviesa como su hermano. Siempre joven y casta.

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  • Otras Diosas y Dioses de importancia. Vesta (Hestia), Diosa del hogar y símbolo de la fidelidad. Ceres (Deméter) es la Diosa de la agricultura. Estas dos Diosas son hermanas de Júpiter, Neptuno, Vulcano y Juno, por lo tanto, son supervivientes del banquete de Saturno. Mercurio (Hermes), mensajero de los Dioses, hijo de Júpiter y Maia, solo él tiene permiso para entrar al Inframundo de Vulcano. Baco (Dioniso), no podría olvidarme al Dios del vino y de las bacanales, que siendo hijo de Júpiter y de una mujer mortal llamada Semele, consiguió convencer a su padre para que le convirtiera en Dios y así vivir en el Olimpo.

IV

Se acerca el final del cuento. Esto es algo irremediable, pues todo tiene su inicio y su conclusión, y este viaje huele a triste final.

Salir de un país y entrar al cabo de pocas horas puede ser algo sospechoso, tal vez, pero en el caso de Italia ocurre de manera multitudinaria por albergar en su interior dos países enclavados, que son San Marino y Ciudad del Vaticano. Este último tiene la mayor afluencia y con mucha diferencia, y de este va el capítulo, así que empezaría así: En un país muy, muy cercano…

… Dos medio-jóvenes –que son los mismos que en los capítulos anteriores– se introdujeron sutilmente, simplemente para visitarlo. La visita duraría prácticamente todo el día, así que imaginad como iban a acabar estos pobres personajes.

Fliparon con la gigantesca cola (sin pensar mal) que rodeaba por dentro la Plaza de San Pedro, solo para ver la Basílica, así que, para posponer los males, decidieron ir primero a los Museos Vaticanos, pues tenían entrada y se iban a evitar otra enorme fila humana.

Fue un camino largo hasta los museos, la verdad, pues tuvieron que rodear la muralla (entrando y saliendo de un país a otro nuevamente) y luego pasar un cacheo importante. Ya dentro había que tener un buen ojo para no liarla, porque parece ser que intentan engañarte con los carteles para que te vayas pronto de allí (te conducen primeramente a la Capilla Sixtina y luego no puedes dar marcha atrás para ver los museos), pero nuestros amigos fueron avispados y, consiguiendo un mapita, lograron visitar todos los museos.

Los museos hicieron que David y Fosforito pudieran viajar en el tiempo viendo arte de la antigua Grecia, Roma, Egipto, del Renacimiento, Barroco… Parece que disfrutaron enormemente del paseo a pesar del cansancio que esto suponía. La visita terminaba prácticamente con la Capilla Sixtina, donde varios lobos feroces intentaban morder a aquellos cabritos que querían tomar una foto a la maravilla de Miguel Ángel.

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Salieron agotados, pero con ganas de más, así que sin dudarlo se colocaron en la fila que llevaba a la Basílica de San Pedro, y ahí estuvieron al menos una hora para luego estar dentro menos de quince minutos. Saludaron al Papa y se marcharon. Cosas que pasan.

Entraron de nuevo en Roma y corrieron hacia el Panteón, pues se habían quedado con muchas ganas de verlo por dentro el día anterior y bueno… Digamos que a David le decepcionó un poco, pues era una cámara circular gigantesca con un ventanal enorme y centrado en la parte superior.

Terminaron el día en la Fontana de Trevi. Regresaron para verlo de día, por si la luz solar cambiaba las figuritas o algo y en vez de encontrarse a Neptuno con los tritones y los caballitos, se encontraban a Úrsula cantando con Ariel, pero no… El monumento seguía siendo el mismo. Y caminando de aquí para allá iban tropezando con las diferentes piedras ruinosas y con mucha historia detrás. Un ejemplo es este edificio con columnas que estaba escondido en las callejuelas de Roma:

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Así terminó el día. Los chumachos llegaron a su habitación, que ya era de ladrillos, y esperaron una nueva noche para llegar al último día del cuento.

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