5. Curiosidades de Roma y Vaticano

Vamos a darle a las curiosidades… A lo que nos gusta, los cotilleos, marujones. Los chismes interculturales que seguramente nos servirán en nuestra vida para… para nada de nada. Únicamente para comentarlos con otros buitres.

  • Obeliscos egipcios.

En Roma existen 13 obeliscos, de los cuales, ocho tienen origen egipcio. Te los irás encontrando en tus paseos por la ciudad, pero ¿Por qué hay monumentos egipcios en Roma? Pues claro, Roma conquistó todo el Mediterráneo, y ahí entra Egipto, así que, al igual que hicieron los británicos en país africano en el siglo XVIII (o los españoles después de la invasión americana), los romanos robaron estos obeliscos, colocándolos donde mejor les venía. La más alta, llamada Lateranense, se encuentra en la plaza de San Juan de Letrán. La más imponente puede que sea la del Vaticano, en la Plaza de San Pedro. Otras famositas son el obelisco Flamilio (en la Plaza del Pópolo) o el Minerveo, que es la del Elefante, en la Plaza Santa María sobre Minerva. Ahora encuentra tú la otra mitad de obeliscos ¡Suerte!

  • La hucha de Trevi.

Sin querer te puedes topar con la fuente más grande de la capital italiana, porque esta se encuentra escondida entre callejones. Aquí, los turistas más supersticiosos (y algún escéptico), se colocan de espaldas a la fuente y arrojan una moneda con su mano derecha y sobre su hombro izquierdo. Lo hacen para asegurarse una segunda visita a la ciudad. Pero hay muchas y muchos que no saben que, si en vez de una lanzan dos, el mito les promete el amor. Y si lanzan tres ¡Se casan! Pero ¿Qué pasa con este dineral que, aparentemente, acaba en posesión de Poseidón (Neptuno, mejor dicho)? Pues antes siempre habían avispados que mojándose un poco las piernas conseguían llevar caviar a casa para su familia, pero desde hace pocos años, este dinero se supone que se recoge para Cáritas, llegando a ser hasta de un millón de euros al año ¡Flipas!

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  • El tiempo y el espacio.

Desde siempre, los misterios de la vida han sido los mismos: para responder a la muerte nos inventamos dioses… El tiempo pasa y no perdona. Nadie puede salvarse, y a algo tan poderoso hay que darle un nombre divino. El calendario romano (solar) tenía en sus orígenes únicamente 10 meses y comenzaba en marzo, durando el año 304 días. Posteriormente se añadieron los meses de enero y febrero. Marzo tiene ese nombre en honor al Dios Marte, pues era el mes en el que los romanos preparaban las campañas militares. Mayo viene de la Diosa Maia, deidad del crecimiento y Junio de Juno. Ahora bien, considerándose dioses estos emperadores decidieron denominar a algunos meses con sus nombres, como es el caso de Julio (Julio César) o Agosto (Octavio Augusto). Los meses que nos quedan no tienen nombres divinos, sino algo más sencillo: Septiembre (siete), octubre (ocho), noviembre (nueve) y diciembre (diez). Recuerda que el calendario empezó teniendo 10 mesecitos.

Lo mismo ocurre con los días de la semana: lunes (Diosa Luna), martes (Dios Marte), miércoles (Dios Mercurio), jueves (Dios Júpiter), viernes (Diosa Venus) y sábado (Dios Saturno). El domingo se denominaba en la época romana “dies solis” (día del Sol), algo que los ingleses siguen haciendo (sunday), sin embargo, el cristianismo ha preferido cambiarlo en nuestra lengua a domingo (día del Señor).

Ahora sí, el firmamento, otro gran misterio. No es que los romanos descubriesen los planetas, pero sí fueron ellos los que registraron sus nombres por todos lados, así que nos hemos quedado con ellos. Menos Plutón, Urano y Neptuno que, el nombre llegó tarde, los demás planetas sí vienen directamente desde Roma: Mercurio recibe este nombre porque, al igual que el mensajero de los Dioses, se mueve bien rápido en el cielo. Venus, el cuerpo que más brilla en el cielo (después del Sol y la Luna) no podría tener otro nombre que el de la Diosa más hermosa. Marte, roja como la sangre ¿Cómo no iba a adoptar el nombre del Dios de la guerra? Júpiter, el más grande de los planetas para el más grande de los Dioses. Saturno, el Dios del tiempo da su nombre al planeta que durante más tiempo se ve en el firmamento. Y no nos olvidemos de la Tierra, antiguamente llamada Gea por los griegos, la Diosa en la que vivimos.

  • La Boca de la Verdad.

Existe en Roma una roca de mármol circular como una rueda, simulando en una de sus partes planas el rostro de Neptuno. Tiene cinco orificios: dos son los ojos, otros dos las fosas nasales y el orificio más amplio es la boca, donde cabe perfectamente una mano.

Recibe este nombre (Boca de la Verdad) porque se dice que, si alguien introduce su mano en la boca y cuenta una mentira, la boca se cierra de inmediato amputando el miembro de la persona osada. La leyenda cuenta que una mujer estaba siendo presionada por su marido para introducir la mano ante una acusación de adulterio. Dicha mujer, para escapar de la boca de piedra, tramó un plan con su amante y, justo antes de introducir la mano simuló un desmayo, siendo el amante (haciendo creer al marido que pasaba por ahí casualmente) quien la recogió en brazos. Cuando la mujer pareció haberse recuperado, introdujo la mano y dijo “Juro que solo he estado en los brazos de mi marido y de aquel hombre que me recogió del desmayo”. Su mano se salvó. Esta roca la podrás encontrar en la iglesia Santa María in Cosmedin.

  • El Campidoglio.

De este lugar ya hemos hablado en anteriores entradas, pero tiene alguna que otra curiosidad. Fue la colina sagrada de Roma, sosteniendo en su cima el templo de Júpiter, y a este llegaban las tropas vencedoras. En la Edad Media fue el símbolo de poder del mandamás del lugar, el Papa. Y en el Renacimiento, el famosísimo Miguel Ángel diseñó la actual plaza ovalada que se encuentra en lo alto desde 1536. Construida para impresionar a Carlos V de España, que iba de visita. La colina se encontraba en un estado lamentable, por eso se le pidió ayuda al genio de los genios, y claro, Miguel Ángel volvió a triunfar. Subirás a la plaza por unas escaleras con el nombre de “Cordonata”, estas son anchas, en cuesta y con peldaños muy bajitos, para facilitar el acceso a caballo. La plaza es ovalada para dar sensación de profundidad. En frente se puede ver la sede del Ayuntamiento (desde la Edad Media) y a cada lado de la Cordonata están los Museos Capitolinos. En medio de la plaza veremos una estatua ecuestre con Marco Aurelio montado. Parece que el Emperador hace un gesto compasivo, pero se dice que antes había colocada una cabeza decapitada bajo una de las patas delanteras del caballo.

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  • Vaticano.

La Ciudad del Vaticano es un país, todo capital y con el mismo nombre que el país. Por supuesto es el país más pequeño del mundo y con la población más baja (1000 habitantes). Siendo el país tan enano obtiene varios records: es el más urbanizado del mundo (la Basílica y la Plaza ocupan un 20% de la superficie). También tiene el índice de criminalidad más alto, pues el turismo (44.000 visitas diarias) es un imán para los ladronzuelos. Eso sí, el Estado tiene a los mejores guardias suizos. La lengua oficial del país es el latín y lo podrás comprobar en los cajeros automáticos. Entre donaciones de los fieles y la venta de souvenirs, el Micro-Estado se puede permitir no cobrar impuestos. El Papa es el jefe supremo del país, pero no lo dirige él, sino un cardenal elegido por, en este caso, el Papa Francisco. Curiosidades así tiene muchas, por su condición de país enano es curioso que tenga su propio equipo de fútbol creado sobre todo por los guardias suizos, o que cada año saque un calendario caliente con los sacerdotes más sexis… Esto no te lo esperabas ¿Eh?


V

Tuvieron que madrugar si querían terminar felizmente este cuento, porque aún les quedaban mil cosas que ver, y aunque sabían que no les daría tiempo a ver todo, tenían la esperanza de conocer lo mejor de la ciudad. Pocas horas les quedaban, ya que la alfombra mágica que les llevaría de vuelta a Madrid despegaría por la tarde de ese mismo día.

Tuvieron que priorizar, así que eligieron una basílica y un museo ¿Por qué no? El templo, que fue lo primero que visitaron, se llamaba San Pietro in Vincoli, y su mayor atractivo es el Moisés de Miguel Ángel que se encuentra en su interior. Bajo el monumento podrás encontrar si escavas (cosa que dudo que te dejen hacer), el cadáver del Papa Julio II, un tío que si siguiera vivo tendría 515 tacos (en 2018), pero no os preocupéis, que ahora es polvo bajo el Moisés.

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El segundo objetivo del día estaba en los Museos Capitolinos, dando forma a la Plaza del Campidoglio, en la cima de la colina Capitolina. Allí se vieron unos minutos después, en lo más alto y, aun así, bajo la estatua de Marco Aurelio. Los museos son dos edificios, uno en frente del otro y a derecha e izquierda mirando desde las escaleras. Ellos entraron primero al de la derecha, bajaron un sótano y fueron saltando de escultura en escultura hasta que de repente, se percataron de que se encontraban en el edificio de la izquierda ¿Cómo pudo ser? Pues resulta que había una galería subterránea que unía los dos edificios. Eso sí, nuestros viajeros estuvieron largo rato desconcertados, todo hay que decirlo.

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Entre óleo y estatua, busto filosófico y Loba Capitolina, restaurante y pie gigante, se les hizo tarde y tuvieron que salir corriendo cual conejo en el País de las Maravillas, con un reloj en el cual las horas saltaban.

Lo solventaron todo con mucha rapidez. Llegaron al hostel justamente después de cazar las últimas porciones de pizza para comer. Agarraron las mochilas y escaparon hacia el aeropuerto sin dar besos a ninguna rana. Ya en el control del aeropuerto tuvieron algún problema con unas navajas que llevaban, pero nada fuera de lo normal… Navajas, drogas, animales exóticos…

¡Y nada más! Sin haber comido perdices en ningún momento (ni queriendo hacerlo), os diré: ¡Colorín colorado, este cuento se autodestruirá en cinco segundos!

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Un comentario en “5. Curiosidades de Roma y Vaticano

  1. Pingback: 5. Grecia curiosa – ¡Vaya Diario!

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