2. En Atenas hay…

… Muchas cosas que ver y hacer, como sospechabas. Así que te traigo una lista resumida de aquellas actividades que a mí me parecieron más interesantes, y la verdad, espero no equivocarme, pues eso me entristecería muchísimo.

Antes de nada, unas recomendaciones: En esta ciudad y en todos los demás lugares que visité en Grecia se suben a la parra con los precios de las entradas a museos o complejos arqueológicos, y existen tantos que duele mucho tener que soltar lo que piden en cada visita. Hay un ticket único para entran a la mayoría de restos arqueológicos como El Acrópolis, el Templo de Zeus, el Ágora, etc. Cada una por separado puede costar entre 6 y 12 euros, pero el billete único tiene un precio de 30 euritos. Obviamente, si haces la cuenta te percatarás de que sale mucho más rentable el billete único. Nosotras lo compramos en la taquilla del Acrópolis (supongo que en cualquier taquilla lo tienen), es indispensable si no quieres arruinarte.

El segundo consejo es un truco bastante pirata. Grecia ha sufrido y sigue sufriendo una crisis económica descomunal. La pobreza se palpa con los cinco sentidos. Tal vez por eso, los precios para acceder a los lugares de interés turísticos están tan inflados, y no los juzgo, pues la mayoría de los turistas se lo pueden permitir, pero no todos y ellos lo saben mejor que nadie. Los estudiantes tienen descuentos para muchísimas cosas (incluso en el metro), y los estudiantes de la Unión Europea pueden adquirir un ticket gratuito para todas las visitas. El problema es que no solo los estudiantes están flojos de pasta, hay muchas más situaciones sociales que impedirían hacer una visita como Atenea manda. La cosa es que cuando vas a adquirir el billete, si dices que eres estudiante les tienes que dar el carné y ellos lo miran minuciosamente, pero en el ticket que te dan no existe ningún tipo de distinción con el resto (solo pone que te ha costado 0 euros, algo irrelevante). Entonces, si tienes la suerte de ir con un acompañante que posee el carné de estudiante, este puede hacerse dos veces la fila para sacar dos billetes gratuitos (en el caso de ser dos, porque si sois más tendrá que comerse la cola las veces que sea necesario). Ahora bien, en vuestra conciencia queda hacer trampas, sobre todo si tenéis la suerte de estar forrados.

  • LA ACRÓPOLIS

¡Las expectativas creadas siempre lo fastidian todo! Pero en cualquier caso me dejó con la boca abierta en varias ocasiones. Existen diferentes entradas desde la parte baja y poco a poco vas subiendo la colina hasta llegar a la cima. La gente suele ir directamente a la parte más alta, pero en la pendiente hay restos muy chulos que, según por la puerta que entres, puedes perdértelos o no. Las ruinas destacables antes de llegar arriba son el Teatro de Dionisos (del siglo VI antes de la locura) y sobre todo el Teatro de Herodes Ático. Este último es fascinante, aunque del periodo romano. Para acceder a la cima tendrás que pasar por los Propileos, una entrada con columnas, y ya arriba podrás ver muchas piedras… Demasiadas. La Vía Panatenaica te llevará al Templo de Atenea Niké, al Erecteo (Dedicado a Poseidón), donde verás las famosísimas Cariátides, al Partenón (esto fue lo que más me decepcionó, pues me pareció poco imponente) y a un mirador con la gigantesca bandera griega ondeando.

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  • EL ÁGORA

Este era el corazón de la ciudad antigua desde el siglo VI a.C. y aquí se movió el cotarro durante 1200 años. Seguramente en este mercado podrías encontrar ojos de tritón, cuernos de fauno y plumas del ala izquierda de Pegaso. Pero no solo había movimiento comercial, pues allí también se ponían en marcha otras funciones como la política y la religiosa. Los juzgados también se encontraban aquí, y aquí Sócrates fue sentenciado a muerte. Hoy en día es un parque lleno de piedras antiguas donde te impresionará el Odeón de Agripa, un teatro dedicado a este general romano, pero que en realidad queda poco de este teatro o sala musical, entonces, lo que llama la atención son las esculturas de dos tritones y sobre todo de un gigante, pues se conserva bastante bien. El tholos (colmena), la iglesia de los Santos Apóstoles, de la época bizantina, el gran templo de Hefesto, de una magnífica conservación y el reconstruido pórtico Estoa de Átalo que alberga un pequeño, pero maravilloso museo, donde verás cosas bastante chulescas como una máquina de sortear, un escudo espartano o la cabeza de Atenea Niké.

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  • MUSEO ARQUEOLÓGICO NACIONAL

Los museos van a parte y en ellos no vale el ticket genérico, por lo tanto, tendrás que apoquinar 12 euros (en agosto de 2018), a no ser que sobornes al funcionario con el carné de estudiantes, entonces te dejarán pasar gratis. El museo es grande y completo, así que si te gusta la arqueología vas a disfrutar un cachazo. Encontrarás arte cicládico, arte micénico, estelas funerarias, colección de vasijas, sección egipcia, esculturas clásicas, escultura helenística… Vamos, que te vas a tirar un rato de figura en figura, moviendo la cintura con bastante sabrosura. Lo más famosillo del lugar pudiera ser la escultura de Zeus o Poseidón (nadie se pone de acuerdo), el busto del Minotauro, la Máscara de Agamenón (aunque en realidad es anterior a este mitológico rey) y el Jinete de Artemisión.

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  • OTROS MUSEOS

Pues será por museos en una ciudad tan grande ¿Verdad? Pero bueno, siempre están esos que alcanzan la fama internacional: El Museo de Arte Cicládico, la mayor colección del mundo en su categoría donde descubrirás esta cultura matriarcal de la edad de cobre y del bronce, o sea, con 5.000 años de antigüedad ¡Qué barbaridad! El Museo Benáki, donde encontrarás una extensa colección de arte griego que abarca todas sus épocas. Desde la azotea te toparás con bonitas vistas. El Museo Bizantino y Cristiano, con sus galerías dedicadas al paso religioso en este país.

  • OTROS PUNTOS ARQUOLÓGICOS

Otra cosa que abunda en Atenas son las piedras viejas… Que todas serán viejas, pero estas formaron templos y palacios antes. Al igual que en la Acrópolis, es importante evitar las horas más locas de sol y de gentío, o sea, madruga o apura la última hora. El Foro Romano se puede ver en poco tiempo y lo más llamativo del lugar es, por su buena conservación, la Torre de los Vientos, del siglo II antes del Mesías, y era utilizado como reloj solar e hidráulico. El Templo de Zeus Olímpico se encuentra presentada por la Puerta de Adriano. Este fue el templo más grande jamás construido en la antigüedad y te darás cuenta cuando te coloques al ladito de una de sus temblorosas columnas y mires hacia arriba (quedan unas 16 de 104 que eran), después se te escapará el pis. Otro conjunto arqueológico que mencionar es el Kerameikos, un antiguo barrio alfarero y cementerio con tumbas muy peculiares, además tiene un pequeño museo donde poder refugiarte de las altas temperaturas.

  • PARQUES Y MIRADORES

No hay mucho jardincito en la capital helena, pero lo que hay impresiona, pues acaba siendo un mirador con bonitas vistas. En Exarchia, el barrio de los grafitis, se encuentra la Colina Strefi, a la cual cuesta muy poco subir y no te dejará indiferente. Además, no es muy conocida, así que no tendrás que pelearte por un hueco donde lanzar tus fotos chulis. La Colina Licabeto (o De los Lobos) es más conocida y cuesta subir mucho más, pero si eres un vaguete máximo no te preocupes, porque tiene un funicular que moverá tu culo hasta arriba. Y por último presentaré el más famosín de todos: la Colina de Filopapo, muy cerquita de la Acrópolis y bastante sencillo subir. El parque que rodea la colina es digna de pasearla porque tiene cosas guais, como la celda en una roca natural donde dicen que Sócrates pasó sus últimos días. O el monumento a Filopapo, el último príncipe del reino de Comagene.

¡Oh yeah, sisters and bro! Ahora, como en casi todas mis entradas, os presento un cacho del diario que hago para acordarme de las cosas, pues mi memoria no está para muchas historias. Aquí hablaré de los dos días que pasamos en la parte este del Peloponeso y de lo que se puede encontrar uno allí: Micenas, Argos, Nauplio y Epidauro. Si te interesa poco dale un clic AQUÍ y te llevo directo a la siguiente entrada donde hablaré de la vida actual en Atenas ¡Salud!


β. Un beso del Peloponeso

A Fosfo no hay día que no le cueste levantarse, suene el despertador o no, y ese día sonó y yo tardé un rato en arrancarla de la litera, a muy pesar de los otros cuatro compañeros de habitación, que escucharon todo el ajetreo. Aun así, retomamos el vuelo y como pajarillos adormecidos llegamos con nuestras alas sin plumas al punto donde el menda de información turística nos había dicho que saldría el bus a Micenas. Okey, hasta ahí todo bien, pero… Algo estaba mal: un viandante con acné nos adelantó que ese autobús que esperábamos no nos llevaría al yacimiento arqueológico, sino a la estación de autobuses de larga distancia, que hay dos en Atenas, la Estación Alfa al oeste y la Estación Beta al norte. Nosotros íbamos a la primera, que es la más grande, aunque también visitaríamos la segunda en un futuro.

Una vez aclarado todo el cacao de los buses y comprados los billetes, ya en la Estación A, nos acomodamos en nuestro autocar, muy simplón, pero para qué queríamos más, si solo íbamos a estar una horita. Y al cabo de ese tiempo ya estábamos fuera, en un pequeño puebluchi de paso llamado Fichti, que no está ni traducido en Wikipedia. Parecía que nos habíamos quedado colgadas en medio de la nada, pero se supone que esa era la parada de Micenas. Solo había un bar de carretera y con las maletas estábamos Fosfo, yo y una chica italiana que acabó juntándose a nosotras. Preguntamos a la mujer del bar, y esta se rio un rato como una mala bruja y luego nos indicó el camino, pero advirtió que era largo y peligroso. Viendo el percal decidimos tomar un taxi y así se acabó todo el drama.

Micenas es un yacimiento arqueológico de una muy antigua ciudad. Tal vez sea el yacimiento más viejuno que he visitado nunca: algunas de sus piedras se remontan más de 5.000 años, aunque la época micénica transcurrió entre el 1.600 y el 1.100 a.C. siendo la primera civilización avanzada de la bonita Grecia continental. En la mitología, Micenas fue fundado por Perseo (el que mató a Medusa), y entre los gobernantes estaría Agamenón, el mandamás de los griegos que se enfrentaron a los troyanos. Obviamente, esto es tan antiguo que no se sabe si Agamenón existió de verdad.

Para entrar al yacimiento es idéntico a los de Atenas: o eres estudiante y por lo tanto pasas gratis o apoquinas doce eypos para entrar ¿Y la visita lo vale? Pues esto es lo de siempre, a quien le flipe la arqueología, historia, arquitectura, etcétera, pues tal vez sí, pero para mí 12 euros es un poco bárbaro, aunque me guste. Dentro verás un pequeño museo arqueológico que está bastante bien, muchas tumbas y algunas impresionantes como la de Agamenón o la de Clitemnestra, las murallas ciclópeas (se creyó que estaban construidas por cíclopes), las cuatro piedras que quedan del Palacio Real y lo más característico de todo en aquel lugar es sin duda la Puerta de los Leones.

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Ver todo esto con los rayos del sol perforando el cráneo nos llevó toda la mañana, así que después nos tomamos un heladito las tres, pues incluyo a Manuela, la chica italiana que nos acompañó durante toda la visita, pero aquí mismo fue donde nos despedimos de ella, porque llegó un autocar con el cartel de Argos y ese no lo podíamos perder, así que una despedida rápida y al bus.

Argos, la ciudad de Hera, se encuentra a menos de 15 km de Micenas. Es una metrópolis sin muchas características. El lugar tiene su hueco en la mitología y bastante historia, pues se la consideró la ciudad más antigua de Grecia continental. Allí hay diferentes restos arqueológicos como varios templos y nichos. Existe también un museo arqueológico, como en todas las ciudades griegas. El paisaje es bonito, pues se puede ver en lo alto de la montaña el Castillo de Larisa y un monasterio. La plaza principal es muy colorida gracias a la iglesia ortodoxa y a la fuente que se extiende a lo largo. Además, en las horas en las que el sol te da la tregua se llenan las terrazas y los parques infantiles, pero si sales de esta zona no vas a ver más que casas y tiendas cual barrio simplón.

Nosotras, nada más llegar nos metimos en el hotel y nos echamos una buena siesta, pues seguíamos arrastrando el cansancio del viaje. Pero en cuanto despertamos nos fuimos a conocer Argos, que solo teníamos esa tarde… Menos mal que no era muy grande, aunque esta vez pasamos del museo arqueológico, que ya nos estaban echando un poco para atrás tantas piedras. Esta ciudad, fuera de la plaza bonita, dejaba de ser interesante, salvo por las cuatro ruinas que podrían esparcirse por el espacio. Después de un par de rodeos nos metimos en un súper a hacer una comprita peloponesia y tras ello una cena de pizza enorme. Una llenada de barriga que derivó a un sueño profundo en el hotel.

Al día siguiente marchamos pronto para tomar aquel bus que nos llevaba a Nauplia, la antigua capital griega hasta que pasó a ser Atenas en el año 1834. Esta pequeña ciudad portuaria puede que sea una de las más bonitas del país. Como muchas ciudades griegas, esta está repleta de historia y por muchas manos ha pasado. El casco antiguo es bellísimo, te lo juro. El puerto vaciará tu carrete, si es que aún tienes de esas cámaras. Y sus playas, que no son para nada bonitas, te refrescarán y te salarán (es flipante la cantidad de sal que contiene el Mar Egeo) en el momento que más lo necesites. Podrás subir al fuerte Palamidí (o Palamedes) para contemplar las vistas más locas… Y no te preocupes, que si no tienes ánimos para subir andando lo podrás hacer en el auto de papá. Y lo mismo digo del Acronauplia, donde estaba la antigua ciudad fortificada y posteriormente transformada en prisión, con buenas vistas también, aunque es más bajito que el otro mirador (y más fácil de subir andando). Lo mejor que uno puede hacer por ahí es caminar por las bonitas calles y puerto. Cerca está el yacimiento de Tirinto.

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Nosotras estuvimos una mañana aquí y la verdad es que Fosfo se quedó con más ganas, tanto es así que decayeron un poco sus ánimos, aunque volvieron a resurgir un poco cuando llegamos a Epidauro.

Existe una ciudad muy nueva (2011) llamada así, pero lo verdaderamente interesante no está allí, sino unos pocos kilómetros más al oeste, donde se encontraba la antigua ciudad santuario. Allí encontrarás el antiquísimo teatro de Epidauro, del siglo IV antes de Jesulín de Ubrique. Es enorme y está perfectamente conservado, salvo por algún escalón traicionero. La acústica es asombrosa, se puede escuchar desde la última fila como una persona respira en el escenario… ¡Y tiene 55 filas! Hoy en día se sigue utilizando para el festival de verano. El teatro de Mérida se queda pequeño al lado de este. En las cercanías puedes encontrar más restos de lo que fue aquel complejo, como un estadio, templos y demás cosas, siempre relacionadas con un santuario, pues eso es lo que era. El mito nos cuenta que Asclepio, dios de la medicina, creo dicho santuario. También podrás pasar a un minúsculo museo arqueológico. Por cierto, la entrada al museo vuelve a valer lo mismo de siempre: gratis para estudiantes y 1200 céntimos de euro para los que no estudian hoy en día.

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La vuelta a Atenas no estaba clara y nervioseábamos. Nos tomamos un granizado de limón mientras esperábamos a algún autobús que pusiera Athens en su cartel, cosa que no sabíamos si ocurriría, pero al final llegó un bus que nos llevó, sin explicarnos nada, a otro sitio donde sí había buses a Atenas, así que todo solucionado. Una vez en la capital griega nos trasladamos al host donde ya habíamos estado anteriormente y nos metimos en la ruinosa habitación privada. Era peor que las habitaciones comunes… Se encontraba al lado de la cocina (zona común) y el ruido era insoportable hasta altas horas de la noche. También estaba rota la puerta de la terraza y cualquiera podría acceder. Estaba sucia. Daba asco ¿Para qué pagamos más por aquello? Fosfo volvió a desesperar y no quiso saber nada de nada, se metió en la cama como un gusano de seda y hasta mañana. No dijo ni una palabra más.

Un comentario en “2. En Atenas hay…

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