4. Grecia mítica

La mitología griega está considerada como la más rica e interesante del mundo. Como siempre, el intento de explicar los fenómenos naturales sumado a la necesidad de crear leyes y orden en diferentes pueblos que convivían muy cerca, hizo surgir y extender esta religión en su día. Y hoy, convertida ya en mitología, sigue fascinando, incluso después de haber dejado de existir hace mogollón de siglos (se tiene constancia de que en el siglo IX d.C. aún había regiones griegas que veneraban a los Dioses del Olimpo). Los antiguos helenos adoraban a unos dioses imperfectos, crueles, vengativos, celosos, divertidos, justos e injustos (según les dé) y muy enamoradizos, y todo esto hace que los mitos griegos sean tan disparatados. En esta entrada voy a contar algunos mitos de esta antigua religión que aún, hoy en día, nos pueden interesar.

Antes de nada, quiero recordar que los Dioses Olímpicos los componen doce, aunque algunos entran y salen intermiténtemente: A la cabeza está Zeus (el cielo y el trueno) y le sigue Hera (la familia y todo lo relacionado), hermana y esposa de Zeus. Otros hermanos fueron Poseidón (el mar, el agua y curiosamente los caballos) y Hades (la muerte), única divinidad que no vivía en el Olimpo, sino en el inframundo, su reino. Deméter (la agricultura) y Hestia (el hogar y su calor) también hermanas de los anteriores. Esta última renunció voluntariamente a su puesto en el Olimpo y se lo cedió a Dioniso (el vino y la euforia), que fue el último Dios en llegar. Atenea (sabiduría) salió de la cabeza de Zeus, pues este, al sentir mucho dolor de cabeza (pues se había comido a la titánide Metis embarazada, su primera esposa) pidió a Hefesto (la fragua) que le reventara la frente con su martillo. Hefesto era hijo de Zeus y Hera, y nació tan feo que su madre lo lanzó desde el Olimpo, dejándole cojo para siempre. Zeus le casó con Afrodita (la belleza) para agradecerle su ayuda en el nacimiento de Atenea, pero la diosa Afrodita no estaba muy contenta con este casamiento, pues le daba grimilla el cojo, así que le fue infiel múltiples veces, y uno de estos amantes fue Ares (la guerra). Otro dios infiel es sin duda Zeus, y de ese punto parten muchos mitos dando lugar a la rabia y a la venganza de Hera, como es el caso del embarazo de Leto, dando a luz a dos mellizos: Apolo (la curación, la enfermedad, el arte…) y Artemisa (la caza, los animales, la virginidad…). Terminamos con Hermes (comercio, fronteras, ingenio…) que es el dios mensajero.

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  • ¿Cómo llegaron estos dioses al Olimpo?

Al principio del principio solamente existían tres seres con el nombre de Caos, Gea (tierra) y Eros (amor). Este último, como impulsor de la creación no tuvo descendencia ninguna, sin embargo, los otros dos, por sí mismos dieron a luz a diferentes seres como Tánatos, Nix, Éter, Hipnos, Némesis, Urano, etc. Todas estas divinidades representan fenómenos como la noche, el sueño, la venganza, la justicia, la muerte, el día…

Gea se unirá con Urano (cielo) y de ellos saldrán 12 titanes, 3 cíclopes y 3 centimanos. Y la descendencia da lugar a la profecía, a la creencia o al sentimiento que tanto se repite a lo largo de la mitología (de hecho, en todas las mitologías), un líder amenazado o con miedo de que sus propios hijos le arrebaten el poder.

Este miedo lleva a Urano a encerrar a los titanes en las entrañas de la tierra, o sea, en Gea. Y esta, indignada, libera a Crono (uno de los titanes) para que vaya a por su padre. Crono le corta los huevos a Urano y los lanza al mar, naciendo al instante Afrodita entre otras cosas. Crono (el tiempo) se hace con el control y libera a sus hermanos, y junto con Rea (de la fertilidad y la naturaleza femenina), una de sus hermanas, tendrá a los seis dioses padres (Zeus, Hera, Poseidón, Deméter, Hades y Hestia).

Pero vuelve a ocurrir lo mismo: El papá se asusta de que sus pequeños nenes le arrebaten el poder, así que decide tragárselos a todos, menos a Zeus, pues Rea consigue hacer el cambiazo del bebé por una piedra con pañales (de nuevo la madre es la salvadora). Zeus crece en secreto y, cuando ya es un tío tocho y derecho, se presenta ante su padre y le hace vomitar a sus hermanos, liándose una buena después, en plan guerra, con el nombre de “Titanomaquia”, guerra que ganan los dioses, asentándose en el poder y creando el trono en el Olimpo.

  • La creación del género humano.

Tras la Titanomaquia, los dioses crearon a todos los seres vivos con barro, fuego y otros materiales como hierro, mocos y demás. Tras la creación encargaron a dos hermanos, (hijos de un titán) llamados Epimeteo y Prometeo, la protección de estos seres. El primero les fue dando pelos, colmillos, garras y otras cosas útiles para sobrevivir, pero se cansó tanto que cuando llegó al ser humano les dejó tal y como estaban, desnudos y desprotegidos.

Prometeo, apiadándose de ellos, se la jugó mazo entrando en el taller de Hefesto y robando el fuego para dárselo a los humanos y enseñarles su uso. Cuando Zeus se enteró le entró su cólera típica con rayos y centellas. Castigó a Prometeo encadenándolo en la ladera del monte Caucaso, después mandó a una vil águila para que le comiera el hígado (los antiguos griegos se pensaban que el hígado era el órgano que más lo petaba), pero Prometeo, al ser inmortal, reproducía un nuevo hígado cada día, repitiéndose en bucle el banquete durante treinta años, hasta que Heracles (Hércules para los romanos) le liberó.

  • Cibeles.

He decidido incluir el mito de Atalanta como guiño a mi ciudad (Madrid), pues uno de los más famosos monumentos es la estatua de Cibeles en su carro, tirado por dos leones.

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Cibeles (Madre tierra) fue una diosa de la religión frigia, en la actual Turquía, y posteriormente acogida en la mitología griega asociada a la diosa Rea (tanto era así que fueron consideradas la misma diosa) ¿Y por qué se representa a esta divinidad con dos leones? Pues ahí viene el mito de Atalanta:

Como en casi todas las leyendas griegas, hay contradicciones y diferentes versiones, pero os cuento la versión más extendida. Se dice que Atamante, su padre, solo quería un varón como descendencia, así que cuando Atalanta nació la abandonó en el bosque. Una osa amamantó al bebé hasta que unos cazadores la encontraron y la criaron. Ella creció y vivió en los montes aprendiendo y perfeccionando diferentes habilidades. Se consagró a la diosa Artemisa, así que debía mantener su virginidad, y participó en muchísimos episodios épicos como la cacería del jabalí de Calidón o la victoria en los juegos fúnebres de Pelias. Se convirtió en una heroína y algunos dicen que participó en la travesía de los Argonautas.

A parte de la consagración de Artemisa, un oráculo predijo que si alguna vez contraía matrimonio acabaría convertida en animal, por lo tanto, se abstuvo del todo. Pero su padre, con el que había vuelto a reencontrarse, la presionó para el casamiento, a lo que ella respondió con condiciones: solamente se casaría con aquel que consiguiera vencerla en una carrera, y si el oponente era derrotado debía ser sacrificado. Por supuesto así aseguraba su soltería, pues era invencible en una carrera de velocidad. Aun así, muchos lo intentaron y todos ellos acabaron bajo tierra. Hasta que llegó Hipómenes, que no era especialmente rápido, pero tenía un as en la manga, pues Afrodita le había asegurado la victoria si lanzaba unas manzanas de oro mientras competía en la carrera. Así  lo hizo, cuando empezó la carrera Atalanta le dejó ventaja, pues es lo que solía acostumbrar, y así Hipómenes pudo soltar las manzanas una a una para que su rival las viese. Atalanta no pudo resistir pararse para recogerlas, así que acabó derrotada y posteriormente casada… irremediablemente.

Atalanta acabó enamorada del joven vencedor y todo fue bien durante un tiempo, hasta que en una ocasión consumaron su amor en una cueva, sin saber que allí se veneraba a Zeus. Este, encolerizado como siempre, les convirtió en leones, cumpliendo así la profecía. La diosa Rea (o Cibeles) los adoptó y los puso al frente de su carro para que tiraran de él. Tal vez el gran fallo del monumento de Ventura Rodríguez (la Fuente de Cibeles) es que uno de los leones debería carecer de melena, pues es una hembra.

Atalanta fue un símbolo contra el patriarcado en la Antigua Grecia. Se rebeló y logró el respeto de los machirulos griegos.

  • Oráculo de Delfos.

En la entrada anterior lo hemos rozado superficialmente, pero quiero explicar su origen mitológico. Se trata del oráculo más famoso de la antigüedad, por no decir de la historia universal.

En base a una disputa de los dioses sobre qué punto era el centro terrestre (imaginándonos un planeta Tierra plano), Zeus soltó dos águilas, uno de cada extremo del planeta y en dirección una con la otra, para ver en qué punto se cruzaban, y así marcar el centro exacto. Este punto fue Delfos, apodado por los antiguos griegos como “el ombligo del mundo”. Anteriormente, en este lugar se veneraba a una piedra sagrada que supuestamente se trataba de la misma piedra con pañales que Rea le dio a Crono para que se la zampara, haciéndole creer que se trataba de su hijo Zeus. Cuando este dios obligó a Crono a vomitar a sus hermanos, lo primero que echó fue esta piedra que posteriormente fue venerada.

La diosa Gea (Madre tierra) fue la primera dueña de ese lugar profético y colocó a una enorme serpiente llamada Pitón para proteger la zona, atemorizando a todos los lugareños. Entonces llegó Apolo con su arco y se cargó al reptil, tirando el cadáver a una grieta misteriosa. Aunque Apolo fue castigado por aquel acto, se le permitió crear allí su oráculo, convirtiéndose en lo que sería el templo más visitado del dios Apolo.

No solo sería un oráculo y un templo, también se crearía en aquella hermosa ladera del Parnaso un complejo cultural y arquitectónico de lo más completo, como un teatro y un estadio, donde se celebraban los Juegos Píticos cada cuatro años y sin coincidir con los juegos de Olimpia, pues eran igual de importantes.

Se creía que el espíritu de aquella serpiente se quedó atrapada en la grieta y de allí salían sus profecías que llegaban al dios Apolo y este las transmitía con la pitia o pitonisa, transmitiendo la respuesta en forma de clave, bastante ambiguo para que el solicitante lo interpretara como quisiera. Tal vez por eso el porcentaje de aciertos era tan alto.

Una explicación actual sería que de aquella grieta salían unos gases que hacían que la pitia cayese drogada y por lo tanto contestase chorradas a los oyentes sobre sus preguntas que ellos interpretaban de aquella manguera. Al principio esta adivina era joven, pero debido a muchos casos de violación se tuvo que cambiar a la muchacha por otra más vieja y menos atractiva.

Eran muchos y de todo tipo quienes visitaban al oráculo: pobres, ricos, analfabetos, poetas, filósofos, de lugares muy lejanos, de culturas diferentes… Formando largas colas en la ladera. Digno de ver, digo yo.

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Vamos a dejarlo aquí y tal vez en otra ocasión retome esto de los mitos que es algo que me encanta, cosa que se puede notar. Ahora vamos con el diario donde hablaré de nuestro último día en Delfos y la vuelta a Atenas. Si lo que viene ahora te la resbala bastante dale un clic AQUÍ y te llevo directo a la siguiente entrada donde citare algunas curiosidades griegas ¡Agur!


Δ. De estas piedras sí se saca jugo

Pues así parece, que en Grecia cualquier pedrusco tiene una historia fascinante detrás. Esa era nuestra sensación cada vez que visitábamos un museo arqueológico, pues ya llevábamos como quince museos del estilo y siempre hay algunos maravillosos y otros algo más pobres, pero siempre aprendíamos cositas nuevas de las viejas piedras que estábamos pisando. Aquel día tocó entrar al arqueológico de Delfos, y ya os digo que es de los buenos. Dentro podréis encontrar una recreación del Templo de Delfo,s y nos muestra a través de objetos y carteles (y algún vídeo) como podía ser y funcionar aquel mundo ya pasado. La Esfinge de Naxos, la estatua de Antínoo, diferentes joyas, cabezas de grifos, varios frisos y la famosa Auriga de Delfos. Este museo cuesta doce euros, pero incluye la entrada al Templo (es gratis para estudiantes de la Unión Europea).

Esto fue lo único que nos dio tiempo a ver aquel día en Delfos antes de tomar el bus de vuelta a Atenas, pero vamos, que no hay más que ver. Por lo tanto, nos pillamos un durüm con patatas cada una y tiramos pa lante, como los de Albacete… digo Alicante. El viaje fue normalito, sin más, escuchando canciones de Ismael Serrano porque a Fosfo de chifla el notas ese, así que llegamos a Atenas tres horas después y medio dormidas.

Entre que íbamos para nuestro asqueroso hostel, dejábamos las cosas y pillábamos el metro hasta el centro de la ciudad, se nos había ido media tarde, pero no quisimos perder más tiempo y nos metimos en el Foro Romano, que tenía poca chicha para ver. Luego nos dimos varios voltios por la zona y llenamos la mochila de regalitos variado para nuestros familiares y amigos, cosa muy importante para mí porque mi mami cumplía años unos días después… Ya ha pasado esa fecha y os puedo decir que no le gustaron mucho aquellos yogures que le llevé, pues es intolerante a la lactosa.

Terminamos el día visitando –casi por casualidad– el cambio de guardia frente al Parlamento griego, custodiando la tumba del Soldado Desconocido, a cuatro pasos de la Plaza Syntagma. La verdad es que es muy vistoso y curioso, pero he de decir que este tipo de protocolos me parecen una verdadera gilipollez. Poner a dos tíos altos vestidos de payaso con armas ahí quietos siempre me ha parecido una gran tontería, tanto en Atenas como en cualquier otra parte del mundo, pero bueno, cada loco con su tema.

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Volvimos a la mugre donde dormíamos y tras una ducha y alguna lectura nos metimos en la cama, que al día siguiente queríamos ir muy tempranito a la cercana isla de Hydra, pero claro, pasó lo que tenía que pasar en aquel antro insoportable, que el ruido de la gente no cesaba y el arte de dormir era impracticable, así que cuando sonó la alarma aquella temprana mañana nuestras miradas se entrecruzaron y fuimos cómplices cuando nos volvimos a tumbar en las incómodas literas ¡Pero no pasa nada! Aún nos quedaría un día para ir a Hydra, eso sí, solo nos quedaba una oportunidad.

Mientras tanto, el penúltimo día y supuestamente último en Atenas, lo aprovechamos para visitar absolutamente toda la ciudad (algo imposible, pero queda muy bien decirlo), así que nada, manos a la obra: Lo primerito fue el impresionante Templo de Zeus… O lo que queda de él. Unas cuantas columnas en una esquinita, otra de ellas tirada por el suelo y mucho calor agobiante, pero gracias a Dios (a uno de ellos… el que más te guste) encontramos un banco a la sombra y pudimos disfrutar de las divinas vistas mientras hacíamos piruetas.

Como al final nos habíamos levantado considerablemente tarde (según los horarios europeos establecidos) y el sol nos hacía parar cada diez minutos para beber agua y echar una cabezadita en algún soportal, se nos hizo tardío y quieras que no, dando un paseo desde el Templo hasta el centro, entró la hambruza y comimos como gorrinos en un restaurante cualquiera. Tras poner una nota negativa a este restaurante cualquiera por alguna cosilla que nos debió parecer inadecuado en un ambiente culinario, nos encaminamos (en metro) hacia el Kerameikos, o Cerámico, para los hispanohablantes. Se trata del barrio de los alfareros de la Antigua Grecia. Hoy en día es una extensión de tierra cercada en la que tienes que apoquinar seis pavos si quieres entrar, aunque está incluido en el ticket de los yacimientos atenienses. Dentro vas a ver un pequeño museo, un trozo de la antigua muralla y muchas tumbas curiosas del cementerio ancestral, pero con el calor era insoportable la visita, así que no duramos mucho.

Por supuesto, cuando salimos nos metimos en una heladería con aire acondicionado y perduramos media horita ahí dentro para recuperarnos. Al salir nos metimos en el metro y nos fuimos al puerto del Pireo para comprar los billetes del ferry a Hydra, así no nos podríamos escaquear al día siguiente… Y menos ganas de escaquearnos nos dio cuando nos clavaron sesenta eurazos a cada una (ida y vuelta). Supongo que sería porque era temporada alta, porque no está tan lejos la bendita isla.

Volvimos al antro y, tras una ducha, una cena y una preparación de mochila para no tener que hacer nada a la mañana siguiente, desconectamos del mundo griego y a dormir sin pijama, que ni tengo ni quiero.

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Un comentario en “4. Grecia mítica

  1. Pingback: 3. Nuestra Atenas – ¡Vaya Diario!

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