Viajar Jugando

Llegar a un destino desconocido y ponerte a caminar dando vueltas a un nuevo mapa es una de las cosas que más nos gusta ¿Verdad, viajeros independientes? Es fascinante, lo sé, pero aún lo puede ser más ¡Sí!

Hay muchos tipos de viajeros: están los fotógrafos y los fotografiados; los comodones del taxi y los ahorradores que dicen que en el autobús se vive mejor la esencia; están los que se compran todos los suvenires y a los que hay que obligarles a que le pillen un imán a su madre, que va a ser su cumple; los que pisan todas las baldosas del museo de cubertería africana y los que tienen alergia a las exposiciones; los montañeros que suben a todos los miradores y los no montañeros que suben las jarras de cerveza; los que investigan el lugar de destino tres meses antes de coger el avión,  y los que se fían completamente del compañero culturizado… Hay mucha variedad, pero todos coincidirán en que viajar jugando es la manera más divertida de viajar.

Llevo haciendo esto varios años en los viajes que realizo con mi colega Yisus, que está muy loco y me pega su tontería, y como los dos curramos en el ocio y el tiempo libre, pues no podemos dejar de pensar en jugar.

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Ese peón me miró mal

No estoy hablando de llevar un parchís o un dominó ¡Qué va! Aunque esto está guay para los tiempos muertos de aeropuertos, trenes y demás. De lo que hablo es de gamificar el viaje o parte de este, creando gymkhanas educativas, apuestas con tus compis sobre cosas relacionadas con el viaje, o juegos que duren gran parte de la ruta. A continuación, cito algunos ejemplos que hemos puesto en práctica.

  1. Crear una gymkhana fácil en alguna ciudad/pueblo con pruebas que se puedan planificar desde tu propia casa y que se adapten a cualquier destino. Pruebas que pueden hacerse individualmente, en pareja o grupo, o de manera competitiva, y quien antes consiga realizar todas las pruebas gana (esta versión es la que más me gusta). Ejemplos de pruebas podrían ser:
  • Dibuja el escudo y la bandera de la ciudad.
  • Hazte un selfi junto al monumento más emblemático.
  • Pregunta a un lugareño como se dice “barco, mono y tomate” en el idioma natal.
  • Bébete una cerveza regional.
  • Monta en el metro y bájate siete paradas después, independientemente del lugar.

Los ejemplos los he escrito rápido y sin pensar demasiado, así que imagínate la gymkhana chula que te puede salir si te tomas tu tiempo y si sabes cuál es el destino. Puede ser muy divertido, sobre todo si lo hacéis competición y cada uno (cada pareja, cada trío…) se va por su lado y se reencuentran en tal sitio a tal hora para recontar puntos.

  1. Las apuestas son divertidas también: ¿Qué te apuestas a que…
  • … Vemos más de diez iglesias en esta ciudad?
  • … No venden tortilla en el supermercado?
  • … El compañero de habitación ronca?
  • … El autobús tarda menos de lo estipulado?
  • … Ese ayuntamiento es más antiguo que el de esta otra ciudad?

No estamos todo el rato apostando, si no sería muy cansado, pero cada uno o dos días alguien lo retoma, y primero le tocaría a uno y luego al otro. La penalización para el que pierda la apuesta o el premio para el que la gane es cosa vuestra, puede ser invitar a una cerveza, comprar un suvenir, ir al museo que prefiera el vencedor… Nosotros somos idiotas, por eso nos jugamos collejas: quien gana le propina una colleja al otro.

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Parece que alguien ha perdido una apuesta.
  1. Los juegos duraderos son los que más me gustan, porque te mantienen activo y en tensión, aunque es cierto que poco tienen que ver con el entorno. Son como los juegos de campamentos de verano:
  • Cuando lleguemos a tal ciudad, al primero que se le escape una palabrota pierde (por ejemplo).
  • El tortazo (a este juego absurdo jugamos siempre). Todos tenemos derecho a propinar un tortazo a algún/a compañer@, pero es obligatorio grabarlo, y si la/el compañer@ se percata y lo esquiva, pierdes tu derecho a tortazo. Aquí lo explico mejor, y hay vídeo.
  • El tótem. Un objeto cualquiera hace de tótem, objeto que algún miembro del grupo posee, pero no es bueno tenerlo, pues al final del día, quien lo tenga, tendrá una penalización. La manera de pasar el tótem será la que el grupo elija (quien responda “sí” y “no” al poseedor, quien le choque la mano al poseedor, quien se ría de un chiste del poseedor…)
  • El asesino es de mis juegos favoritos, pero tiene que ser en grupo de al menos cinco personas. Se reparten papeles con los nombres de cada miembro y hay que “matar” al que te toque. Se mata realizando una prueba sobre tu víctima (si consigues que te compre un helado, si consigues que baile, si consigues que se haga un selfi contigo…). Gana el último que quede.

Prueba a gamificarte el viaje, te aseguro que te lo vas a pasar teta y ya siempre vas a querer hacerlo, porque sí, porque el ser humano es juguetón por naturaleza y nos empeñamos en dejar los juegos para los niños, y eso, inconscientemente nos entristece ¡No quiero ser mayor!

Nos vemos a la próxima. Muchas gracias por leer ¡Os debo una!

2 comentarios en “Viajar Jugando

    1. El jugar divierte a todo el mundo, pero no todos los juegos son del agrado de todxs, así que a probar! Las gymkhanas didácticas son geniales, porque se te queda todo grabado. Es conocer el lugar de una manera más amena.
      Gracias chicos! Qué tengáis una semana fantástica!!!!

      Me gusta

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