Transnistia

Sinceramente, la posibilidad de tocar suelo transnistrio hacía el viaje más interesante, así que, unos meses antes de partir, a la hora de planear y trazar la ruta tuvimos bien en cuenta este misterioso territorio.

Transnistria, ese país que existe, pero no existe. Zigzaguea como una culebra entre el río Dniéster moldavo y la frontera con Ucrania, abarcando una superficie de más de 4.000 km cuadrados. Último suspiro vivo de la antigua Unión Soviética, que luce aún la Hoz y el Martillo en su bandera, en su escudo y en su moneda, el rublo transnistrio. 470 mil personas que hablan ruso viven en el territorio, de los cuales, 160 mil duermen en la capital, Tiráspol. La ONU no reconoce este Estado, y únicamente es reconocido por tres países que están en condiciones parecidas a las de Transnistria (Abjasia, Osetia del Sur y Alto Karabaj).

  • HISTORIA DEL CONFLICTO

Seré breve y claro: En 1990, cuando la Unión Soviética cayo hacia el abismo, Moldavia (al igual que otros territorios de la URSS) declaró su independencia, pero no todos estaban contentos con esta proclamación, pues aquellos que vivían en la parte este del río Dniéster tenían claro que no estaban muy vinculados culturalmente a aquellos que vivían al otro lado del río, que hablaban rumano, así que dijeron que no, que ellos eran otra cosa aparte. Como podemos imaginar, y teniendo en cuenta que somos seres humanos, la movida desembocó en una guerra que duró dos años y fulminó a más de mil doscientas personas. La cosa es que después de la guerra, no se había solucionado nada y el conflicto se congeló… Y así seguimos, con tensiones por todos lados, y la República de Moldavia sin ningún tipo de control sobre el territorio transnistrio.

¿Y Cómo es posible que este grupo de rebeldes haya podido aguantar las envestidas moldavas? Pues todo se lo deben el ejército ruso, que les echó un pequeño cable armado. Cuando se consiguió que firmaran la paz (a regañadientes, por cierto), el territorio de Transnistria se proclamó independiente, pero ningún país reconoció su autonomía de Estado… ni siquiera Rusia, curiosamente.

22. Matrícula
Cochazo Lada de alta gama con matrícula transnistria. Fotografía tomada por Rodrigo Moyano.
  • ¿CÓMO LLEGAR A TIRÁSPOL?

No es cosa complicada. Si eres español te vale con el pasaporte en vigor, pero supongo que pedirán visado moldavo en algunos casos (procedentes de Chile, Argentina, Colombia, México… por ejemplo), así que infórmate de esto, sobre todo por si intentas pasar a Transnistria desde la frontera ucraniana, a ver si vas a llegar sin tu visado moldavo y te van a tirar para atrás.

Nosotros fuimos en bus desde Chisinau. Salen buses cada media hora desde la estación, cerca del Mercado Central. El trayecto dura poco más de una hora y vas en un furgón que se cae a cachos, pero en ocasiones tiene hasta WIFI, para contrarrestar. Al llegar a la frontera tendrás que rellenar un papelito de entrada que te dice que no podrás permanecer más de 10 horas en el país, y tendrás que guardar un papel que te dan que es como un tícket, y eso no lo puedes perder… o te matarán. Si lo que quieres es pernoctar en Tiráspol, tendrás que informar de cuál es tu hotel y te harán más preguntas comprometedoras.

Si vas en coche, ya sea propio, alquilado o en autostop, la mecánica es la misma. Teniendo en cuenta que los buses van a toda leche y que las carreteras dejan mucho que desear, seguramente tardarás lo mismo en llegar que el bus. El paso fronterizo será el mismo y los papeles a rellenar tendrán que tener su apartado para el vehículo. A veces piden dinerito por la cara. Mejor no negarse, pero no dar más de tres euros, que si no se flipan en próximas ocasiones.

La otra opción es el tren. Tanto desde Chisinau como desde Odessa, la hoja de migración se rellenará al llegar a la estación de Tiráspol. Se tarda prácticamente lo mismo en trenecito que por carretera (si vas desde Chisinau), y los precios no son muy diferentes. En bus no nos costó más de 2 euros el viaje (37 lei, aproximadamente, que no lo recuerdo bien).

Otra cosa importante… No puedes comprar billetes de vuelta en Chisinau, así que tendrás que comprarlos en Tiráspol cuando llegues o cuando creas oportuno, pero no lo hagas muy tarde, porque como te pases del tiempo establecido te cortan los dedos. Además, el precio de vuelta es algo más caro que el de ida.

  • ¿QUÉ VER EN TIRÁSPOL?

Solo estuvimos en la capital, así que te cuento que hay por esta ciudad anclada en los tiempos soviéticos. Este lugar no puede ser más curioso, y todo te parecerá increíble, aun así, te cito los monumentos destacadillos:

Por la Avenida 25 de Octubre tienes que pasear, porque puede que sea la calle más desarrollada de toda Moldavia, si es que vamos a meter a esta región dentro de la República de Moldavia, claro. En esta avenida hay restaurantes, comercios, teatros y otros edificios importantes como el ayuntamiento (City Hall) con el busto de Lenin justo delante. Alrededor de la Plaza Suvorov se encuentra el monumento a Iui Suvorov, el monumento a Zelinsky, otro más de Lenin y un monumento a Ignat Dyachenko. Este último en el parque Wollant, en la ribera del río Dniéster. Otro monumento en plena plaza es el del tanque, que da paso a varios museos. También en la plaza se encuentra la Catedral de la Natividad, que es la iglesia más grande de la ciudad. Si paseas hacia el norte de la plaza te toparás con el fantástico mercado, lugar por el que mola mucho perderse. Otros lugares interesantes algo más alejados de esta avenida, son el Parque Pobeda y el monumento Aviators, ambos al este de la ciudad… Una media hora andando desde el Centro, cosa que aconsejo para que podáis ver bien qué se cuece en Tiráspol.

23. Plaza banderas
Ahí tenemos a Suvorov, y frente a él las banderas de Transnistria y de Rusia. Todas las demás no sé de donde son, pero intuyo que serán de ciudades o distritos transnistrios.
  • OTRAS COSAS CURIOSAS

Transnistria posee todo propio, como la matriculación de sus vehículos, su himno, su servicio postal… Pero algo que tiene y que te va a servir también como suvenir es, sin duda, su moneda. Un rublo transnitrio está dividido en cien kopeks. Hay cuatro monedas en circulación con valor de 5, 10, 25 y 50 kopeks. La moneda de 1 kopek dejó de circular en 2009. En una cara de la moneda sale el valor, y en la otra aparece el escudo del país, con la hoz y el martillo, lo cual puede que sea la única moneda en circulación con este símbolo. Los billetes son de 1, 5, 10, 25, 50, 100, 200 y 500 rublos. Pero lo curioso viene ahora, pues resulta que existen cuatro monedas más en circulación que están fabricadas con plástico ¡Sí! Únicas monedas de plástico que circulan a día de hoy. Son de 1, 3, 5 y 10 rublos, cada una de un color y de una forma geométrica diferente, como podrás ver en la imagen.

24. Monedas

En 1993, antiguos miembros de los servicios secretos soviéticos crearon una empresa en este país para la distribución de bebidas alcohólicas, tabaco y alimentos, pero a falta de competencia, con los años fue expandiendo sus servicios y ahora tiene el monopolio en casi todo, además de estar metido en política. Esta empresa se llama Sheriff y te la vas a encontrar por todos lados. Sheriff es una cadena de supermercados, gasolineras, una constructora, una editorial, red de telefonía móvil, canal de televisión… Hasta tiene un estadio de fútbol con hotel de cinco estrellas. En este estadio juega el Sheriff Tiraspol, que se ha convertido en el mejor equipo de la historia de la liga moldava.

Amiguis, lo voy dejando. Si tenéis la oportunidad no dudéis en visitar este país que no existe, porque curioso es un rato. Hay más turismo del que parece, y eso es algo que se nota por la cantidad de hoteles y restaurantes de la zona, que no son muchos, pero suficientes. Es un lugar seguro, salvo si desobedeces a las autoridades y te pones a hacer fotos a lugares misteriosos, entonces desaparecerás sin dejar rastro, y como no hay embajadas, pues adiós muy buenas. Ahora viene el diario, donde relataré nuestra aventura por Tiráspol. Si lo prefieres puedes pinchar AQUÍ y te mando al siguiente capítulo, que hablaré de algunas de las mujeres relevantes más desconocidas de la Europa del Este.


D. Krajna krajna (Días 11 y 12)

Rudolf y yo somos personas a las que nos gusta la tontería, así que cuando no estábamos ocupados salvando nuestro culo por alguna movidilla incontrolable del viaje, nuestros diálogos y conversaciones eran más bien infantiles… Esto es así, qué le vamos a hacer. Y recuerdo bien (pues sigue retumbando en mi cabeza) que una de las palabras que repetíamos constantemente y para cualquier situación eran “¡Krajna krajna!”, y tú te preguntarás por qué ¿No? Pues, aunque lo explique ahora, vas a seguir pensando que somos unos abollaos… Creíamos que eran aquellas palabras que, en la serie de Los Simpson, aquel tipo repetía constantemente cuando le ofrecía comida rápida a Homer (u Homero) bajo las Torres Gemelas, pero ahora, intentando verificarlo, me doy cuenta de que, en realidad, lo que dice es “Khlab Kalash”.

¡Me da igual! el título se queda así, pues aquellas fueron las palabras que nos acompañaron durante los 18 días ¡Krajna krajna! Así que a la tontería va dedicada este capítulo.

Día de viaje: 11 (Transnistria)

Pronto estábamos en pie y rápido partimos al mercado para marcarnos un pequeño desayuno ¿Por qué nos verticalizamos tan pronto? Porque queríamos visitar aquel lugar del mundo que no es país para nadie salvo para los que viven en él (y para alguno que otro en situación similar). Así que después del croissant de chocoloco, la inyección de cafeína y un racimo de uvas que se le antojó al colega, subimos a un autobús con alto grado de turbulencia que nos transportaba con velocidad pausada a ese lugar llamado Transnistria.

El viaje duró unos sesenta minutos más o menos, y lo más llamativo fue sin duda el control de aduana, pues a ojos del mundo exterior se trataba de una frontera ficticia, pero no, tuvimos que bajar a que nos mirasen los pasaportes, y echamos de menos algún sello legendario, pero no ocurrió. Sin embargo, lo que sí ocurrió, fue que al llegar allí y pisar suelo transnistrio, el otro único turista que venía con nosotros, un señor alemán que rondaba los setenta, se tropezó con su propia maleta y se metió un hostión memorable que, seguramente, le quitaron las ganas de sus aventuras soviéticas. Y esto lo cuento como curiosidad, pues en este viaje vimos más tropiezos en un corto periodo de tiempo que en ningún otro sitio del mundo, de hecho, una de las primeras cosas que vimos (en el aeropuerto de Bucarest) fue a una señora tropezar consigo misma y piñársela en toda la cara con un pivote de hierro. Sobrevivió.

El billete de vuelta a Moldavia lo tienes que comprar en Tiraspol, no puedes hacerlo desde Chisinau, así que intentamos comprarlo nada más llegar, pero como no teníamos dinero transnistrio aún y, la única oficina de cambios que hay en la estación estaba cerrada, decidimos ir al centro de la city para conseguir los rublos necesarios para sobrevivir en aquel nuevo país. Rudolf quedó maravillado con esas monedas en las que aparecía la hoz y el martillo, y quería cambiar todo su dinero para obtener estas monedas.

25. Limusina
¡Aparcao! Fotografía tomada por Rodrigo Moyano.

Al final fuimos olvidando el tema y recorrimos por fin la avenida principal (Strada 25 de Octombrie), muy comercial, por cierto. Y llegamos a la plaza Suvorov, donde se encuentra uno de los monumentos más chulis del lugar, el Monumento a Alexander Suvorov, el fundador de la ciudad y uno de los pocos generales que nunca perdió una batalla. Esta plaza está decorada con las banderas de la región de Transnistria, y al otro lado, hay tres banderas que pertenecen a otros estados en la misma situación que este, y que son los únicos que sí reconocen a Transnistria como un país independiente. Estos son Abjasia, Osetia del Sur y Artsaj… Ya los visitaremos en próximos viajes.

Atravesando la plaza y siguiendo hacia el norte se nos presentó un centro comercial pintado de verde que al introducirnos en sus entrañas descubrimos un inmenso mercado al aire libre en su patio interior, donde vendían todo tipo de frutas y verduritas. En los pasillos que rodeaban el mercado, en las plantas bajas, vendían la carne y el pescado, y en las plantas superiores estaban las tiendas de ropa, de electrónica y ultramarinos… Así de diverso, oiga, y muy petadito todo. Era difícil hasta caminar.

26. Mercado
Quesos de ovejas transnistrias ¡Todo una delicia, vaya! Fotografía tomada por Rodrigo Moyano.

Salimos de allí un poco trastornados, pues no sabíamos muy bien que era aquello que acabábamos de ver. Así que, casi sin hablar, volvimos por las miguitas de pan que habíamos ido tirando, para llegar de nuevo a la avenida principal donde, no sin indecisión, elegimos un hermoso lugar para comer. Parecía un restaurante bastante pijolis, pero de precio nos salió tirado, así que nos dejaron con el estómago lleno, buen sabor de boca y sonrientes.

Ahora sí que conseguimos los tickets para volver al Chisinau, para no quedarnos encerrados en Transnistria, que además solo teníamos diez horas y si las sobrepasábamos… Quién sabe, tal vez vendría Putin a pegarnos una patada en la campanilla. Tras superar esta prueba nos perdimos por la ciudad andando hasta el monumento Aviators, un símbolo de cartón-piedra. Luego anduvimos junto al sol hacia el parque Pobeda, muy cerquita del Jardín Botánico. En el Pobeda había una especie de parque de atracciones en decadencia, como todos los que habíamos visto hasta el momento en aquella Europa del Este. No pudimos evitar montarnos en la noria y así descubrir un paisaje gris, rodeado de factorías y chimeneas.

27. Avión
Monumento Aviators.

Para finalizar nuestro paso por Tiraspol nos metimos en el Mega Dom, un centro comercial casi vacío, pero que dejaba un paisaje curioso, por lo tanto, el colega Rudolf sacó su súper cámara para retratar el entorno… No pasó ni un minuto hasta que un ser rudo y con uniforme militar llegase a su posición y le dijese cuatro palabras en ruso que mi amigo, sin tener ni idea del idioma, supiese perfectamente lo que estaba diciendo. Guardó el aparato y, aún pálido, emprendió la marcha junto a mí hacia la estación de autobuses. Tras una última cerveza y consiguiendo unas monedas oficiales de plástico, se acabó Transnistria.

La vuelta fue tranquila. Nos metimos en la Smokehouse y allí pasamos el reto del día. Se acababa nuestro tiempo en Chisinau y en Moldavia. Estuvo muy bien, aunque aún nos faltaba un susto que vendría con el día siguiente.

Día de viaje: 12 (Odesa)

 Por motivos que no vienen al caso, esa noche de hombres-lobo apenas había dormido, pero preferí no contar nada a mi amigo para que el juzgado me tuviese compasión, y cuando sonó la terrorífica alarma a las seis y media de la mañana nos levantamos, remojamos y salimos a toda prisa a buscar un taxi, pues teníamos que cabalgar en un tren hacia Ucrania. La terrorífica sorpresa llegó a nosotros cuando descubrimos que los taxis no paraban nunca y, por consiguiente, no llegaríamos a tiempo a la estación ¡Perderíamos el tren de las 07:48!

Una mujer amabilísima nos empezó a gritar en su idioma, seguramente diciéndonos que éramos gilipollas, porque en Chisinau hay que llamar al taxi antes por teléfono, así que nosotros, creyendo haberla entendido, nos fuimos de la avenida principal y nos adentramos en la periferia del Mercado Central, donde sí encontramos a taxistas de dudosa reputación que empezaron a discutir entre ellos para meternos en sus carracas. Al final, el que ganó, era el que peor pinta tenía, la verdad, pero cumplió su promesa de dejarnos en la estación con los riñones en su lugar. Con más suerte que un quebrado llegamos al tren antes de que nos cerrasen las compuertas del abandono.

28. Estación
Imponente estación de tren de Odesa. Lo primero que nos encontramos en el país.

En tres horas ya estábamos pateando por Odessa, la ciudad que tiene nombre de héroe griego (Odiseo) pero en femenino, pues la emperatriz rusa Catalina la Grande decidió cambiarle el género. El nombre viene de la antigua ciudad griega Odessos (hoy Varna, en Bulgaria), y parece más una ciudad mediterránea que una perteneciente al antiguo imperio ruso.

Nos hicimos un poco de lío buscando el apartamento y eso nos puso nerviosos, pero una vez establecidos y habiendo pagado con nuestros grivnas recién adquiridos (moneda ucraniana), nos fuimos a comer para relajarnos un poquito. Tras la zampada nos encontramos con Polina, una odesita que estaba dispuesta a pasear con nosotros mostrándonos su queridísima ciudad y explicándonos detalles sociales interesantes, como que en Odessa hablan ucraniano como lengua oficial, pero que la mayoría se comunica en ruso.

Odessa se encuentra en el sur de Ucrania, siendo el puerto más importante no solo del país, sino también de todo el Mar Negro. Su historia y cultura gira en torno a la mar, mucho pescado próspero y pueblo más cálido que en el resto del país. El símbolo de la ciudad es la Escalera Potemkin, famosa mundialmente por la película “El Acorazado Potemkin” de 1925. En la parte superior del puerto encontrarás una bella imagen de las escaleras. Otras cositas que fuimos viendo a lo largo del paseo con nuestra nueva amistad fueron la Ópera, el Parque Estambul, el Parque Griego (cada parque a un lado de la escalinata), el monumento “La esposa del marinero”, e intentamos ver el Palacio Vorontsov, pero estaba todo en obras y fue imposible. El Centro de Odessa tampoco tiene mucho más, así que el paseo no fue muy largo, como podéis imaginar.

29. Escalera
Escalera Potemkin ¿Ascensor? Pues va a ser que no.

Polina se marchó y a su barco lo llamó “Libertad”, y nosotros nos quedamos solos a la deriva, así que nadamos hasta nuestro apartamento y nos echamos a dormir un poco, pues repito, esa noche no había dormido nada, y Rudolf no tuvo nada que objetar, pues él es de dormir a todas horas y en cualquier entorno. La verdad es que la siesta ucraniana me sentó de lujo, y eso es raro, porque a mí me suelen matar más.

Tras la zombilada salimos a caminar sin rumbo definido, buscando cervecerías a la altura de la Smokehouse moldava, pero eso era casi imposible, y lo que finalmente ocurrió fue que nos fuimos pillando el moco lata a lata, compradas en los supermercados que íbamos encontrando, mientras buscábamos una cervecería. Decidimos parar cuando estábamos ya bastante piojos y nos metimos a cenar en un restaurante búlgaro de precios bajos y comida buena. No se podía pedir más, y a la hora siguiente ya estábamos durmiendo bajo el poder del aire acondicionado.

6 comentarios en “Transnistia

  1. no sabe cuànto he disfrutado esta publicacion 🙂 me dio un poco de nostalgia, despertò un montòn de recuerdos, me hizo reìr 🙂 y sonreír. que alegría que pasó por aquellos lugares. a Odessa la llaman mamá 🙂 es una ciudad única en el territorio de ex- USovietico, destacado por su humor muy muy específico 🙂 hasta su forma de hablar de los odessitas es super pecular 🙂 gracias por el enorme placer 🙂 un abrazote

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  2. He flipado, no sabía de la existencia del NO País y con ganas me he quedado de ver más fotos y de saber más de sus gentes. Las monedas kitch dignas del monopoli post sovietico las usasteis? No me puedo creer que terminaráis el día a base de latas del chino de odessa😂😂😂, no había ningún garito? Como siempre un post genial descurbriéndonos siempre sitios nuevos😘😘😘

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    1. Faliz Navidad, Bea.
      No vimos muchas monedas de plástico, por eso, cuando vimos a una dependienta que tenía monedas de esas se las cambiamos por el valor correspondiente, pues sin duda son el mejor suvenir. Las monedas de metal también tienen su gracia por el dibujo de la Hoz y el Martillo. Aquel lugar es una sorpresa total.
      Muchas gracias! Disfruta de las fiestas!

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  3. Pingback: Chisinau – ¡Vaya Diario!

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