IDA PFEIFFER (día 2 en Viena)

Hoy toca conocer a una mujer vienesa que a pesar de los pesares no es muy conocida, al menos en España, y a mí me ha fascinado su historia, así que toma nota para ganar quesitos en el Trivial de Feminismos Reunidos, que no hay nadie que acierte dos preguntas seguidas.

Ida Pfeiffer. Viena vio nacer a esta mujer en 1797. Ella fue educada como sus hermanos (cinco varones y, con ella, dos mujeres) y pronto se inclinó por las costumbres masculinas de la época, como la ropa o actividades varias. Con tan solo cinco años viajó con su familia a Egipto y Palestina, experiencia que le cambió la vida para siempre. Tres años después murió su padre, y su madre intentó desviar su educación hacia lo femenino, cosa que tuvo difícil, pues Ida llegó a lastimarse los dedos para no hacer esas nuevas tareas requeridas, como coser o tocar el piano. Finalmente, medio aceptó ese papel de mujer, pero nunca se reconcilió con su madre.

Con 23 años se casó con un abogado de Lviv (ciudad del oeste de la actual Ucrania) de 24 años mayor que ella, con el que tuvo dos hijos, pero este se acabó arruinando y eso le hizo buscar oportunidades laborales en diferentes lugares de Europa Central y del Este, dejando a Ida con sus dos hijos en Viena. La vida entonces se tornó muy oscura, pues por falta de dinero malvivió durante años, hasta que su madre murió en 1837 y recibió una importante herencia, fue entonces cuando invirtió en la educación de sus hijos para que cinco años después, estos pudiesen manejarse por sí mismos. Por cierto, su esposo murió un año después que su madre.

Ida

En 1842, a la edad de 45 años, comienza su sueño viajero. Durante los próximos dieciséis años recorre gran parte del mundo, volviendo a Viena entre viaje y viaje. En total son cinco las veces que sale de su ciudad, volviendo meses y años más tarde, escribiendo un diario que se convertiría en muchos éxitos literarios de viajes traducidos a varios idiomas.

En 1842 viajó por el Danubio hasta Turquía, luego llegó a Jerusalén, a Beirut, a Egipto, y por la Península Itálica regresó a Viena, donde publicó su diario de manera anónima con el nombre de “Un viaje de una mujer vienesa a Tierra Santa”. En 1845 visitó el norte de Europa, pisando tierras danesas, islandesas, noruegas y suecas. De esta aventura sacó dos volúmenes titulados “Viaje al norte escandinavo”.

En 1846 comenzó su primera vuelta al mundo navegando hasta Brasil, de aquí a Chile, Tahití, Hong Kong, Singapur, Ceilán (Sri Lanka), India, Persia (Irán), Mesopotamia (Irak), Armenia, Georgia, Grecia… Entre otros lugares, hasta llegar a casa en 1848. De aquí sacó “A woman’s ride around the world”. No tardó en volver a mover el culo, pues tres años después, a la edad de 54 años, se escapó de nuevo a dar otra vueltecita al mundo. Esta vez fue de Londres a Sudáfrica, y desde aquí se dirigió al Sudeste Asiático, siendo la primera mujer blanca en adentrarse en Borneo y en las Indias Holandesas (Indonesia). Luego cruzó el Pacífico hasta California, bajó hacia el Perú y volvió a subir a los Estados Unidos (Orleans, Chicago, Nueva York, Boston…). Regresó a Europa en 1855, y al año siguiente publicó “Mi segunda vuelta al mundo”. Ahora todo el continente conocía a esta mujer austriaca.

Su último viaje comenzó en 1856, recorriendo varios países europeos y acabando en un barco que la llevó hasta Mauricio, y de ahí a Madagascar. Su objetivo principal era llegar a Australia, pero enfermó repentinamente mientras se encontraba en las islas africanas, y finalmente se vio obligada a volver a Viena, donde murió un mes después, seguramente al haber contraído la malaria. Unos años más tarde, su hijo Oscar publicó “Viaje a Madagascar”.

Ida Pfeiffer tiene una tumba de honor en el Cementerio Central de Viena. También se le dio su nombre a una calle de la ciudad en 2008, y entre 1995 y 1997, los billetes de 50 schilling mostraban su rostro. Fue una mujer que luchó por sus sueños y murió con ellos cumplidos.

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Aquí te dejo una pequeñísima lista de mujeres austriacas, o que han vivido en Austria, que han asombrado al mundo de una manera u otra: Rosa Mayreder, Bertha Eckstein-Diener, Alma Mahler, Hedy Lamarr, Ella Lingens, Gerlinde Kaltenbrunner, Bertha von Suttner, Theresa Ries y María Antonieta de Austria. No puedo hablar de todas porque no terminaría nunca. Ahora dejo aquí mi diario de viajes, donde Daisy y yo finalizamos nuestra visita exprés a la capital austriaca.


Día 2.

Recordemos que el primer día había sido una simple toma de contacto. Solamente habíamos paseado por la multitud en busca de aire fresco, viendo un poco de la Catedral, de la Ópera y de la Plaza de los Héroes, así que nos quedaba todo el meollo todavía… Iba a ser un domingo muy ajetreado por todo lo que nos quedaba por contemplar.

Madrugamos como es debido y nos presentamos en la oficina de turismo a la mismísima hora en la que abrían, y aun así nos ganaron unas japonesas. Habíamos contratado el Vienna Pass para un día por 70 euros ¿Sale rentable? Esa es una gran pregunta, pues a algunxs les saldrá rentable y a otxs no tanto… En la página dicen que la suma de los precios de todas las visitas que entran con la adquisición de la Vienna Pass dobla el precio de este carnet, y es cierto, incluso lo triplica, pero ¿A caso da tiempo a verlo todo? Por supuesto que no, así que antes de comprarla suma los precios de las visitas que quieres hacer sí o sí y mira a ver si te salen las cuentas. Tienes que tener en cuenta los horarios de los sitios, pues casi todo cierra a la misma hora y suele ser prontito (mucho más que en España). Una cosa a favor de la Vienna Pass es que con esta tarjeta no esperas colas, y eso es un puntazo.

Palacio H
Estatua ecuestre de Carlos de Austria-Teschen

Una vez que teníamos la tarjeta colgando de nuestros cuellos para que todo el mundo supiese que éramos unxs hermosxs turistas, volamos hasta el Palacio Imperial Hofburg para visitar el museo situado en sus entrañas. A Daisy le aficionan las biografías de personas nobles y aristócratas interesantes de épocas pasadas, es algo que ya me había dejado claro en viajes anteriores, así que no podía perderse en esta ocasión este museo que dedica casi la mitad del recorrido a la vida de Isabel de Baviera, más conocida como la Emperatriz Sissi. A mí también me llamaba la atención, la verdad, el problema fue que la primera hora de aquella visita estaba dedicada a la vajilla y a los muebles que se utilizaban en el palacio en el siglo XIX. Diez minutos de esto último y ya hubiera sido suficiente, en cuanto a la segunda parte, la de Sissi y su familia, estuvo bastante entretenida.

Así a lo tonto se nos fue casi toda la mañana, pero es que este palacio es el que más tiempo va a tomaros, si es que os gustan este tipo de museos. Corrimos pues a nuestro siguiente destino, aunque en realidad se encontraba en el propio complejo del Palacio. Se trata de la Biblioteca Nacional de Austria, una auténtica maravilla que, creo que no dejaría indiferente a nadie. Sus ocho millones de documentos se extienden por todos los huecos de las paredes, mientras que en el techo relucen coloridos frescos. Es una biblioteca antigua típica de película, con sus pasadizos secretos, sus globos terráqueos, con sus manuscritos en lenguas nunca antes vistas… Preciosa.

Biblioteca

La tercera visita fue al Palacio Schönbrunn, algo alejado del centro, pero aprovechamos la Vienna Pass y pillamos el bus turístico, que es otra ventaja, pues te ahorras el transporte, aunque bien es verdad que el autobús este es lentorro. El caso es que llegamos a una hora aceptable, pero al intentar entrar nos dijeron que había que pasar por taquilla antes, a pesar del privilegio de la tarjeta, pues tienen que darte una hora de pase… ¡Dos horas de espera nos daban! Así que aprovechamos para comer y luego visitamos los jardines y parques del palacio. Este lugar es hermoso. Subiendo a una colina llegas a la Glorieta, una edificación de 1775 con vistas estupendas. En los jardines de abajo puedes encontrar el zoo más antiguo del mundo (nosotrxs no fuimos porque pasamos de zoos) y un laberinto de setos que resultó estar cerrado en ese momento, así que me puse tristón. Cuando llegó la hora entramos en el Palacio Schönbrunn que, la verdad, me decepcionó un poco. Al ser la antigua residencia de la familia Habsburgo, lo contado y representado en este palacio era muy parecido al que vimos por la mañana, así que, en mi opinión, merece la pena entrar en el Palacio Imperial Hofburg, pero no al de Schönbrunn, y menos si no tienes mucho tiempo en la ciudad. Eso sí, los jardines de este último son imprescindibles.

Palacio S
La Glorieta de los Jardines del Palacio Schönbrunn.

Aunque no era demasiado tarde, ya estaba el cielo oscuro, así que nos tocaría subir a la Noria de Viena de noche, pero eso no era un problema, pues las luces de la ciudad y del parque de atracciones alumbraban alegría. Esta noria, de 1897, es una de las más antiguas del mundo, y subir fue todo un privilegio, pues me encantan. Luego vino un paseo por el Parque de Atracciones, y acabamos montando en una especie de Tren de la Bruja, pero con gafas de realidad virtual y, la verdad, fue un lujo innecesario, porque era una pequeña caca.

Noria2
Dentro de la pupila del ojo de Viena.

Tras el parque comenzamos a andar hasta la Torre del Danubio, pero cuando habíamos cruzado medio río ya, decidimos que aquel lugar estaba muy lejos y que no merecía la pena, así que pillamos el metro que atraviesa el río y volvimos al casco viejo, donde la Catedral, para cenar en el mismo sitio del día anterior.

Esta vez volvimos al albergue en tranvía, que se notaba el palizón que nos habíamos pegado, y en cuanto llegamos nos metimos en nuestros sueños, pues al día siguiente nos levantábamos a las cuatro y media de la mañana para correr al aeropuerto. Un fin de semana corto, pero precioso e intenso.

¡Hasta la próxima!

5 comentarios en “IDA PFEIFFER (día 2 en Viena)

  1. Genial la biografía de Ida, sobre todo porque en aquella época viajar si era complicado y aún más siendo mujer, una auténtica aventurera. Me ha encantado la foto desde la Noria, tenías que haber hecho otra en el tren de la bruja en modo de gafas realidad virtual🤣Me mola esa combinación de palacio y parques de atracciones, pero vaya paliza que os pegasteis. Bss y disfruta del fin de semana😘😘

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  2. Muy buena entrada! Me encantó la historia de Ida Pfeiffer, no conocía esa mujer tan vanguardista en el siglo XVII, increíble desafiar las costumbres de la época para conocer el mundo sola! Debió ser pecaminoso su estilo de vida en la época, como decimos en Colombia, una Tesa!

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