Tres mujeres del este europeo

Al igual que hice en una entrada de mi viaje a Suiza, voy a dedicar ésta a ciertas mujeres de la Europa del Este que han pasado a la historia. Ni son todas ni lo podrían ser, porque entonces no acabaría nunca, así que he elegido únicamente tres personalidades. No son mujeres actuales, sino personas que están o deberían estar en viejos libros de historia. Espero que guste mi selección.

  • Ana Cumpȃnaș

En 1889 nació Ana Cumpȃnaș en Comloșu Mare. Hoy, este lugar, es una comuna en el oeste de Rumanía, en la frontera con Serbia, pero en aquel entonces pertenecía al Imperio Austrohúngaro.

A los 20 años se casó, y en 1914, cinco años después, emigró a Estados Unidos con su marido y su hijo, asentándose en East Chicago, Indiana, pero el matrimonio pronto se fue complicando y acabaron divorciándose. Para salir adelante ejerció como prostituta durante aquella década y principio de los veinte, pero en 1923 abrió su primer burdel en Chicago como propietaria, y a este le seguirían otros más. Se volvió a casar con un abogado rumano (de quien obtuvo el apellido Sage), pero en 1932 volvió a divorciarse. Dos años después fue amenazada por las autoridades con la deportación a su país de origen por considerar que Cumpȃnaș poseía un carácter moral bajo.

Fue en esta época cuando conoció a John Dillinger, el gánster más buscado de la época, acusado de varios robos de bancos y un asesinato a un policía, a parte, se había escapado dos veces de la cárcel y se había cambiado el rostro y las huellas dactilares con cirugía plástica, por lo tanto, pillar a este hombre se había puesto complicado para la policía de Chicago. Dillinger era el amante de una camarera, una antigua prostituta de uno de los burdeles de Ana Cumpȃnaș, y amiga de ella. Cuando Cumpȃnaș supo quién era en realidad este hombre vio la oportunidad de evitar la deportación si colaboraba con la policía, así que negoció con ellos su permanencia en el país y una recompensa de 10.000 $ estadounidenses.

Ana quedó con la policía en que el 22 de julio de 1934, iría junto a Dillinger y su amante al Biograph Theater. Para que la policía pudiera identificar al delincuente, Ana quedó en que llevaría un distintivo vestido rojo, aunque al final llevó uno naranja. Cuando la policía identificó a Dillinger comenzó un tiroteo que acabó con la vida del gánster.

Cumpȃnaș fue trasladada a otros dos estados en el transcurso de un año por su seguridad, y solamente recibió la mitad de lo prometido en la recompensa. No solo eso, los tramites de deportación siguieron y a principios de 1936 fue devuelta a Rumanía, donde volvió a empobrecer y murió en 1947 debido a una enfermedad, a los 58 años.

Esta mujer se hizo famosa en Estados Unidos y en gran parte del mundo como la Mujer de Rojo. Son varias las películas sobre John Dillinguer que incluyen a Ana Cumpȃnaș, como no podía ser de otra manera. La película más reciente es Enemigos Públicos, de 2009.

30. Ana Cumpanas
Ana Cumpanas tras el chivatazo.
  • Daria Harjevschi

Poca es la información que hay de su vida. Debió nacer en algún lugar de la antigua Besarabia en 1862, y con tan solo 22 años se puso al frente de la Biblioteca Pública de Chisinau, la única en aquella época (hoy es la Biblioteca Nacional de la República de Moldavia). Fue la persona más joven en llegar a este puesto, y ahí estuvo 40 años de su vida, al frente de aquel barco cultural del pueblo, con gran entusiasmo y mucha dedicación.

En 1899 Harjevschi viajó a otras importantes bibliotecas de la actual Ucrania, como la de Odesa o Jarkov, para estudiar a fondo otros funcionamientos, y tras ello, puso en marcha la catalogación alfabética sistemática de los ejemplares que allí se encontraban. En 1911 participó vivamente en el Congreso de Bibliotecarios de Rusia en San Petersburgo, donde sugirió mejoras. Bajo su dirección escuchó a los usuarios creando formularios para estos, abrió las puertas y estimuló a los niños de Chisinau, sobre todo con aquellos pequeños sin recursos económicos. Su compromiso era total.

Se jubiló a los sesenta y dos años y murió en Chisinau diez años después, en 1934.

31. Daria Harjevschi
Daria Harjevschi colorida.
  • Liudmila Pavlichenko

Esta mujer nació en 1916 en Bila Tserkva, una ciudad a 80 km al sur de Kiev. Al tiempo se trasladó con su familia a la gran ciudad a trabajar como obrera en una fábrica de municiones, y allí, a los catorce años, se apuntó a una asociación de tiro, donde fue instruida en el manejo de armas. Uno de los motivos que la hizo inscribirse fue el demostrar que una mujer (adolescente, como era entonces) también sabía disparar bien. El paracaidismo y el ala delta eran otras de las cosas que practicaba. En este periodo ganó varios torneos de tiro.

Se casó en 1932 y tuvo un hijo, pero este matrimonio no duró nada. En 1937 comenzó sus estudios en la Universidad de Kiev en la especialidad de Historia, pero nunca dejó las armas, y así fue perfeccionando su habilidad de tiro.

Cuando tenía 24 años, en 1941, el ejército nazi invadió la Unión Soviética, y Pavlichenko intentó ingresar en el Ejército Rojo, pero en aquellos momentos las mujeres no podían ser soldados, así que intentaron derivarla a enfermera, cosa que ella no aceptó. Tuvo que esperar unos meses y ser muy insistente para que la dejasen participar en una prueba de ingreso. La prueba consistía en disparar a dos soldados rumanos al servicio de los alemanes… Les dio a los dos, así que se ganó un hueco en el ejército como francotiradora.

Luchó y disparó cerca de Odesa durante dos meses y medio, donde alcanzó una cifra de 187 bajas, una auténtica barbaridad. Aun así, el ejército nazi se hizo con el control de la zona, y su unidad fue trasladada a Sebastopol, en la Península de Crimea. Uno de sus objetivos en esta ciudad fue eliminar a un francotirador alemán con mucha historia detrás, pero este no fue rival para Liudmila, que le encontró y le fulminó.

Ya como teniente, siguió su lucha en Sebastopol hasta que fue herida, así que se decidió que dejaría el frente para formar a otros tiradores. De dos mil francotiradores en la II Guerra Mundial, solo sobrevivieron quinientos, entre los que se encontraba Pavlichenko, con un número de 309 bajas confirmadas.

Por motivos estratégicos de Stalin y aprovechando la fama que había adquirido la francotiradora de su ejército, a finales de 1942, envió a Pavlichenko a Canadá y a Estados Unidos para motivar a los soldados aliados y convencer a estos ejércitos a abrir un nuevo frente en la zona occidental de Europa. Esta mujer fue la primera soldado soviética en ser invitada a la Casa Blanca, donde conoció al presidente Roosevelt y a la Primera Dama, Eleanor Roosevelt. Con ella iniciaría una gira por el país americano contando su experiencia como mujer soldado. En esta gira recibió muchas preguntas sexistas como “¿Cuándo vas a la batalla os dejan maquillaros?”.

Tras la guerra retomó sus estudios en Kiev y se licenció en Historia y trabajó como investigadora en el ejército ruso. En 1957, recibió la visita de Eleanor. Pavlichenko murió en 1974.

Sobre ella se han escrito canciones (Miss Pavlichenco), hay una película (Bitva za Sevastopol), nombrado a un velero ya desguazado, incluso crearon dos sellos soviéticos, uno del 43 y otro del 76, como homenaje.

32. Lyudmila
Pavlichenco posando con amiga mortal.

Voy a tener que dejarlo ya para que no se haga muy largo esto. Algunas mujeres más que nacieron por la zona e hicieron historia podrían ser, por ejemplo, la escritora feminista ucraniana Olha Kobylianska; la primera Haseki Sultan del Imperio Otomano, Anastasia Lisowska; Ana Aslan, una médica y bióloga rumana; o la aún viviente Iana Matei, activista rumana, protectora de las víctimas de prostitución forzada. Y ahora el diario, playita en Odesa y viaje en tren a Kiev. Si lo prefieres puedes pinchar AQUÍ e irte a la próxima entrada, si es que ha salido ya, donde haré una pequeña guía de la capital ucraniana.


E. Beber como cosacos (días 13, 14 y 15)

Alona, kievita de nacimiento, guía turística en su ciudad y en castellano, muy maja y agradable. Esta mujer nos enseñó los entresijos de Kiev el último día de viaje, pero también nos contó moviditas varias de su historia y cultura… Los cosacos fueron guerreros de la estepa rusa y ucraniana, bien adiestrados y formidables en batalla. Ofrecían sus servicios a los nobles de la zona y su fama creció hasta llegar a nuestros días. La cosa es que todos sabemos el frío que puede hacer en la zona, incluso en verano, así que la fórmula mágica para pasar mejor el fresquito siempre es la misma en esta cultura: de trago a trago y paro porque me cago. Así de ciegos se ponían los cosacos, por lo tanto, tampoco tiene mucho más misterio ese dicho popular español “Beber como Cosacos”. Nosotros bebimos como cosacos durante los dieciocho días de viaje, pero que nadie juzgue antes de tiempo, pues cuando regresamos a nuestro país y a nuestra rutina, dejamos el alcohol un rato.

Día de viaje: 13 (Odessa) 

Los huesos que iban quedando nos pedían al menos un día de relajación, y al fin llegó el ansiado descanso, aunque fuese solo parcialmente y de manera intermitente. Madrugamos solo un poquito, agarramos los utensilios de baño y salimos escopetados.

Nuestro desayuno salió del bulevar principal que teníamos frente al apartamento, una comida que salió cara, pues aquellos puestecillos con cara de plebeyos resultaron ser de una clase más alta. Luego anduvimos lo suyo para llegar al Privoz Market, cerquita de la estación de tren, un mercado al aire libre que resultaba ser laberíntico. Uno de los más grandes y antiguos de Europa.

33. Bus
En Odessa tienes que pagar el bus al bajar de él, así que sube por una de las puertas traseras y baja por la del conductor para soltarle los grivnas correspondientes. Fotografía tomada por Rodrigo Moyano.

Tras nuestro paso por el zoco loco nos metimos en un autobús y tiramos hacia el sur de la ciudad para bajarnos en Arcadia. Este barrio contiene la playa más famosa del país, llamada Arcadia para atraer al turismo, pues viene de la región griega en el Peloponeso. En mi opinión, esta playa solo merece la pena si vas con amigxs en plan desfase, como podría ocurrir en Ibiza, pues tiene mogollón de discotecas, restaurantes, pubs y terrazas privadas que asoman a la playa. No lo comprobamos, pero seguramente te sajen de manera considerable por cualquier consumición o hamaca ¡Ten cuidado, si eso no es lo que quieres! La playa (lo que realmente es playa) no se extiende ni ciento cincuenta metros, y está todo a reventar, poco espacio para tus toallas. El agua está templada, con mucha alga y roca, pero es agradable el baño, por lo menos.

34. Casa del Terror
Un puñado de atracciones, restaurantes y un parque acuático crean esta absurda calle que llega a la famosa playa de Arcadia. Fotografía tomada por Rodrigo Moyano.

El caso es que estuvimos picoteando de playa en playa a lo largo de la ciudad, yendo siempre hacia el norte para llegar a la parte céntrica. Bañitos y tostadora, en eso se resume el día. Lo más interesante fue cuando Rudolf casi pierde el móvil otra vez, después de dejárselo en el mostrador de un puesto de helados. Por suerte, la dependienta fue maja.

Ya de vuelta pasamos por el parque Tarás Shevchenko, donde, además de varios monumentos dedicados al poeta, se encuentra también el estadio de fútbol del FC Chernomorets Odesa. De camino al apartamento cenamos en una cervecería donde nos pusimos finos a sus productos artesanales y a alguna hamburguesa que otra, que tenían opción vegana para mí.

Día de viaje: 14 (Odessa) 

Ya estábamos aburridos de esta ciudad portuaria, pero nos quedaba un día más. El viaje a Kiev sería en un tren nocturno, así que dormiríamos en el medio de transporte, por lo tanto, fuimos a la estación de tren lo primero, para dejar el equipaje allí y olvidarnos de ello durante el resto del día. Resto del día que no era tanto, pues esa mañana no habíamos madrugado mucho, ya que como dije, creímos que la ciudad no tenía mucho más que ofrecernos.

Por ese mismo motivo dimos caña a la ruleta de la fortuna para elegir el destino del día… Un parque al sur fue el lugar escogido. No recuerdo como se llama el parque y tampoco lo encuentro por Maps, pero podría ser el Horkoho Park. Un autobús nos dejó en la orilla del parque, en su última parada, y nosotros comenzamos a andar por los caminos inconscientemente, sin tener en cuenta los cocodrilos que podrían salirnos detrás de los árboles. Por suerte no ocurrió nada que nos matase y por el contrario llegamos a una pequeña feria en decadencia (creo que ya he comentado que todas están en decadencia en este trozo del mundo), tras las atracciones se abría una plaza con enormes trastos viejos de guerra… Vehículos los llamaban. Sobre todo, tanques y lanzamisiles, pero lo más impresionante fue un submarino.

35. Tanques
Rudolf posa radiante junto a las máquinas de guerra. Al fondo el impresionante submarino.

Como no sabíamos qué más hacer empezamos a dar vueltas por los barrios colindantes, tomando alguna que otra cerveza cosaca y entrando a los centros comerciales para orinar como cosacos. El caso es que, aburridos como cosacos, tomamos el autobús de vuelta que nos dejó de nuevo en la estación, pero como era pronto aún, buscamos un restaurante vegeta para cenar como cosacos, donde me puse hasta los bronquiolos de comer, cosa que luego me pasaría factura.

Volvimos a la estación, pillamos las maletas y nos metimos en el tren infinito. Nos costó un poco encontrar nuestro compartimento, y cuando esto ocurrió vimos a una pareja dentro que no nos dejaba pasar, nos hablaba en ruso y no entendíamos nada, y luego cerraban la puerta. Rudolf y yo nos rayamos y volvimos a preguntar varias veces, hasta que el tío se puso furioso y nos lo gritó de tal manera que los dos entendimos perfectamente que necesitaban un momento para cambiarse… Fenomenal, casi nos parte la cara un cosaco.

Las siguientes situaciones fueron tensas, pues no teníamos mucha experiencia durmiendo en compartimentos de trenes ucranianos, así que había cosas que no sabíamos, como donde estaban las escaleras, o con qué te tapas, o donde se guardan las maletas, así que, nuestrxs compañerxs de las camas de abajo nos iban guiando a regañadientes. A la hora todo parecía aclarado, ya estábamos medio durmiendo, pero de repente me empezó a doler la tripa y la cabeza ¡Todo a la vez! Intenté aguantar, pero llegó un momento en el que era insoportable y tuve que levantarme para ir a echar la raba. Mientras tanto, Rudolf se descojonaba de la situación.

Vomitar en el retrete de un tren en marcha es de las cosas más asquerosas que he tenido que hacer en mi vida. Ese váter tenía zurraspas de varios pasajeros y el suelo meado. Vomité el doble por el asco que me daba. Pero bueno, después de aquel desagradable episodio, se me acabaron los dolores estomacales y al fin pude dormir.

Día de viaje: 15 (Kiev)

 Llegamos a Kiev a las siete de la mañana, como prometían los horarios de internet cuando compramos los tickets. A pesar de todo, al final dormimos bastante, pero descansamos poco, y eso nos pasó factura, pues el camino desde la estación hasta la oficina donde nos darían las llaves de nuestro próximo apartamento se nos hizo inmenso y tenebroso. Fue matador también el tener que esperar hasta las diez para que abrieran dicha oficina, y cuando por fin ocurrió nos dijeron que hasta la una no podrían darnos las llaves, así que, cagándonos en todo lo posible, nos despedimos muy amablemente y nos fuimos a conocer un poco aquella última ciudad del viaje.

36. Hotel en Kiev
Edificio Ask Tetyana.

El paseo consistió en un recorrido a lo largo de la calle principal, un poco de plaza, el estadio del Dinamo de Kiev y un almuerzo merecido, que yo, después de mi noche vomitona necesitaba rellenar buche. Ahora sí, teníamos llaves y nueva dirección escrita en un papel, papel que desapareció de camino, pero por suerte, Rudolf se grabó a fuego la dirección y, con un poquito de dificultad, pudimos encontrar nuestro nuevo hogar.

La siesta no nos la quitó nadie, nos la merecíamos, y después salimos a comernos la ciudad… Pero despacito, para no atragantarnos. Para ello quedamos con Tania, una kievita muy nacionalista, pero con un tremendo amor hacia España que era algo incomprensible, pero bueno, eso estaba bien, porque sabía hablar nuestro idioma. Tania nos llevó por la parte más agitada de su ciudad, por el famoso barrio de Podil, la Colina de Saint Volodymyr, el Arco de la Amistad del Pueblo y cruzamos el nuevo puente inaugurado hace poquísimo (2019), que ofrece vistas sensacionales de la ciudad y del río Dniéper.

Nos despedimos de Tania y poca historia más. Nos fuimos a hacer aquello que mejor sabíamos hacer, encontrar un garito a nuestra altura y beber como verdaderos cosacos. De esa noche recuerdo que no recuerdo cómo llegamos al apartamento.

37. Dniéper
Dniéper

5 comentarios en “Tres mujeres del este europeo

  1. Pingback: Transnistia – ¡Vaya Diario!

    1. Eso parece. Las posibilidades de escapar de la justicia eran más fáciles antes que ahora… Seguro que algún cabeza de turco acabó entre rejas pagando lo que otros habían hecho.

      Gracias, chicos! Un abrazote!

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  2. Me he transportado a ese vagón siniestro con el cosaco que casi os parte los piños😰pero…pq parece que son todos tan antipáticos🙄 y luego rematado con un momento de echar la raba😂😂 pero que te dieron de comer, menudas aventuras,desde luego no os aburristeis, no me extraña que no perdonarais una siesta😂😂Lo que está claro es que el carácter de todos ellos es fino…filipino y como muestra la biografía de las mujeres de las que has hablado, por cierto me han encantado todas, pero mi favorita la primera menuda crack😂😂como vendió al exmarido operado, vaya tela. Un besote David! Como siempre me ha encantado el post😘😘

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  3. Hay de todo, ucranianxs que te sonríen y ucranianxos que te odian sin un motivo previo (quizá más de estos últimos). A veces teníamos la sensación de que no éramos muy bien recibidos y que todos querían sacudirnos, además, nosotros, de una estatura media en España, allí parecíamos los pitufos mochileros. Pero güeno, al final la gente que te sonríe marca más. Gracias, Bea. Buen finde! 😉

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