Juana Azurduy

FUGA DE TOROCA

Su marido Manuel Padilla y ella habían participado activamente en la Revolución de Chuquisaca, en 1809, conocido como la primera revolución libertaria de América Latina. Este hecho llevó al enemigo rencoroso a fijarse bien en la familia Padilla para jugársela en un futuro.

Dos años después, Juana y sus cuatro hijos fueron apresados por los realistas y posteriormente encerrados en una hacienda cerca de Tocora, lugar donde ellos habían vivido hasta que fueron confiscadas sus tierras, tras la desastrosa batalla de Huaqui. El gran objetivo de este secuestro era atraer a Padilla, el marido de Juana, pues amaba a su familia ante todas las cosas, y como era de esperar, este acudió días después.

A la madre de familia le llegó de alguna manera información de la posición de Padilla, así que, con más alivio y esperanzas comenzó a tramar una fuga. Consiguió un arma y pudo deshacerse de varios guardias, pues aquel lugar estaba fuertemente custodiado. Así, sacando el lado guerrero que su padre le había mostrado en su infancia, consiguió llegar junto a sus hijos hasta el punto donde le esperaba su marido con tres caballos. Padilla cabalgó con la hija más pequeña, Juana Azurduy con la siguiente, y los dos varones, que eran los mayores, montaron al tercer caballo. Poco después ya estaban bien seguros en un campamento móvil.

Este capítulo marcó un antes y un después en la familia, que se convirtieron en guerrilleros. Para Juana comenzaba tanto su gloria como sus penurias, cosa que veremos a continuación.

Juana Azurduy Portada

VIDA DE AZURDUY

Nació en 1780 en Toroca. Su padre estaba forrado y poseía muchas tierras, y buscó un varón para que llevase en un futuro el tema económico de la familia, pero como no consiguió un hijo decidió criar a Juana como tal, así adquirió comportamientos masculinos. En esta época aprendió a montar a caballo y a hablar quechua. Pero no todo fue alegría, pues en un abrir y cerrar de ojos sus dos padres fallecieron, por lo tanto, tanto su hermana como ella, que tenía siete años, pasaron a ser custodiadas por sus tíos, matrimonio al que le interesaba más la herencia de las niñas que el amor de ellas. Así pasó, que Juana se reveló varias veces hasta que sus tíos decidieron meterla en un convento a los 12 años, cosa que ella aceptó encantada, así se libraría de ellos.

Pasó que el convento tampoco era para ella y, cinco años después era expulsada. Tenía 17 años y la vuelta con sus tíos no fue lo mejor, así que se fue a vivir sola a la misma casita donde había vivido con sus padres. En las inmediaciones de este lugar se reencontró con Padilla, antiguo vecino de la familia, con el que se acabó casando en 1805, a los 25 añitos. La relación con su marido fue buena y llena de amor. A menudo hablaban de injusticias sociales y de la revolución que se estaba fraguando, conduciéndoles rápidamente hacia el activismo. Así fue que, a lo largo de los seis años siguientes, la pareja, ya con cuatro hijos, fue participando en actos revolucionarios y haciéndose conocidos por sus enemigos. Como relaté más arriba, en 1811, Azurduy y sus hijos fueron hechos presos y con la ayuda de Padilla lograron escapar.

BoliviaA partir de ese momento las vidas de aquella familia se implicaron por completo en la causa revolucionaria, viviendo en campamentos móviles, pues sus tierras habían sido confiscadas por los realistas. Las pésimas condiciones de vida que la guerra provocaba hizo que sus cuatro hijos enfermaran poco a poco, y finalmente, los cuatro contrajeron la malaria. El matrimonio quedó desolado y con un rencor que les salía de las orejas… Desde entonces, el carácter de ambos cambió. Para salir de la tristeza volvieron a intentar tener descendencia, y no mucho después Azurduy volvió a quedarse embarazada.

Dio a luz a una niña en la orilla de un río, muy cerca de una batalla, y tras recuperarse del parto volvió a sus tareas. Una de estas tareas era transportar víveres de un campamento a otro y, en esas estaba, junto a cinco escoltas, cuando estos la traicionaron y quisieron acabar con su vida y con la de la recién nacida para así hacerse con la mercancía. Juana, descubriendo la trama, golpeó con su sable a uno de ellos y, mientras los demás quedaron atónitos, ella aprovechó para escapar con su mula atravesando un río. Volvió a salvar su vida y la de su hija. A partir de entonces, la niña fue entregada a una mujer de confianza para que la criara mientras la guerra durase.

En cuanto a las campañas bélicas, el matrimonio sirvió al capitán Belgrano, con quien tuvieron gran relación y ayudaron enormemente en sus tácticas y en el campo de batalla. Azurduy consiguió reclutar a diez mil milicianos entre hombres y mujeres, y poniéndose al frente de este batallón atacó varios campamentos enemigos, haciéndose con ellos. El capitán Belgrano obsequió a la mujer con su sable, que se convertiría en el símbolo de Juana Azurduy.

BTVfedxCYAAnl5sEn septiembre de 1916, tras una derrota contra los realistas, el matrimonio y parte de la tropa se resguardaron en el santuario de El Villar, pero los enemigos les siguieron y les atacaron. Azurduy resultó herida, pero pudo escapar, sin embargo, Padilla perdió la vida. Los realistas le decapitaron y colgaron su cabeza en una pica. Cuando su mujer se enteró quiso volver para morir con él, pero la convencieron para desechar aquella idea.

Juana Azurduy siguió varios años en la lucha, esta vez bajo las órdenes del capitán Miguel de Güemes, pero cuando este cayó en batalla en 1821, Juana dejó toda actividad. Su situación tras la retirada militar fue muy dura, en la más absoluta pobreza. Volvió con su hija a su ciudad natal donde reclamó sus tierras confiscadas, pero nunca las consiguió. Cuando su hija se casó, ella se quedó totalmente sola. En 1825 Simón Bolívar visitó a esta heroína boliviana y decidió compensarla con una pensión además de ascenderla a “coronela”. También recibió elogios de Manuela Sáenz. Posteriormente, los cambios en el nuevo país terminaron con la pensión de Azurduy, y volvió a la pobreza. En 1862, con 81 años, falleció totalmente olvidada.

LEGADO

En el Parque Colón de Buenos Aires (Argentina), en 2015, se retiró el monumento de Cristóbal Colón y se erigió otro de Juana Azurduy, de 16 metros de altura. Poco después la estatua fue trasladada a un lugar menos céntrico de la ciudad. En la ciudad de El Alto (Bolivia) hay otra estatua ecuestre de Juana, en la plaza que lleva su nombre. En La Paz (Bolivia) también se asoma un busto condecorado. El viejo aeropuerto de Sucre (Bolivia) lleva su nombre. Calles, plazas, escuelas y otros lugares de Bolivia y Argentina reciben el nombre de la heroína sudamericana. Canciones, novelas, pinturas, rutas… Azurduy no solo fue el pasado. Volvió a ser recordada y hoy está bien presente.

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Monumento en Buenos Aires

La vida de esta guerrera es fascinante. He tenido que acotar bastante su historia para que este post fuese más digerible, pero en cada párrafo hay una historia detrás que te deja flipando. Su vida fue mejor que un libro o película de aventuras. Espero que os haya gustado este capitulón de las Guerreras Latinoamericanas.

¡Un abrazo, y hasta pronto!

4 comentarios en “Juana Azurduy

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