Atolón Pingelap

INFORMACIÓN

Hoy nos toca volver al océano Pacífico, y os aseguro que no va a ser la última vez que naveguemos por estas aguas. Esta vez visitamos los Estados Federados de Micronesia, y ya os digo que no va a ser la última vez que pisemos este país insular. Y dentro de estos cuatro Estados de los que se compone Micronesia, nos centraremos en el Estado Pohnpei, en la parte oriental, pero no creáis que será la última vez que visitemos esta zona del país, pues os tengo preparado otro cacho de tierra que es justamente de aquí, que da para mucho.

Pohnpei está compuesto por una isla principal homónima donde se encuentra la capital, Palikir, y 161 islitas y atolones. El atolón Pingelap, que es el que nos interesa, está como a 270 kilómetros al sureste de Palikir. Se trata de un conjunto de 3 islitas (Pinglap, Sukora y Daekae) que forman una laguna con dos piscinas. La parte terrestre tiene un área de 1,75 km2, y si pillamos el total, con agua y arrecifes, obtenemos unos 5 km2. De la altura mejor ni hablamos… Bueno, sí, no supera los 2 metros y medio de altura sobre el nivel del Pacific Blue.

Pingelap Mapa

En este atolón han llegado a vivir muchos, pero se ha ido reduciendo la cosa hasta que en 2010 se recontaron unos 258 residentes, de los cuales, la mayoría viven en Likinepeng, en la costa sureste de la isla Pingelap, que es la más grande y donde se encuentra la diminuta pista de aterrizaje. Estos mendas hablan su propio idioma, el pingelapés. Clima tropical loco, o sea, lluvia todo el año y temperaturas cálidas que oscilan entre los 23 y los 32 grados centígrados durante toda la vida de sus dioses.

HISTORIA

Esto estaba ocupado por los micronesios desde hace mogollón de años, mil, por lo menos, no sabemos que penurias y trifulcas vivieron durante todo este tiempo hasta 1775, cuando el tsunami Liengkieki fregó la isla llevándose a casi toda su población. Únicamente quedaron 20 personas, de las cuales, casualmente, se encontraba el Nahnmariki, que es el título hereditario para denominar al todopoderoso rey de la isla.

Unos añitos después de la catástrofe, fue divisado el atolón por el marinero británico Thomas Musgrave, primer europeo en llegar a la actual Pingelap. Y en 1809 volvió a pasar por ahí el capitán MacAskill y le puso su nombre al atolón pensando que era otra diferente por un error cartográfico, así que durante un tiempo hubo en los mapas dos islas que eran la misma.

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Fotografía tomada por Thomas Andrew en 1886.

En la Primera Guerra Mundial los japoneses llegaron al atolón antes que nadie y construyeron una preciosa base de suministros en el sur de la isla principal, y ahí se quedaron los nipones hasta el final de la IIGM, que fueron atacados y desalojados por los estadounidenses. Durante la ocupación japonesa los soldados y los pingelapeses (sí, me lo invento) convivieron intercambiando técnicas gastronómicas y otras cosas varias, pero lo que más trajeron y repartieron los japoneses fueron las enfermedades, cosa que destruyó gran parte de la población.

Cuando llegó Estados Unidos en 1945 introdujo un plan de atención médica, educación primaria y un sistema democrático para la población que acabó fracasando. Durante la guerra fría puso una estación de observación de misiles, un muelle y una pista de aterrizaje.

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También sirve de trampolín gigante.

ANECDOTARIO

¿Os acordáis del tsunami que os he dicho antes que arrasó la isla en 1775? Sí, el que dejó solo a 20 personas vivas, entre ellas el rey. Pues resulta que este rey era portador de una enfermedad congénita que afecta a la vista, llamada acromatopsia. Está producida por una alteración en los conos, que son las células fotorreceptoras de la retina y que hacen que veas muchos colores… Pues nada, la gente que lo padece ve en blanco, negro y toda la escala de grises. Además, son extremadamente sensibles a la luz solar.

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Aquí un pingelapés con cara de mala leche de coco porque le han abierto la persiana a las dos del medio día. Fotografía tomada por Sanne de Wilde, incluida en su obra “The Island of the Color blind“.

Ahora sois vosotros los que podéis ir sacando conclusiones… Eran 20 en 1775, en un territorio aislado y muy pequeño, lo cual había que hacer un gran esfuerzo físico y mental para repoblar todo aquello, y el rey ¡El gran rey! Era portador de la acromatopsia. Pues sí, hoy en día el 10% de la población sufre esta extraña enfermedad, la genética y la endogamia así lo han querido. Para comparar, se estima que esta enfermedad afecta a una de cada 30.000 personas en el mundo, pero en Pingelap la padecen uno de cada veinte, por lo tanto, si te pasas por aquellas latitudes, coincidirás seguro con alguien que vea en blanco y negro.

El lugar es un paraíso para científicos e investigadores, y los habitantes afectados, que ya empiezan a estar un poquito hartos de tanta preguntita, dicen que les importa un carajo no distinguir los colores. Dicen que su movida también tiene sus ventajas, por ejemplo, su visión nocturna es más aguda, tanto es así que, cuando el sol se marcha ellos salen a pescar.

En 2015, una fotógrafa belga llamada Sanne de Wilde se pegó unas vacaciones allí capturando bonitos momentos de los isleños, y luego hizo unos retoques con filtros y con acuarelas, recibiendo ayuda de los afectados, creando, según dice, unas imágenes con los colores con los que ellos perciben el mundo.

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Otra fotografía de Sanne de Wilde, incluida en el libro “The Island of the Colorblind“.

CÓMO LLEGAR

¡Agradece que existe un aeródromo! La aerolínea Caroline Island Air pasa por el atolón dos o tres veces al día con avionetas que llegan desde la isla Pohnpei (donde se encuentra Palikir) y desde el atolón Mokil, a medio camino entre los dos. El vuelo desde el primero te costará unos 190 dólares más el equipaje ($ 0,75 por libra), y desde Mokil serán 90 dólares más equipaje, siempre y cuando no hayan cambiado las tarifas de 2018. Llegar a Micronesia no es complicado, pero sí que es bien caro si viajas desde Europa, como a cualquier sitio que vayas de Oceanía.

¿QUÉ HAY POR AHÍ?

Conocer a su gente puede ser muy interesante, pero tal vez no les apetezca relacionarse contigo, así que no te preocupes, pues el atolón ofrece unas playas y lagunas de película. Si has llegado hasta Pingelap… Relax.

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Disfruta, pero cuidado con los tiburones.

Espero que os haya gustado este trocito paradisiaco. Para finalizar esta serie de islas (hasta nuevo curso) tengo preparadito ya un misterio en una isla europea, así que nos vemos dentro de dos semanas.

¡Saludos, navegantes!

6 comentarios en “Atolón Pingelap

  1. Ya te digo que no va a ser la primera vez que te diga que no me importaría perderme un tiempo en esta isla, conocer a sus habitantes aunque me enviaran al carajo, que ya me encargaría de engatusarlos para saber más de ellos y de paso disfrutar de esas playas. Que curiosa esta isla y sus isleños en blanco y negro, me ha gustado la foto en colores, como sabían ellos explicar cómo veían las cosas si solo pueden ver en blanco y negro😱. Quiero más islotes interesantes, leyéndote te das cuenta que aún queda mucho mundo por descubrir 😉 Disfruta de la tarde y muchos 😘😘😘

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    1. Hola George! No, yo nunca pisé Pingelap, solo reuní la información del atolón para la curiosidad de l@s viajer@s. Pero teniendo en cuenta que para llegar al lugar habría que llegar antes a Palikir, y para llegar a Palikir habría que llegar antes a Nueva Zelanda… Puedes hacer cálculos, pero un par de días de viaje no te los quita nadie, y eso si todo el trayecto lo haces por el aire. Gracias por comentar. Un abrazo!

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