Howland

INFORMACIÓN

Siguiendo la línea imaginaria del ecuador por el inmenso océano Pacífico podemos toparnos con más de una isla, no cabe duda. Pues uno de estos solitarios y abandonados trozos de tierra es conocido con el nombre de Howland. Tiene forma de pepino y su tamaño no es impresionante, de unos 2,6 kilómetros cuadrados, y una altura de vértigo, no superior a los seis metros sobre el nivel del mar. A penas hay verde en el terreno arenoso, salvo la maleza incontrolada.

Junto a la isla Baker (un poco más al sureste) se trata de un territorio no incorporado de los Estados Unidos, que mantiene este montón de arena para planes locos y estratégicos (para nada). Son parte de las Islas Fénix, gobernadas por la República de Kiribati, salvo Howland y Baker, que como ya he dicho, son estadounidenses. Las Islas Fénix están en medio de todo el jaleo de las zonas horarias más radicales, pues las islas pertenecientes a Kiribati tienen un UTC de +13 y, sin embargo, Howland y Baker tienen un UTC de -12, o sea, 25 horas de diferencia horaria entre territorios que están relativamente cerca. Dicho esto, y teniendo en cuenta que Howland está un pelín más al este que Baker, os presento la última zona terrestre en ver la puesta de sol.

Howland está lejos de todo lo que nos podría importar… 3.000 kilómetros al suroeste de Hawái y algo más de 3.000 kilómetros al noreste de las costas australianas, así que, como naufragues en esa isla date por esqueleto, porque, como habrás intuido, no vive nadie allí, incluso los pájaros están de paso. Llueve poquito y el sol pega fuerte al estar en la línea del ecuador.

HISTORIA

Se han encontrado evidencias de que la isla fue habitada por pueblos polinesios hace unos 3.000 años, pero no durarían mucho debido a las fuentes poco fiables de agua dulce, como también ocurrió en muchas islas de alrededor.

Los balleneros fueron los primeros occidentales que dieron aviso de la existencia de este territorio: primero el capitán George B. Woth en 1822, poniéndole su nombre a la isla, y seis años después, Daniel MacKenzie, sin tener ni idea del avistamiento de su colega, la rebautizó con otro nombre. Finalmente, en 1942 volvió a ser cartografiada y, pasando de los balleneros anteriores, se la nombró Howland, nombre con el que se ha quedado hasta el día de hoy.

Estos últimos olieron el negocio provocado por la fiebre del guano de la época, porque la caca de pájaro era muy cotizada como salitre para la pólvora y, sobre todo, abono, motivo por el cual salió la Ley estadounidense de las Islas del Guano, donde cualquier marinero podía tomar posesión de cualquier isla que se encontrase, siempre y cuando estuviera deshabitada y no fuese reclamada por otro país… Y por supuesto, fuese rica en guano. Así que Howland pasó a ser posesión de los Estados Unidos en 1856, y desde el año siguiente hasta 1878 los depósitos de guano fueron explotados por dos empresas que se odiaban a muerte por culpa de este producto.

En 1886 una empresa minera británica ocupó la isla durante cinco años, hasta que los americanos se enteraron y les echaron a patadas. Los ingleses, que quieren todo para ellos, seguían reclamando la isla, pero en 1936 se emitió una Orden Ejecutiva que le daba la soberanía a los Estados Unidos.

En 1935, a Estados Unidos le dio por querer colonizar sus islas del Pacífico, y mandó varios estudiantes a estos territorios con fines científicos y para ir creando una pequeña infraestructura. En la isla Howland fue un grupo rotativo de cuatro jóvenes y muchos suministros. Entre sus tareas estaba la creación de una pista aérea que facilitase en el futuro una ruta comercial entre Australia y California. El asentamiento creado se llamó Itascatown.

Les quedó precioso, pero no iba a durar mucho.

En 1941, en plena Segunda Guerra Mundial, llegaron los japoneses con las bombas calentitas (un día antes habían visitado Pearl Harbor) y se liaron a pepinazos, matando a dos de los cuatro colonos y destrozando la pista de aterrizaje. Y durante los días siguientes siguieron con los petardos sobre las ruinas. Evacuaron a los dos supervivientes y Estados Unidos volvió a tomar el control de la isla un año y medio después, pero se abandonó todo intento de colonización, y así sigue… Vacío.

ANECDOTARIO

Ya era hora de hablar de la vida de Amelia Earhart, una de las personas más fascinantes que han pisado la tierra. No me queda otra que resumir su vida al máximo, pero invito a buscar más información sobre ella.

Amelia nació en el verano de 1897 en Kansas, en una familia acomodada y recibiendo una educación importante, pero varias circunstancias no permiten que su infancia y juventud sean del todo agradables, como el alcoholismo de su padre, que medio-arruina a la familia. Ella buscaba algo motivador para su futuro, pero sus gustos se acercaban más a los considerados roles masculinos de la época.

A finales de 1920, Amelia voló en avión por primera vez en su visita a un aeródromo, y quedó fascinada, así que trabajó en todo lo posible para ahorrar y empezar sus clases de vuelo. Seis meses después no solo ya sabía volar, sino que se había comprado su propio biplano (avión pequeñito). La licencia de vuelo la consiguió en 1923, siendo la decimosexta mujer estadounidense en conseguirlo. En los años posteriores fue cogiendo experiencia y en 1928 la llamaron para cruzar el Atlántico en avión y sin escalas, pero iría como pasajera. Una vez realizado el viaje se convirtió en la primera mujer en hacerlo, y su fama se extendió, pero ella no estaba contenta, pues no veía ningún mérito por su parte en aquella hazaña.

Ahí la tienes… To feliz con su gorro de aviadora.

En los años posteriores siguió creciendo como piloto y acrecentando su fama. Se casó con su patrocinador, pero impuso unas condiciones de matrimonio muy poco usuales para la época, pidiendo libertad total y manteniendo su nombre de soltera. En 1932 decidió que ya era hora de quitarse la espinita que tenía y comenzó los preparativos para volver a cruzar el Atlántico, aunque esta vez lo haría sola. Ese mismo año consiguió ser la primera mujer en pilotar un avión sin escalas desde América hasta Europa, y la segunda persona en hacerlo en solitario. Todo el mundo quería hacerse una foto con Amelia Earhart.

Siguió batiendo récords por América del Norte, pero siempre quería más, y en 1936 decidió que sería la primera persona en dar la vuelta al mundo por la línea del ecuador en avión, así que se puso manos a la obra con los preparativos, y al año siguiente ya estaba lista junto a otros tres tripulantes que la acompañarían y un avión mucho más pro. Comenzaría en California y volaría hacia el oeste, siendo la primera etapa Oakland-Honolulu. Al llegar a Hawái advirtieron un error mecánico, y el Electra (así se llamaba el avión) fue llevado a reparar. Una vez arreglado se disponían a realizar la segunda etapa, Honolulu-Howland, pero el despegue falló y tuvieron que abandonar la empresa.

Esto desanimó a Amelia, pero no se rindió, y pocos meses después ya había conseguido los fondos suficientes para volver a intentarlo. Esta vez solo le acompañaría el segundo navegante, y volarían hacia el este, pues los vientos habían cambiado. El 1 de junio de 1937 salieron de Miami y recorrieron el mundo pasando por el Caribe, Brasil, África central, India, el Sudeste Asiático, Australia, etc. El 29 de junio llegaron a Lae, en Nueva Guinea, ya solo les quedaban 3 etapas, pero las más peligrosas, pues consistían en atravesar todo el océano Pacífico.

Salieron de Lae tres días después, con buena provisión de combustible y con destino a la isla Howland. Esa fue la última vez que se les vio, aunque no la última vez que se les escuchó… Cerca de la isla había un barco con la intención de comunicarse con Amelia y guiarla hacia la isla, pero todas las comunicaciones por radio fallaron, pues el barco podía escuchar a la piloto, pero no al revés. En los últimos registros recogidos por radio se escucha a Amelia decir que debían estar volando sobre Howland, pero que no lo veían, y el combustible se les estaba agotando. Nunca más se supo de Amelia Earhart y su acompañante. Hubo muchas búsquedas, pero no dejaron ni rastro. La isla Howland se quedó sin conocer a la mujer más famosa de aquella época en Estados Unidos.

El piloto Brian Lloyd homenajeó en 2017 a Amelia Earhart por el 80 aniversario de su desaparición, realizando el mismo recorrido.

CÓMO LLEGAR

La pista de aterrizaje construida en 1937 para que Amelia pudiese aterrizar fue destruida por los japoneses, como bien dije antes, y nunca más fue reparada. Tampoco hay puertos, pues los arrecifes de alrededor ya han causado algún que otro accidente, así que el único punto de llegada es un pequeño embarcadero en la costa oeste de la isla.

Se supone que para ir tienes que pedir un permiso de los Estados Unidos que solo suelen conceder si tu visita es por motivos científicos, pero claro, nadie va a estar en la isla para denegarte la entrada. Eso sí, si vas con tu canoa, cuidado con los arrecifes, que naufragas y te vas al fondo del mar con Amelia Earhart y con Bob Esponja. Si prefieres la legalidad tendrás que solicitar el permiso, y si te lo conceden, lo suyo es que aproveches el viaje del barquito que sale de Honolulu cada dos años, que tarda ocho días en llegar.

¿QUÉ HAY POR AHÍ?

Bueno, se trata efectivamente de una isla desierta donde podemos enloquecer claramente si permanecemos allí más de dos días, pero si los investigadores pagan una fortuna por ir será porque algo debe tener.

Un cartel te indica que esa isla es un Refugio Nacional de Vida Silvestre desde 1974, y, por si fuera poco, en 2009 también es considerado Monumento Nacional Marino de las Islas Remotas del Pacífico. Curiosamente, aquí pasó igual que en el capítulo ese de los Simpson, donde para erradicar a una especie invasora se introduce otra… Pues eso, desde el siglo XIX había ratas, y metieron a los gatos, los cuales hubo que exterminar también, porque estaban acabando con las aves migratorias.

Cartelito y medio faro al fondo.

Quizá lo más impactante son las ruinas que dejaron los japoneses con sus petardos, como el Faro de Earhart (llamado así por… bueno, ya sabéis por qué), que, aunque fue reconstruido a principios de los años sesenta, ahora está abandonado y se cae a cachos. También hay ruinas de lo que se llamó una vez Itascatown, y algún resto de avión caído.

REFERENCIAS

¡Ale! Fin de la historia. Leí hace tiempo sobre la vida de esta mujer, que me parece flipante, y siempre tuve en la cabeza añadir Howland a la lista de Islas Fantásticas para poder hablar de Amelia, así que ya me puedo morir tranquilo. Nos vemos prontito por estas mismas coordenadas. ¡Un saludo, navegantes!

3 comentarios en “Howland

  1. Que buen vinculo entre Amelia y las Howland, no tenía idea de que era allí donde tenía que recalar. Te digo algo, entre ratas, gatos, guano de las aves, dudo que alguien pueda enloquecer. Como siempre descubriéndonos las islas más curiosas del planeta dónde yo ahora si me perdería un rato. Un abrazo David y pasa muy buena semana 😘😘

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